INTRODUCCIÓN
El otro oriental, para el occidental,
no es más que una idea, un concepto, y no un humano”
Mois Benarroch
Luego de este mes, mes y medio, sangriento y desgraciado, hoy se habla
de la posibilidad de que Egipto, como mediador, logre un acuerdo de
cese de fuego a largo plazo entre Israel y la organización Hamas,
que controla la franja de Gaza.
La situación da para todo, cualquier cosa puede suceder, cualquier
escenario es posible, pero algo sí está claro: la opinión
pública es cada vez más escéptica y de derecha.
No voy a escribir la crónica periódica de los desastres,
no creo que sirva ahora, más que para suscitar reacciones pablovianas:
¡qué terrible-qué bárbaro,-criminales-asesinos-terroristas-usurpadores-judíos
de- árabes de-fascistas-fanáticos-traidores-mártires.
Y luego, nada. No sucede nada. Nadia hace nada, porque a nadie le importa
nada, ni los palestinos, ni los judíos, a favor o en contra de
cualquiera: la saturación de información ha hecho lo suyo
y neutralizó el conflicto, que, como tantos otros, se desangra
dentro de su cápsula.
¿Qué gente vive en este país, del que tanto se
habla, del que tanto se cuentan los palestinos que mata, y los propios
que a su vez son matados por los palestinos?
Pensé que una forma de intentar dar a entender lo que sucede
aquí, y tratar de entender yo mismo, es escuchar a los israelíes.
Opté, entonces, por una serie de entrevistas a —por ahora—
artistas, escritores, músicos, y otros, relacionados de alguna
u otra manera, con esta zona, que es en donde yo me muevo.
Gente que, por alguna u otra razón, no ocupa el centro de la
escena. Nativos o veteranos valiosos, que actúan en el margen,
por voluntad propia, o a su pesar.
Esta serie da comienzo ahora, con la entrevista al poeta y novelista
Mois Benarroch.
Ya está.
Se largó.
Es lo mejor que puedo hacer ahora.
Mois Benarroch nació en Tetuán, Marruecos,
en 1959. Vive y escribe en Jerusalén. Lo conocí hace ocho
o nueve años, luego de haber leído poemas suyos en una
revista de la Universidad Nacional de Chile. De hecho, pensé
que se trataba de un poeta chileno; luego, tras buscar su teléfono
y llamarlo, me sacó del error. Según difiera el punto
de vista, hablamos de un poeta y novelista israelí, o marroquí,
o magrebí y, aún, español, y a todos estas aproximaciones
tiene derecho. A los 19 años comenzó a escribir poesía
en hebreo, su lengua adoptiva, luego de haber escrito sus primeros poemas
en inglés. Mucho más tarde, luego de editar en España
“Esquina en Tetuán” -poemas escritos en castellano-
y una traducción del hebreo de la novela “Lucena”,
se animó, por fin, a escribir una novela en lengua materna, “En
las puertas de Tánger”, que acaba de publicar la editorial
española Destino.
Fuerte crítico de la sociedad israelí, de su cultura y,
en especial, de su literatura. La calidad de su obra es reconocida por
figuras como los poetas Natan Zaj o Yitzak Lahor. Se ha escrito y hablado
sobre él en los principales medios de Israel, y alguien lo ha
calificado como “el Bukowski israelí” (a propósito,
Benarroch tradujo más de cien poemas del autor norteamericano).
Pero sus libros no circulan en Israel, y Mois se siente invisible en
este país.
Sobre mucho más que estos temas, Mois Benarroch habla, fuerte
y en extenso, en esta entrevista, que realizamos por correo electrónico,
cada uno, desde su casa (la mía es en Bat-Yam, vecina a Tel-Aviv).]
ENTREVISTA
-Mois, toda tu obra, tanto la escrita en hebreo como en castellano,
se puede leer como un corpus descompuesto en fragmentos, cada uno de
los cuales, ya sea en forma de poema, relato o novela, tiene asignado
la misión de contar, desde ángulos diferentes, pero con
recurrencia, lo mismo: la ida y vuelta desde el origen, Tetuán,
hasta el destino no elegido, Israel de una identidad que se escapa:
cuando querés agarrarla en Tel Aviv, ya se te fue para Tánger,
y cuando te apurás para interceptarla en Marruecos, seguro voló
para Madrid. En ese juego están Mois-Moshe-Mois, por un lado,
y España-Tetuán-Israel, por el otro. ¿Es así?
¿Qué pasa con esa identidad?¿Qué le sucede?
¿En qué planos se mueve?
-Llegué a Israel en 1972, a los trece años, y en diez
años, hasta 1982, hice tres largos viajes a Madrid, donde estaba
mi familia y muchos de mis amigos de infancia. Después dejé
de viajar a España hasta 1999, 17 años. Desde entonces
fui ya cinco o seis veces a España. Ese lapso de diecisiete años
era un intento (o por lo menos ahora me doy cuenta de eso) de dejar
de compararme con mí mismo, con mis vidas paralelas. Desde que
nací viví en un ambiente esquizofrénico de inmigrante.
Era evidente que mi familia estaba durante toda mi infancia preparándose
para emigrar, pero no se sabía adonde. A veces se hablaba de
Francia, Venezuela, España, Canadá, y, claro, Israel.
