Tijuana queda al norte, muy al norte de México,
pegada a los Estados Unidos, dicen que en esa ciudad las historias van
y vienen de un país a otro, de un idioma a otro, de un odio a
otro; que todo sucede en el vértigo, así nomás,
tan en lo cotidiano que, de pronto, la frontera se desdibuja entre la
razón y la locura.
Tijuana pertenece más al terreno de lo imaginario que de lo real,
tiene muchos rostros y tiene muchas voces y en sus voces habitan los
tonos del amor y de la muerte, del dolor y de la vida, de la tristeza
y del eco –apenas- de una leve risa.
Hoy el noticiero habló de Tijuana, anunció su desesperanza,
nada nuevo. Esa ciudad se parece mucho al mundo, ¿a dónde
quiere llegar rodando tan oscuro? Bien a bien, quién lo sabe.
Todos tratamos de destejer la urdimbre del secreto, cada uno a su manera,
pero en la prisa escanciamos el alma en los desiertos y ni en cuenta.
Hace días buscaba yo un poeta de quien hablar para este artículo,
leí mucho pero no di con nada, alguien me habló de un
escritor llamado Heriberto Yépez, lo leí:
De Contrapoemas
un golpe seco
–como el de un gato
planchado por el tráfico.
“UN VAGO SE TIRÓ DE UN PUENTE” y falló.
Nadie lo vio embarrado en el pavimento
debajo del Puente Constitución.
Nadie
vio al bulto
–excepto un perro sarnoso que huyó
despavorido–
ni la madrugada telefoneó
a ninguna de sus ambulancias.
El magullado se arrastró solo
por la escalera
mordiéndose
los dedos para no gritar
no el dolor del alma, pues no tiene
alma, sino
la desaparición de sus huesos
(cada uno de ellos no tiene una, sino
varias pulverizaciones).
El hombre tardó treinta minutos en arrastrarse
de nuevo
arriba del puente.
Cuando se aventó por segunda vez
esta vez murió
APLASTADO
por un trailer
que no lo vio
debajo del Puente Constitución
Vaya dolor, vaya manera de no querer seguir aquí, ¿por
qué? ¿Por qué se tiró el vago? y se tiró
dos veces, no puede haber duda: le urgía morir. Por lo demás,
a nadie importó, hasta ahora nadie lo ha comentado, ni en la
oficina, ni en la calle, ¿será porque ni alma tenía?
¿Yo tendré alma?
¿Qué verá Heriberto en las calles de su natal Tijuana?
¿Qué lo moverá a plasmar el dolor de manera tan
lenta y cándida? Nadie se arrastra treinta minutos con el esqueleto
despedazado, a no ser que haya que salvar el pellejo.
De Contrapoemas
Después de atrapar al ilegal
lo metieron a un lugar
donde no le dieron agua
en un día y medio
temiendo que alguno
de sus compañeros hacinados
quisiera golpearlo para
confiscarle
los miados
no le dieron agua
en dos días
no le dieron agua
. . . .
“no te preocupes
muy peores desiertos he visto”
Así de simple, así de terrible puede
ser la sed (la sed de todo lo que no se tiene). Puede erigirse ante
nosotros como un roble siniestro y confiscarnos el habla.
Ser ilegal en el planeta tierra. Ser ilegal ante
Dios. Ser ciudadano del desierto.
Nacionalidad: Desierta (sin derecho a tomar agua)
De dónde nos vendrá todo esto,
de dónde tanta ilegalidad en la existencia.
De Contrapoemas
(fragmento)
…
¡Aquí
no había nada
de nada, pero
nada, lo que
se dice
nada!
hasta que llegamos
nosotros
trajimos a este valle liso de Mexicali
todas las cosas
furgones de la Southern-Pacific
mano de obra mestiza, oriental y barata
ingenieros norteamericanos
cantinas y expendios
de licor, inversiones
de seis cifras
emisión de bonos
presas
equipo
pero también muchas
plantas
despepitadoras
hay de todo
todo
¡lo que se dice
todo!
Burdeles, compra-ventas
y mercancías,
gambusinos,
tuberías,
vías
¡ninguna
nutria!
Así es Tijuana, igual que la vida. Igual
que el alma: llena de tuberías, de burdeles, de viejas mercancías,
de licores, de mano de obra barata, de nada, lo que se dice nada.
La escritura de Heriberto Yépez atrae por su desnudez y su actualidad
descarnada. Pensar en las ciudades como la contraparte de los individuos
pareciera una aventura peligrosa, pero exquisitamente atractiva. Ser
Tijuana, ser México, ser el mundo, derrumbarse, calle a calle
(con todo y prostitutas), tirarse del Puente Constitución.
Heriberto Yépez nació en Tijuana, Baja California, México,
en el año de 1974. Ha publicado tanto novela como ensayo y poesía.
En sus obras más recientes están Tijuanologías
y el libro visual en edición bilingüe Here is Tijuana /
Aquí es Tijuana.