Paulo
Leminski é um daqueles autores que estabelecem um divisor de águas.
Com uma vida breve e intensa (morreu aos 44 anos, em 1989) revirou a poesia
e a prosa brasileira do final do século XX.
Suas narrativas “O Catatau” e “Agora é que são
elas” são curiosos espaços criativos de liberdade.
Em Catatau, Leminski narra numa prosa vertiginosa a suposta chegada de
Descartes aos trópicos. Em contato com o calor, as drogas alucinógenas
indígenas e a bagunça do modo de ver o mundo americano,
seu “penso, logo existo” se esboroa. Em Agora é que
são elas, há um personagem em conflito, pois não
consegue se enquadrar em nenhuma das funções da narrativa
de Vladimir Propp. O teórico russo, criador da “Morfologia
do Conto”, também está na história, sendo um
psicanalista que analisa o personagem em conflito. A filha de Propp é
a namorada do personagem e se chama Norma. O livro tem 31 capítulos,
o mesmo número das funções da narrativa da teoria
de Propp, e vai subvertendo todas as ações previstas no
manual.
Na poesia, a atuação de Leminski foi ainda mais marcante.
Numa síntese entre os ensinamentos da poesia concreta, a contracultura
e o trotskismo, Leminski cria um verso rápido, preciso, inspirado
e muito inteligente. Tem o porte criativo dos grandes criadores modernistas
como Carlos Drummond de Andrade, Manuel Bandeira, João Cabral de
Mello Neto. Seus principais livros de poesia se chamam “Caprichos
e Relaxos”, “Distraídos Venceremos” e “La
Vie en Close”.
Vai a seguir um dos seus excelentes poemas.
O que passou, passou?
Antigamente, se morria.
1907, digamos, aquilo sim
é que era morrer.
Morria gente todo dia,
e morri com muito prazer,
que todo mundo sabia
que o Juízo, afinal, viria,
e todo mundo ia renascer.
Morria-se praticamente de tudo.
De doença, de parto, de tosse.
E ainda se morria de amor,
como se amar morte fosse.
Pra morrer, bastava um susto,
um lenço ao vento, um suspiro e pronto,
lá se ia o defunto
para a terra dos pés juntos.
Dia de anos, casamento, batizado,
morrer era um tipo de festa,
uma das coisas da vida,
como ser ou não ser convidado.
O escândalo era de praxe.
Mas os danos eram pequenos.
Descansou. Partiu. Deus o tenha.
Sempre alguém tinha uma frase
que deixava tudo mais ou menos.
Tinha coisas que matavam na certa.
Pepino com leite, vento encanado,
praga de velha e amor mal-curado.
Tinha coisas que tem que morrer,
tinha coisas que tem que matar.
A honra, a terra e o sangue
mandou muita gente praquele lugar.
Que mais podia um velho fazer,
nos idos de 1916,
a não ser pegar pneumonia,
deixar tudo para os filhos
e virar fotografia?
Ninguém vivia para sempre.
Afinal, a vida é um upa.
Não deu pra ir mais além.
Mas ninguém tem culpa.
Quem mandou não ser devoto
de Santo Inácio de Acapulco,
Menino Jesus de Praga?
O diabo anda solto.
Aqui se faz, aqui se paga.
Almoçou e fez a barba,
tomou banho e foi ao vento.
Não tem o que reclamar.
Vamos ao testamento.
Hoje, a morte está difícil.
Tem recursos, tem asilos, tem remédios.
Agora, a morte tem limites.
E, em caso de necessidade,
a ciência da eternidade
inventou a criônica.
Hoje, sim, pessoal, a vida é crônica.
(Extraído do livro “Os melhores poemas
de Paulo Leminski”, seleção de Fred Góes
e Álvaro Martins, Global Editora, São Paulo, 2006).
Un poeta que será novedad
todavía por mucho tiempo
|
Paulo Leminski es uno de esos autores que establecen
un antes y un después. Con una vida breve e intensa (murió
a los 44 años, en 1989) dio un giro a la poesía y a la
prosa brasilera del final del siglo XX.