Pero vino la literatura y empezó a meterme con todos esos personajes
que fui y que no fui a la vez. El Mois que se quedó en Tetuán,
en Marruecos, el que se fue a Madrid, o a Canaria, el que se fue a Estrasburgo,
el que se fue a Caracas, o a Montreal, todos esos personajes empezaron
a salir en mis libros, y no tuve más remedio que dejarlos hablar,
porque si no era yo el que me iba a ahogar. De esos años de búsqueda,
entre el 1994 y hasta hoy, escribí las novelas “Llaves
de Tetuán” que no ha sido publicada en castellano, “Lucena”
que fue publicada en 2005 (lf ediciones), y la última “En
Las puertas de Tánger” que acaba de salir en la editorial
Destino. En ese viaje, que no solo fue literario, cambie de lengua y
me pasé a escribir en castellano, fui volviendo a Madrid y a
España, y también volví por primera vez a Tetuán,
y me cambie, o más bien me descambie, de nombre, y de Moshe volví
a ser Mois. Mi identidad ahora incluye muchos más parámetros,
y muchos más grupos y geografías y creo que en ese proceso
me he vuelto más rico y que mi literatura ha ganado mucho con
todo esto. Aunque mi cuenta de banco esté peor.
-Pero en “En las puertas de Tánger”, llevás
el tratamiento de esa multiplicidad a un paroxismo paródico.
Construís, con cada alter-ego, con cada variable, una comedia
de estereotipos: el antagonosmo sefaradí-ashkenazí, él
médico alópatico-homeópático,el escritor
(frustrado, no frustrado), el sionista, el antisionista, la pareja que
hace el amor: todos hablan como la caricatura de sì mismos. ¿Creés
que esta vuelta de tuerca que le diste a estos temas, que son tus obsesiones
—precisamente en este libro. que es tu desembarco en España,
de manos de una editorial importante— implica un quiebre con respecto
a tu obra anterior? ¿Con respecto a tu idea de la identidad?
-Lo primero que me gustaría decir sobre “En las puertas
de Tánger”, es que me divertí bastante escribiendo
esta novela y es una de esas novelas que casi se escribió por
sí misma. La escribí en un tiempo record de 11 días.
Bueno, no exactamente, porque la llevaba en mí ya un año,
y la trabajé desde un folio en el que ya estaban todos los personajes
y todos los viajes y las vueltas y revueltas de cada uno. Lo que tú
llamas caricatura creo que es una forma de ver la vida muy magrebí
que consiste en siempre ver lo que haces y verte al mismo desde afuera
y reírte de todo. Eso parece poco serio para el israelí,
después del lavado de cerebro occidental que ha pasado en el
que uno debe siempre hacer las cosas en serio. Es también una
defensa ante la realidad. Creo que con “En las puertas de Tánger”,
se acaba un ciclo y un proceso importante de mi vida, y creo que gracias
a ese proceso asumo mejor mi identidad, o más bien dicho: mis
identidades. Yo creo que la palabra identidad es un poco dictatorial,
ser idéntico, ser identificable. Me gusta más la noción
de pertenencia, de pertenecer, uno puede pertenecer a varios grupos
y a varias identidades y el grado de pertenencia también puede
cambiar. Tú puedes ser un día argentino, el otro israelí,
otro judío y otras tantas cosas. Puedes sentirte el día
de un atentado más judío y menos argentino, al igual que
cuando pasa algo que te toca en Argentina te puedes sentir más
argentino. Y creo que el siglo veinte ha dejado a muchísima gente
en una situación de inmigrantes e hijos de inmigrantes, en la
que las definiciones de identidad no pueden definirlos.
Lo de las obsesiones, sí que son obsesiones y soy de la escuela
de Sábato en la que uno tiene que escribir sus obsesiones, porque
lo demás es estética o escribir bien o mejor, pero no
escribirse a si mismo. Las obsesiones, por otro lado, nunca se acaban,
siguen viviendo y visten trajes nuevos, cambian y siguen iguales. Con
eso te digo que no veo la novela como una comedia, y menos de estereotipos,
tal vez una tragicomedia, pero ni eso. Hay humor en el libro y espero
que el lector lo perciba, pero no es una novela de humor, creo que más
que nada es una descripción de la realidad marroquí a
través del siglo veinte, y al final del siglo veinte.
-Tu respuesta me lleva a dos preguntas, Mois: vos hablás
del lavado de cerebro occidental que sufrió Israel. Pero es,
justamente desde una perspectiva occidental, que el humor se lee como
paradoja que potencia una manifestación “seria”,
en literatura, en el arte. Entonces, a Israel, al Israel que te lee,
le sucede algo más: ¿cuál es el problema de israelí?,
¿quién es el israelí? Y, luego, ¿qué
es el marroquí?, ¿en donde está tu Marruecos?,
¿qué Magreb te entiende?, ¿adónde queda?
En tu novela, Tetuán, Tanger, sus olores, son lugares que residen
más en la memoria que en el mundo tangible. O en la memoria de
la lengua. Si querés, también hablame de tu lengua materna
puesta en acto, ahora que escribiste en castellano para España.
