Seis poemas. Un agua que se desliza invisible como
el tiempo por la ciudad que no se nombra. El tiempo y la historia, con
mayúsculas y sin, la biografía personal y la de un pueblo.
De frente o lateralmente, como un murmullo, la anécdota se desliza,
la poesía se desliza y baja por Rocamora, de Alejo Carbonell
(Ediciones Recovecos, Córdoba, 2008).
Como dice Damián Ríos, todo empieza y todo muere en ese
Aleph que es la Terminal de Ómnibus, “lugar que desde la
adolescencia se viene mirando con cierta inquietud”. Allí
Rocamora, la calle (como el poema, como el libro), nos introduce en
un paisaje con héroes, música y aguas. Las épicas
y la política, los oficios y los divertimentos, son algunos de
los materiales que se suman en la construcción y sirven de pilares
al diseño exacto del libro, aldea y cosmos. Canto del bicicletero
y el acordeonista, del jardinero y el colectivero, todos enmarcados
por un Paraná más del barro que del mito.
Es en esta orilla más cierta de la palabra que las comparaciones,
las metáforas, tienen una densidad única: “la cortina
bordó / como nosotros / más oscura por dentro”,
“mi madre es un libro / mi padre es un libro / juntos son un almuerzo
/ o las vacaciones en tanti”, “groseras / como hojas de
gomero”.
La originalidad se traduce, bajando por Rocamora hacia el puerto, en
una luz nueva sobre la lengua y las cosas. Así, la suma de adjetivos
hace de un recurso mal visto un hallazgo melódico y formal: “impecable
blanco frigorífico”, “correcto realista remisero
/ que construye / un eterno exquisito cadáver”, “delicado
trágico tejido”.
La vuelta trae nombres, los de la familia (mamá, papá)
y los amigos (Ríos, Huguito, el Camboyano, Tejerina), pero también
de los hombres de la cultura (Calveyra, Villafañe, el mismo Ríos
o Tejerina) y de la política (Urquiza, López Jordán,
Rocamora). De política: la gesta ácrata de los panaderos,
el descalabro menemista, la supervivencia en los años de plomo.
De política: los usos y lecturas de la historia, las discusiones
sobre política cultural, la relación periferia –
centro.
Vías, bicicletas, remises, colectivos. Los sicus en el calor,
en la siesta, entre el tango y el chamamé. Un fuelle, las sidras
económicas, una biblioteca y un pelotero, tres bares, el chico
con caballo y carro. Todo esto (más) es el periplo.
Acidez y una porción de gravedad, como la palabra compuesta que
nombra al libro, en la coherencia de la poesía de Alejo Carbonell.
Boomerang tejerían
Me gusta ir a la bicicletería de breppe
quedarme oliendo el taller
parado en el único rincón posible
y hablar con la tonada floja
sabiéndolo litoraleño
zumban
las gomas nuevas de los frenos
y zumban
las cadenas engrasadas.
En esa foto en blanco y negro
breppe podría ser un jockey
un poco inclinado el esqueleto de metal
la mano izquierda canchera
en medio del manubrio.
“Y si no preguntale a los afiladores
que va a pasar el día que yo cierre”
un sicus made in China
como banda de sonido
de un delicado trágico tejido.
Tengo amigos que andan
en bicicleta por el mundo
y discuten la teoría de los dos demonios
con del barco
menuda tarea
la de pedalear subiendo hacia Bolivia
y en el descenso, frenar ante el barranco.
Los atiende amorosamente breppe:
al que fabrica boomerangs
se los recibe a cuenta
los pone en la vidriera
y antes que la tierra cubra los motivos
de colores que decoran la madera
los compra una viuda de la SADE
para ornamentar la quinta de su patio.
Nadie lo sabe
lo cuenta el jardinero
que no escribe
pero se junta a fumar con los poetas.
El humor cordobés
El humor es como las amenazas
el colectivo corta los frenos
en una esquina céntrica
y chau
el mecánico come fideos
sin sacarse la ropa de trabajo
y mira las noticias con su esposa:
a ese lo revisé
ayer a la mañana.
Los nenes se paran
delante del televisor
una mujer tendida
que parece de goma
contrasta con el fondo de líneas blancas
de la senda peatonal
es una toma en picado
y el círculo que hacen los curiosos
completa lo que podría ser
una publicidad del España Córdoba.
El humor es como las amenazas
para que funcione
es necesaria
una correlación de fuerzas favorable.
El campo
El aire es el campo
donde se mueven las palabras
no ya por el viento
sino por pericia propia
algunas llegan lejos
oportunistas livianas
otras caen
groseras
como hojas de gomero.
Hay quienes creen
que la rama está inclinada
porque el viento del oeste llega
hasta el gran puerto del mercado literario
más la reverencia es una cosa cara
de la que no se vuelve
sin otra agachada.
Prefiero al ex veterinario pueblerino
devenido en correcto realista remisero
que construye
un eterno exquisito cadáver
con cambios de clima
de gobierno
y otras consultas
del reino animal
con los pasajeros.
Alejo Carbonell nació en 1972 en Concepción
del Uruguay, Entre Ríos, República Argentina. Publicó
“No nada nunca en” 1995, “Hache o cruz” en 2004
y “Pescados”, Premio Luis de Tejeda 2007.