Sus narrativas “O Catatau” y “Agora é que são
elas” son curiosos espacios creativos de libertad. En O Catatau,
Leminski narra en una prosa vertiginosa la llegada de Descartes a los
trópicos. Entre el contacto con el calor, las drogas alucinógenas
de los nativos y la cosmovisión de los americanos, su “pienso,
luego existo” se desborda. En Agora é que são elas
hay un personaje en conflicto que no consigue encuadrar en ninguna de
las funciones de la narrativa del teórico ruso Vladimr Propp,
que también aparece en la historia. Creador de la Morfología
del cuento, Propp psicoanaliza a este personaje. A su vez, este último
es novio de su hija. El libro consta de 31 capítulos (el mismo
número de las funciones de la narrativa de la teoría de
Propp) e introduce todas las acciones previstas en el manual.
En poesía, la actuación de Leminski fue todavía
más notable. En una síntesis de las enseñanzas
de la poesía concreta, la contracultura y el trotskismo, Leminski
crea un verso rápido, preciso, inspirado e inteligente. Tiene
el perfil creativo de los grandes creadores modernistas como Carlos
Drummond de Andrade, Manuel Bandeira, João Cabral de Mello.
Sus principales libros de poesía son “Caprichos
e Relaxos”, “Distraídos Venceremos” y “La
Vie en Close”.
A continuación, O que passou, ¿passou?
Lo que pasó, ¿pasó?
Antiguamente, la gente moría.
En 1907, digamos que aquello sí
era morirse.
Moría gente todo el tiempo
y yo morí de placer
de que todo el mundo supiera
que el Juicio, por fin, vendría
para que renaciéramos.
Se moría practicamente de todo.
Por enfermedad, por parto, de tos.
Y todavía se moría de amor,
como si amar fuera la muerte.
Para morir, bastaba un susto,
el pañuelo al viento, un suspiro y listo:
allá se iba el difunto
a la tierra de los pies juntos*
Cumpleaños, casamiento o bautismo,
morir era una fiesta más,
sólo otra cosa en la vida
como ser o no ser invitado.
El escándalo era costumbre
pero los daños eran menores.
Descansó. Partió. Dios lo guarde.
Siempre alguien tenía una frase
para dejarlo todo más o menos.
Había cosas que mataban seguro.
Pepino com leche**, viento frío,
mal de ojo y mal de amores.
Había cosas para morir,
había cosas para matar.
El honor, la tierra y la sangre
mandaron mucha gente para aquel lugar.
¿Qué más podía hacer un viejo
allá en 1916
que no fuera agarrarse neumonía
dejar todo para los hijos
y que den vuelta su retrato?
Nadie vivía para siempre.
Al final, la vida es un salto.
No alcanza para ir más allá.
Pero nadie tiene la culpa.
¿Quién mandó no ser devoto
de San Ignacio de Acapulco,
el Niño Jesús de Praga?
El diablo anda suelto.
Aquí se hace, aquí se paga.
Él almorzó y se arregló la barba,
tomó un baño y se echó al viento.
No hay qué reclamar.
Fuimos al entierro.
Pero hoy, la muerte está difícil.
Hay recursos, hay asilos, hay curas (remedios).
Ahora, la muerte tiene límites.
Y, en caso de necesidad,
la ciencia de lo eterno
inventó la criónica.
Hoy, sí, la vida es para siempre.
*la tierra de los pies juntos, el más allá.
**pepino con leche, equivale al mito argentino sobre la ingesta de sandía
con vino.
“Lo que pasó, ¿pasó?” pertenece al
libro “Los mejores poemas de Paulo Leminski” selección
de Fred Góes Álvaro Martins, Global Editora, San Pablo,
2006.
Traducción: Laura Dodyk
ldodyk@revistalamasmedula.com.ar
foto gentileza Ricardo Silvestrin