-Un cerebro occidental me parece una noción exagerada. El primer
problema con mi encuentro con la sociedad israelí es la forma
en la que me define, y eso sin preguntarme. No veo en qué el
marroquí no es occidental, y menos el marroquí de Tetuán,
pero sin entrar en muchos detalles, el judío urbano marroquí
es occidental y piensa de forma occidental. Lo que no es euro céntrico,
no puede serlo. Por eso el lector israelí no puede entenderme,
porque su noción de identidad es la del nuevo judío sionista,
de un judío sionista que rechaza y anula la diáspora,
y toda su riqueza, cultura y complejidad. Lo que existe de la diáspora
es sólo lo que justifica el estado sionista, lo otro es deplorable
e inútil. Bueno, el marroquí es muchas cosas, y muy contradictorias.
Estoy leyendo una antología muy interesante que acaba de salir
en Inglaterra que se titula “If Salt Has Memory” y allí
el escritor Andre Aciman que nació en Alejandría, cuenta
como vivía en Egipto a Paris, a Europa, y como al llegar a Europa
siguió viviendo su Alejandría. Mi Marruecos esta finalmente
en lo que escribo, porque mi Marruecos sin judíos, mi Tetuán
limpia de judíos, ya no es mi Marruecos, ni puede serlo.
El judaísmo marroquí era un judaísmo comunitario,
y existía en dependencia de la existencia de su comunidad, lo
que quiere decir que sin comunidad es algo que ya no existe. Este judaísmo
no es un judaísmo de ideas, es un judaísmo de vida diaria
que se crea cada día. Ese dejó de existir, lo que existe
ahora es un judaísmo en exilio. Volví a escribir en castellano
en 1997, en Paris. Desde entonces no he vuelto a Paris, a pesar de que
antes viajaba a Paris muy a menudo y en cada oportunidad, cuando podía.
Me gustaba la soledad de Paris y ella me devolvió mi lengua.
Desde entonces he publicado en España un poemario y dos novelas
que han sido bien recibidas.
Yo en España, me siento muy bien, bueno, hasta que empieza alguien
a hablar de Israel y sobre todo hasta que tengo que oír frases
como “Estáis perdiendo el derecho de existir”, me
siento bien en la vida diaria, en las tapas y en el encuentro diario
con el otro. Eso no me hace dejar de ver que España sigue siendo
un país muy antisemita, y a veces hasta los que se ocupan de
cultura sefardí tienen ideas muy antisemitas del judío.
Creo que sobre todo, el paisaje geográfico de mis libros incluye
sitios que son conocidos por el lector español, ya sea Tánger
o Tetuán, para el israelí son algo que existe detrás
del monte del fin del mundo, o sea que no existe en el mapa del israelí.
En la presentación de “En las puertas de Tánger”,
el escritor marroquí Abdelkader Chaui y el periodista Javier
Valenzuela se disputaron si mi novela era una novela marroquí
o española, y Valenzuela llegó a decir que hasta es una
novela andaluza. Tetuán es un pueblo andaluz, en todo lo que
se puede definir como andaluz.
Y me siento muy bien publicando en España, en una época
que creo que es de las mejores para la novela española, yo diría
que hasta una época de oro. No sólo los más conocidos
como Almudena Grandes y Javier Marías han publicado muy buenas
novelas en el siglo XXI, sino que autores menos famosos como Ramiro
Pinilla, con La Higuera, e Hidalgo Bayal con “Paradoja del interventor”
han publicado fabulosas novelas. Podría citar a muchísimos
más novelistas, como Esther Bendahan, Adolfo García Ortega,
pero vamos a pararnos aquí. Lo que más leo en estos últimos
años es narrativa española y me parece genial.
-Vuelvo sobre una pregunta: ¿cómo te sentís
escribiendo en castellano, ya metido de cabeza en el idioma?, ¿qué
diferencias notás entre tu capacidad expresiva en esta lengua
y el hebreo?
-Me siento bien, aunque ahora cada vez que voy a escribir algo tengo
que pararme a pensar en qué idioma escribo. No fue un proceso
fácil, ni tampoco lo recomiendo a nadie. Creo que todo empezó
cuando leí una entrevista con Tahar Ben Jelloun en la que le
preguntaban por qué no escribía en árabe, y dijo
“La quéstion est resolue”, o sea, el problema está
ya resuelto, o sellado, porque uno toma una decisión y la sigue.
Y puedo recordar que físicamente sentí que mi cuerpo se
revelaba contra esa resolución y ese sello, y dije que no, que
la cuestión de mis lenguas no estaba resuelta. Ahora, aunque
parece evidente, mi español, a pesar de ser mi lengua materna
es un español de calles y de casa. En Tetuán, en la Alliance
Francaise, como buen instituto colonialista francés se enseñaba
todo menos el castellano. Todas las clases se daban en francés.
Aprendíamos muchas lenguas, habían clases de inglés,
árabe, hebreo, pero no de castellano. A pesar de que todos los
alumnos y casi todos los profesores hablaban castellano en el recreo,
todos chillábamos en castellano. Así que era la lengua
de casa, la lengua de la calle, la lengua de los amigos, pero no la
lengua de la sintaxis y de la gramática.
Hasta hoy sé mucho más de gramática hebrea y francesa.
y hasta inglesa, que de gramática española. Todo eso tuve
que aprender por mi cuenta en estos últimos años y hasta
ahora me siento inseguro de mi castellano. He terminado hace unos días
una novela enorme, la mas larga que he escrito, casi 500 páginas,
y que sólo existe en versión española. Se llama
“Amor y Exilio”, y casi tengo terminada una novela corta
que se titula “El expulsado”, así que se puede decir
que casi todo lo que he escrito en los últimos años en
prosa lo he escrito en castellano. Escribí una novela corta en
hebreo “El argentino” el año pasado pero en esa novela
hay una discusión del narrador con su lengua y escribe en hebreo
para escaparse del castellano. Tal vez era eso lo que me pasaba a mí
hasta hace unos años. En poesía he escrito más
en hebreo que en español en los últimos dos años,
pero no he escrito mucha poesía. De lo que va de la trilogía
(o más bien el tríptico) publicada, “Llaves de Tetuán”
la escribí en hebreo, “Lucena” empecé a escribirla
en castellano y me pasé al hebreo y al final la versión
que se publicó en español es una traducción del
hebreo (De Roser Lluch Oms).
Y “En las puertas de Tánger” la escribí en
hebreo y después escribí la versión española,
que es diferente de la versión hebrea, es un poco complicado
describir en una lengua cómo los personajes hablan en otra, y
creo que finalmente sólo en español muchas cosas de esta
novela toman sentido. Si alguien la traduce a otro idioma prefiero que
lo haga desde la versión española. Para terminar de responder
a tu pregunta, creo que hoy por hoy me expreso igual en español
que en hebreo, una mejor técnica del hebreo se ve compensada
con una sensibilidad más profunda del español. No me planteo
cómo esto se desarrollará en el futuro, tal vez cambie
y vuelva al hebreo, tal vez siga sólo en español, o tal
vez siga mezclando las dos lenguas. Dejaré a mis intuiciones
decidir.
-La primera vez que leí un poema tuyo, creí que se
trataba de un poeta chileno, ¿qué explicación me
darías ahora, años después? ¿Cuáles
son tus referentes, en poesía y narrativa, en cualquier lengua?
-Yo me acuerdo de ese mensaje electrónico, hará de esto
diez años, o tal vez ocho, algo así, y que te respondí
que “todos los poetas somos chilenos”. Bueno, técnicamente,
lo más probable es que pensaste que era chileno porque los poemas
aparecieron en una página de una universidad chilena, además
eran traducciones de Oscar Aguilera y no originales mías, o poemas
originales míos, y Oscar Aguilera es un profesor universitario
chileno. Más allá de eso, creo que en toda época
he vivido con un poeta chileno como libro acompañador, el primero
fue Neruda, después vino Parra, después Huidobro, y estoy
dispuesto a defender que “Altazor” es el mejor poema épico
de la lengua castellana, y en estos últimos años es Gonzalo
Rojas el mejor poeta. Yo, en los ochenta ya leía mucha poesía
chilena y sudamericana, gracias a muchos inmigrantes amigos de Argentina,
Uruguay y otros países sudamericanos. Creo que los chilenos siempre
me impresionaban por su castellano que era el mejor de todos, algunos
hasta pronuncian una v diferente de la b. Con eso ya me difería
de mis compatriotas, que en esa época no sabían gran cosa
de la literatura hispana y hasta hoy saben poco. La tendencia aquí
siempre fue rusa, mucho Pushkin, algo anglosajona, alemana, pero poco
hispana y un poquito más francesa. O sea que también lo
occidental en Israel es sólo de una parte del occidente. Recuerdo
que hace un par de años estaba en un café con Natan Zach
y tenía en su mano un minúsculo poemario de Neruda en
hebreo, y vino un poeta famoso que prefiero no decir su nombre, y dijo,
“Oh! Neroda”, en hebreo se pueden confundir la o y la u,
no sabía ni quién era.
Lo peor es que aún hoy la poesía de Neruda casi no está
traducida al hebreo (como por ejemplo la de Pessoa) y es algo triste,
hay una traducción mala de 20 poemas de amor (el traductor apenas
sabía español y la traducción es de otras lenguas)
y el poemario citado de unas treinta páginas, tal vez un tercer
volumen que no recuerdo. De Huidobro nada, y creo que de Parra un minúsculo
libro de poemas. Bueno, de Rojas, Oscar Hahn, y muchos otros nada de
nada. Hay mucho que hacer en ese tema. Entonces vino el boom y algo
cambió, con Borges y Cortazar, también poco traducidos
y mal, aunque García Márquez, ¿cómo no?,
es un gran éxito aquí. Otros han sido traducidos, como
Sábato, pero parece que no dejan huellas profundas. Siempre he
leído mucha poesía en castellano, y otro tanto en inglés,
me gustaban los beatniks, y Bukowski, y Ignatow, y muchos más.
De los israelíes también voy por la poesía y creo
que la prosa es muy mediocre, buenos poetas que me influenciaron incluyen
a Uri Zvi Grinberg, David Avidan, Erez Biton, Moshe Sartel, muchos más
y sobre todo, Natan Zach, que al leer sus poemas a los 19 años
me dije que podría intentar escribir en hebreo, y fue cuando
me pasé del inglés al hebreo y en ese idioma escribo poemas
hasta ahora.
La poesía de sus anteriores, como Bialik, Tshernejobski, Rahel,
Shlonski, que son los clásicos de la poesía israelí
me parece francamente muy mala poesía (aunque Bialik tiene media
docena de poemas decentes). Por lo que va de la prosa, nunca he llegado
a interesarme de verdad por la prosa israelí, en una época
era la norteamericana, la beatnik, Brautigan, Burroughs más que
Kerouak, después Cortázar, Borges y Sábato, este
ultimo es mi argentino preferido. Bukowski, aunque prefiero su poesía
y sobre todo la obra del escritor egipcio de lengua francesa Edmond
Jabes, que ha sido una influencia muy importante en mi escritura.
Ahora leo muchas novelas españolas, me sorprende la calidad como
dije antes, pero no sé ni quien me influenciará o si alguien
de los que leo tendrá mucha influencia en lo que escriba en el
futuro. Puede ser que a los cincuenta años ya tiene uno su camino,
pero alguna influencia habrá. Podría añadir que
muchos de estos escritores no han sido traducidos al hebreo, o su obra
ha tenido poca influencia en la literatura israelí, y sus traducciones
en muchos casos fueron tardías, la obra de Bukowski fue traducido
a finales del siglo veinte y principios del veintiuno. Así que
tal vez la influencia todavía se verá. De Jabes sólo
se ha traducido un libro, de Burroughs dos y hace muy poco de esto.
Lo mismo de Brautigan, pero no se vende aquí del todo.
-¿Y el teatro? En tus novelas de la saga tetuaní-benzimriana,
intercalás, entre capítulo y capítulo, una instancia
atemporal, un monólogo interno en forma de dos voces que dialogan.
Un fragmento de “En las puertas de Tanger”:
—¿Dónde estás, hermano?
—En Japón.
—¿Y qué haces en Japón?
—En Japón busco a Japón.
—¿Y lo encuentras?
—Sí. Es un Japón de papel y de cartón. Le
escribo sobre una hoja. En letras sobre una hoja.
Estos puertos, a modo de coro, alcanzan, y en especial en esta última
novela, mucho vuelo. ¿Nunca pensaste en escribir dramaturgia?
-Buena pregunta, la verdad es que mi fuerte en prosa fue durante mucho
tiempo mis diálogos, era lo que hacía a mis primeros lectores
amigos reír y daba interés a mi obra. Hasta llegué
a escribir una novela corta de sólo diálogos. Entonces,
cuando me metí en “Llaves de Tetuán” decidí
escribir sin diálogos. O con lo mínimo posible, la obra
estaba toda compuesta por monólogos. Era un reto. Así
llegó al editor de la obra en hebreo, el escritor y dramaturgo
Itzhak Gormezano Goren, que en esa época dirigía la colección
Keshet Hamizraj. Trabajando el texto me objetó que a la novela
le faltaban diálogos. Le dije que lo pensaría. Y cuando
me fui a casa, me dije que si soy bueno en diálogos era algo
que podía remediar. Lo estuve pensando semanas o meses y en un
mismo día escribí 22 diálogos, que fueron intercalados
entre los capítulos.
En hebreo el abecedario tiene veintidós letras. De alguna forma
este sistema está influenciado por Jabes, que intercala unos
diálogos que más que nada son diálogos de sordos
mudos y que, salvo una vez, la respuesta y la pregunta son dos mundos
remotos. En mi texto los diálogos son una especie de diálogo
entre los personajes fuera del tiempo-espacio. Esto fue desarrollándose
más en “Lucena” y en “Las puertas de Tánger”,
no sé cómo los ve el lector, en una crítica española
los consideraron poemas, lo cual me pareció un poco raro, porque
en hebreo no parecen poemas al no tener los puntitos que son las vocales;
en hebreo se escribe sin vocales salvo en el caso de la poesía.
Para mí son parte esencial de toda la obra, sin la cual no se
puede entender el mundo de la novela. Creo que los que hablan pueden
ser diferentes personajes y eso enriquece al texto.
Sobre escribir teatro: es una cosa que siempre me interesó, y
sólo he escrito dos obras de teatro, pero la razón es
más bien práctica. El mundo de la literatura israelí
es un mundo ashquenazí muy cerrado, y si un libro es algo relativamente
barato de llevar a cabo hasta su publicación, una obra de teatro
necesita una buena inversión para que llegue a su meta. Intenté
una o dos veces meterme en ese mundo y hasta ahora creo que durante
mi vida será un mundo cerrado para mí, como marroquí.
Ya me imagino que esto te va sonar como un trueno, pero si en la poesía
o en la prosa hay una que otra posibilidad de entrar por la puerta trasera
para un marroquí, y creo que yo he sabido aprovechar casi todas
las posibilidades, en lo que va del mundo dramático es algo imposible.
A lo mejor en español, pero la verdad es que hace ya años
que daba por perdida la posibilidad de meterme en el mundo del teatro
y lo he dejado de lado. Bueno, lo del texto coral, lo que pienso que
es toda la trilogía, las tres novelas de las que hablamos. Mi
idea era la de un coro o una orquesta, o mejor los dos a la vez, en
las que cada miembro canta algo diferente pero del caos de cada uno
sale una sinfonía armónica. En una época era un
sueño que soñaba a menudo, y oía sinfonías
enteras. Para la suerte de los amantes de la música, y a pesar
de que estudié solfeo, no sabía escribirlas al despertarme
.Y algo más, al acabar en once días “En Las puertas
de Tánger”, me pareció que todo fue muy rápido
y escribí una tercera parte, que es en realidad una obra de teatro
con toda la familia comiendo en Tetuán, se llama “La última
cena en Tetuán”.
Pero al final me di cuenta que no era parte de la novela y sólo
la escribí por pensar que uno puede o no debe escribir una novela
en once días, como hace Eduardo Mendoza. Al final, cada libro
se escribe a sí mismo, como quiere y cuando quiere, para escribir
Lucena tardé cinco años, y no fue fácil, pero era
el tiempo que el libro, la obra, necesitaba. Lo mismo me pasó
con “Llaves de Tetuán”. Y no por que un libro se
escribe en más o menos tiempo es mejor o peor.
EPÍLOGO
-Mois, si cada artista se moviese y actuase de acuerdo a lo que el poder
y las elites permiten, o admiten, hace tiempo que la literatura y el
arte se habrían acabado, y sólo quedarían sus remedos,
que hoy en día son los que ocupan mayor espacio. Si vos querés
escribir teatro, debieras hacerlo, aunque tus manuscritos duerman en
un cajón. O los publiques en tiradas mínimas, o secretas.
Veo en las minorías israelíes, no sólo aquellas
que sufren discriminación por su origen y condición social,
sino también las intelectuales e ideológicas, una pasividad
que abruma. De este modo, el estado, el sistema, hizo y hace lo que
quiere: discrimina, mata las culturas de la diáspora, le roba
a los sobrevivientes de la shoáh, hace guerras, construye amenazas,
reprime, hacia adentro y hacia afuera. No hay aquí una cultura
de la disidencia, de resistencia a lo establecido. Ni en el judío
ni el árabe. No hay una cultura del pensamiento independiente
¿Qué tenés para decir sobre esto?
-La verdad es que nadie hasta ahora me ha dicho que he actuado o actúo
según lo que el poder permite. Si fuese así nunca hubiese
escrito nada y menos publicado un libro. Lo del teatro es algo que me
acosó en el pasado, pero uno hace sus decisiones en respuesta
a muchos parámetros y alternativas. Creo que el teatro demanda
más que una casual incursión y que se necesita un contacto
con el público para poder avanzar y encontrar un sitio. Lo mismo
que con la prosa o la poesía, inclusive una respuesta a la indiferencia.
Pero con el teatro no llegué ni a la indeferencia, así
que sí, tienes razón, aquí ganó el poder,
como gana en el cine y en realidad desde hace años el cine ha
dejado de ser un arte y es un negocio y una industria. El dinero ha
destruido el cine artístico, y veo muchísimo cine de vanguardia
y de todas las clases, pero ya nunca más existirá un Tarkowsky.
Eso es imposible, y fue más bien una anécdota en la historia
industrial del cine. Por lo que va de Israel, en Israel no hay disidencia,
ni existe siquiera el “enfant terrible” de la literatura,
simplemente no existe. La fuerza del sionismo, y con eso digo ashquenazí,
es y fue en sus instituciones. Aquí el valor lo ganas no por
tu obra, si no por que tu obra ha sido reconocida por una institución,
ya sea una editorial o la universidad. Eso es lo que te da valor como
artista o da valor a tu obra.
Para una mente argentina u occidental esto es muy difícil de
entender, pero así va la cosa. Recuerdo que cuando dirigía
una revista de vanguardia en los años ochenta propuse a un poeta
joven y desconocido publicarle un libro de poemas, pensaba yo mismo
cotizar toda la edición (era con el dinero que había recibido
de regalos de mi boda, ya era loco yo en esa época), la idea
era de publicarlo en la editorial de la revista, pero el poeta dijo
que no, que quería una editorial conocida. Nunca pude entender
esa actuación. Lo que yo digo de discriminación étnica
me lo dicen muchos poetas, pero en voz baja, ellos nunca lo dirán
en una entrevista o en la tele.
Una vez me encontré con un escritor de origen marroquí
antes de una entrevista en la televisión, que me dijo que tenía
completamente razón y me contó sus problemas, pero delante
de las cámaras me ataco a mí por lo que decía y
dijo lo contrario de lo que me había dicho antes. No es que no
lo entienda, darte a conocer como escritor oriental, o alguien que habla
de “esos” problemas te convierte en enemigo del sistema,
lo cual quiere decir que más y más editoriales dejan de
hablar contigo, no hay becas ni hay premios.
En Israel hay pocos premios y becas, y muchos artistas. A mí
siempre me pareció un pequeño precio a pagar por decir
lo que pienso y escribir lo que pienso, comparándolo con lo que
pagó un héroe como Víctor Jarra o García
Lorca, u otros muchos que siempre me parecieron verdaderos artistas.
Yo siempre me comparé con ellos y no con Amos Oz. No es que me
queje, pero no creas que después del éxito de los últimos
años en el extranjero me vaya aquí mejor, estoy sin editorial
desde el 2002, y lo que he publicado en hebreo desde ese año
lo hice en ediciones mínimas (impresos bajo demanda) y por mi
cuenta.
Estos últimos libros me han recompensado con las mejores críticas
que he recibido en Israel, en los mejores periódicos del país,
Haaretz y Yediot Aharonot, y de los mejores escritores y poetas (Natan
Zach y Yitzhak Laor), pero no por eso ninguna editorial ni grande ni
mediana me publica, así que mis libros casi no se ven en librerías.
Mi público me lee en el Internet, y de forma muy fragmentada,
sin poder enfrentarse con la amplitud de mi obra. Se me considera antisionista,
se habla de mí como “el marroquí ese que odia a
los ashquenazím”, hay discusiones en la web sobre si soy
racista o no, bueno todo el armamento para desacreditarme y darme a
conocer como el enemigo número uno de la literatura. Para ser
occidentales y avanzados, el poder cree que tiene que defender a los
lectores israelíes y prevenir que me lean. Bueno, no sigo, porque
tampoco todo esto tiene tanta importancia, pero esa es la situación
de la cultura israelí. Casi comunista.
-¿Comunista?
-Bueno, más bien bolchevique, un ambiente artístico parecido
a los países comunistas de Europa de Este.
-Stalinista, diría…
-Castrista, si quieres. Hay una literatura que se escribe y otra que
no. Hace veinte años era en nombre de una calidad e ideología,
ahora es por razones capitalistas, se vende o no se vende. Pero el resultado
es el mismo, y los mismos siguen escribiendo y publicando, hay ya familias
enteras de escritores, primos, hermanos, padre, hijo, y toda la familia
escribe mal…
-A lo largo de toda esta entrevista, noto la “presencia”
de un gran ausente: el palestino, el árabe. ¿No creés
que el sistema, el sionismo, discrimina al judío de los países
musulmanes, por la razón de que lo identifica con el árabe,
lo incluye en el genérico “árabe”, el “enemigo”?
-Bueno, tal vez porque no preguntaste antes. Aunque ya es algo,
porque siempre se habla con un escritor israelí del problema
árabe y más del problema árabe. Como si en Israel
no existiese una sociedad compleja, y muy compleja que lo es, con sus
problemas sociales, económicos, culturales y otros.
La concepción del sionismo es occidental y ve al árabe
a través de una concepción del oriental como alguien que
existe en el más allá, y al que hay que educar. Aquí
vendría mejor el verbo francés para educar, dresser, que
es a la vez educar y domar. Así que el otro oriental, para el
occidental, no es más que una idea, un concepto y no un humano.
En las 600 páginas de la novela de Amos Oz. “Una Historia
De Amor y Oscuridad” los judíos sefardíes casi no
aparecen, aunque vivió gran parte de su vida en Jerusalén,
una ciudad con una población muy grande de árabes y sefardíes
de todas las clases, y sólo una vez dice que un día ya
serán como nosotros (como los asquenazíes).
El oriental sólo vive en el espacio de poder ser un día
como el occidental, no es un ente propio. Yo no veo al problema árabe-israelí
como un problema, por la simple razón que no creo que tenga solución.
Y cuando un problema no tiene solución se convierte en una situación.
No es que sea pesimista, porque también sé que las situaciones
cambian, pero mi conclusión es que no puedo o no se puede hacer
nada por solucionar este problema y mejor ocuparse de lo que se puede
solucionar. Los problemas de la sociedad son problemas y el problema
sefardí es un problema en plena evolución, con sus altos
y sus bajos, no siempre va para mejor, pero creo que en él puedo
influenciar en algo.
Creo que si la población sefardí tuviese una mayor influencia
en el conflicto, lo vería de otra forma, y vería al árabe
como un enemigo pero también como persona. No creo que eso crearía
una paz de forma inmediata, pero tal vez a lo largo crearía una
mejor convivencia.
Por lo tanto, la respuesta a tu pregunta es sí y no. Hay una
relación entre la forma en la que se ve al árabe y la
que se ve al judío de país árabe, pero los problemas
son distintos y la forma de enfrentarlos es distinta. Yo sí creo
que el problema de discriminación y racismo en contra del sefardí
se va a solucionar, aunque no creo que sea un proceso evidente ni natural,
se solucionará sólo y cuando la sociedad esté dispuesta
a enfrentarse con él, cosa que no pasa. Ya sea el sefardí
que esté dispuesto a exigir sus derechos, como el asquenazí
que debe dar la igualdad a todo ciudadano. Lo mismo creo que debe pasar
con los palestinos de nacionalidad israelí, que ya son más
de un millón, aunque esto sea menos fácil. Creo que un
problema pasa por el otro.
LA OBRA DE MOIS
TETUAN
1914
Ah, si... me quedé dormido en el sillón,
ya sabes, así son los viejos, se quedan de pronto dormidos, pero
yo ahora casi no duermo, unas cuantas horas nada más, pero en
qué estábamos, ah sí, a lo mejor te cuento del
gran acontecimiento de la venida de los reyes en 1914 o por esa época,
después de la entrada de los españoles, pero ahora no
me parece algo importante, entonces fue algo extraordinario, pintaron
todas las fachadas de la ciudad en honor de la visita, como si se tratase
de una boda o algo así pero hoy ya no nos parece lo mismo, te
contaré de Coty Bendahan, nadie te podrá contar sobre
ella, toda esa historia fue una gran vergüenza, después
de 1862 los españoles se fueron pero su influencia cultural y
religiosa siguió extendiéndose, ellos también comprendieron
que tenían aquí con quien hablar, así trataron
de convertir a la gente, sin mucho éxito, piensa que los judíos
que vivían aquí eran los más fuertes de todos los
que quedaron después de la expulsión de España,
se trataba de gente adinerada que lo abandonaron todo para llegar a
este rincón del mundo, se trata de descendientes de gladiadores
espirituales, hubo incluso quien volvió, eso me lo contó
la madre de mi abuela, que escucho de su abuela que hubo judíos
que se hicieron cristianos y volvieron a Sevilla, volviendo a sus casas,
incluso en la familia Benzimra, hubo quien se convirtió al cristianismo
y vivió como marrano, respetando la Torá en secreto, algunos
llegaron a Tetuán, pero los rabinos no los quisieron mucho, ellos
querían tener aquí una comunidad de españoles capaces
de abandonarlo todo para vivir completamente como judíos sin
ningún tipo de compromisos, de todas maneras, creo que hubo algunos
familiares aceptados en Tetuán por el año 1600 o antes,
así que imagínate después de todo lo que sufrieron
tratar de venir a convertirnos, a nosotros precisamente, aunque tuvieron
algunos éxitos, que incluso publicaron en sus periódicos,
como si hubiesen de esa manera recuperado el honor perdido de su monarquía,
en especial me acuerdo de Coty, ya que era muy hermosa, ya entonces
le eché el ojo encima, ocurrió después de mi primer
viaje a Brasil donde estaba construyendo la vía de tren en la
jungla, con lo que pude ganar una cierta cantidad, y estaba considerado
como un joven muy solicitado, ya que la miseria aquí era muy
grande, y me enamoré de Coty, su cara era muy blanca y de ojos
verdes, era muy pálida pero tenía una piel tan lisa, tan
lisa... seguramente que hoy ya se murió, y que algún cura
la enterró en Málaga o en Vinaroz o en Valencia o en Ceuta
o Madrid, la tierra de sus padres, que no quisieron convertirse para
que ella se hiciese judía, o bastardos, qué bastardos
son estos no judíos, qué bastardos tan grandes, siempre
buscando a los mas débiles para convencerlos, cuántos
judíos no quedarían hoy, centenares, miles de judíos
que tanto nos faltan hoy después del Holocausto, no, ellos tratan
con los débiles, los pobres, los hambrientos, los desnudos y
los descalzos, ya que de verdad, Mimon, no teníamos zapatos,
pero Rabi Yitzack Benualid con su sabiduría pidió que
les construyeran una escuela antes de darle zapatos, y eso te permitió
ser rico, y respetado, saber leer y escribir, saber francés y
español, viajar a Oran y a Madrid, un hombre de mundo, por sus
propios méritos, y que sepas que si de lo contrario hubieses
tenido zapatos, no hubieses sabido donde ir con ellos, Coty, Coty querida,
al final me case con otra Coty, una judía, que me dio un hijo,
Moisés, que se caso con Esterica la linda que te parió
a ti, no se lo digas nunca a tu padre, él a lo mejor piensa que
yo no quise a tu madre y que me case con ella a causa de su mirada que
me recordaba a la de la otra Coty, pero no es cierto, yo quise a tu
abuela y fue una mujer ejemplar toda su vida, la quise mucho y me fue
siempre fiel...
Tu seguramente querrás saber si le fui fiel
allí en Brasil, donde trabajaba por temporadas de uno a dos años
para volver luego y dejarla preñada retornándome enseguida,
es una buena pregunta, y te diré que incluso a mi me sorprendió
mi fidelidad. Pero hubo quien llevó allí también
una vida de casado, no con su mujer, tampoco te diré quien fue,
se murió hace tiempo, y le nacieron varios hijos no judíos,
una familia entera en la jungla, una familia aquí y otra allí,
no lo juzgo, a mi edad, y con todo lo que ya he podido ver, no puedo
juzgar a nadie, ni a mí mismo, los vi caer bajo el sol en medio
de la jornada, para no volver a levantarse, y esa gente tan rara, que
incluso sus nombres nadie conoce, tiene familia que todavía los
espera, yo también me enfermé varias veces allí,
claro está que me alegré de poder regresar al principio
de siglo cuando tu padre demostró ser un genio en el comercio
haciéndose millonario a los dieciséis años, algo
genial, fue el primero que importé material a Tetuán por
el mar, me alegré de volver y poder servirle de ayuda, fue un
poco humillante para mí, aunque preferí esa humillación
a todas esos viajes y tempestades en el mar, me alegra ver que sigues
las huellas de tu padre y te estas haciendo millonario sin dejar de
ser un buen judío, algún día te llegará
el privilegio de poder vivir en Jerusalén...
Llaves de Tetuán
Extractos de novela, publicada en hebreo en 1999. Traducción
de Marcos Barel
POEMAS
Árbol
Esta mesa en la que escribo
fue árbol
plantado por un ser humano
en una tierra seca
en la que yacía un muerto
que escribió un poema
en una mesa de madera
¿ese hombre
es el un árbol?
de
Mar De Sefarad
Poema de amor en hoja de banco
Te escribí un poema en una hoja de Banco
llena de números insensibles sin sentido
llena de deudas y de esperanza
como tu los días húmedos
como yo los días de nieve
me dijiste que los números
te recuerdan campos de concentraciones
y que no puedes hacer cuentas
por eso no hay quien pare ese descubierto
por eso te escribí un poema en una hoja de Banco.
Quería comprender.
de Mar De Sefarad
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