Que yo sea un poeta del montón
Habla muy bien de mi país: en Chile
hay un montón de poetas

Jorge Montealegre

Habemos quienes de tarde en tarde (cada muerte de obispo, dijo alguien por ahí) asistimos a lecturas de poesía: esos raros eventos en que los poetas dejan de lado por un rato su impajaritable angustia existencial madre de casi todos los versos para hacer un poco de vida zoocial, lamer heridas, escucharse y aplaudirse mutuamente con sus pares y acta est fabula. Generalmente son pocas las caras que cambian. Pero últimamente, a la vista de alguien que -como dije- no es asiduo, hay siempre una o dos nuevas. Y precisamente esas caras nuevas que parecen nacer por generación espontánea acaban dando la razón a los versos de Montealegre: si algún ocioso llevara la estadística, Chile sería el país con mayor índice de versos per cápita anuales. La red está repleta de sitios literarios donde los chilenos son mayoría. Y estos jóvenes, varios de ellos surgidos de talleres como Balmaceda 1215, Fundación Neruda y algunos particulares (los de Redolés y Zurita, por nombrar un par sin pensarlo mucho), llegan a clavar su bandera en esta especie de olimpo venido a menos mientras sus antecesores se encuentran en plena producción editorial.

Los poetas que hoy no cumplen aún los 30 no son dos ni tres ni diez, sino derechamente un montón. Tienen poco que decir de la dictadura en cuanto experiencia de primera mano [Nota de la R: Augusto Pinochet derrocó a sangre y fuego a Salvador Allende en 1973 y se perpetuó en el poder hasta 1990]. No se les ve mucho en común todavía y mayoritariamente permanecen inéditos, a excepción de las consabidas antologías de poesía joven que algún quijote edita y otros afortunados encuentran en librerías. Sin afán de establecer categorías, ni tendencias, y ni siquiera de hacer algo representativo, iniciamos aquí una revisión de lo que se está haciendo hoy por hoy en Chile.

Comenzamos por una de las plumas más jóvenes. Francisco Ide, de 19 años (Santiago, 1989). Para su juventud, el currículum que exhibe no es menor: dibujante y poeta, recién inicia sus estudios de literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado dibujos y poemas en diversas revistas: Pataflexia, entre otras. Participó en la exposición– homenaje a Duchamp. Infraleve: exposición internacional duchampiana. Actualmente prepara su primera publicación individual, aunque ya ha sido presentado en algunas antologías. Dueño de un registro amplio emparentado con la poesía noventera, sus versos oscilan desde jitanjáforas y aliteraciones, hasta la suavidad del poema breve y preciso, con un sello irónico que marca transversalmente su obra y es quizá su característica más marcada; me recuerda por ahí algunos poemas de Rodrigo Lira (son muy pocos los poetas actuales que escapan a la influencia de Lira), a quien en todo caso no reconoce entre sus lecturas de cabecera.


POEMAS

Más adentro
más adentro tus deditos oye
más adentro tus adentros
ponme en la punta el borde de tu vértigo el hiperabismo
o en alguna conclusión bifurca per cápita
que anide hundida en algún segmento del rebalse encéfalo
o se genere a destellos de sinapsis
u otros artificios
como el cielo en la noche:
una conclusión tuya y mía identificándose a gritos
por entre los fantasmas que son el pensamiento
algo como por ejemplo: eres el abismo de tu abismo
Si me dejas puedo sumergirme en tu vagina
hasta el claustro de tu cerebro
bracear tus oscuridades
si me dejas
puedo introducir objetos en tu vagina
que fluctúen tus entrañas hasta la raíz misma del pensamiento:

a ver, qué es esto
y esto?
y esto?
y esto?

podrás decir que estoy en tu cabeza
concluir que tu nombre es Calvario o Vladimir
según disponga la voluntad de mi trazo
el hedor el miasma el rictus el estertor
de mi escritura sorteando las palabras que siempre
orbitan o emanan del cadáver de algo
de unos labios que se acercan como caracoles avanzando a dentelladas
de unas boas empapadas en parafina
tranquilidad o infierno
que devienen del pipazo siempre fúnebre
como carnaval de pueblo
por ejemplo

Tú verás, no me interesa
alguna vez algunos quisimos
asaltar el cielo
y hayamos el cráneo de dios vacío
qué tragedia

Ni de cabeza ni de palabra
se hace cargo uno de las nuevas formas
en lo pensado y en lo dicho
hay un dejo de lastre deletéreo
de autómatas releyendo en las noches
las caras cifradas por el pánico
las luces que atajamos dilatados
y nos metemos al bolsillo
un dejo de lastre deletéreo
de autómatas releyendo el obituario de todas las risas alegres
que nos han llenado de miedo

Hoy trato de pensar
que mis muertos no son mis muertos

todavía


Te haré ver
lo mil veces visto
me ofrezco
parásito costra nido garrapata colchón calentito scaldasonno
encendedor meteoro llamita del calefón herida palpitación
fiebre hartazgo chimenea montaña rusa ficción estereotipo
reloj de alarma
primera visión del día

Te ofrezco la más tautológica certeza sensación tajo abierto
que deja figurado
cada paso mío al acecho de los tuyos
en la primavera el cadalso
los plátanos orientales de salvador con irarrázabal
una noche bajo mis ojos
que denota no más que el cansancio de alucinarnos
aunque la gente descifre en las ojeras un indicio de
quizá que cosa
y no estén del todo errados
yo los veré sentado, en todo caso
caber de lo más bien
horizontales bajo la tierra (tétrica simetría de tetrix)
con ojeras y todo, alucinado, mitológico y hermoso
(créalo o no)
contemplando la belleza amotinarse en el pudridero
(y sin embargo)


Cal
Si te miro con desprecio
si te digo que te vayas a donde
mi inteligencia no te hiera
si me río a carcajadas de tus ademanes o de tu cara
si te grito, si te lloro
si dejo que me golpees la mejilla
o me partas el labio
si me deformo de compasión o de ira
si de mis gestos se desprende un rasgo de humanidad
no lo creas
no me creas nada, porque
debajo de la piel
mi calavera permanece inalterable
esperando el rocío
para ser bóveda a tus pies bajo la tierra
o extenderse sobre los muebles
una mañana

No soy sensible a casi nada
No soy sensible a casi nada:
no soy sensible al sufrimiento del prójimo
a la carencia de paisajes en los paisajes
a la ausencia de compañía de los desterrados
a las frágiles fétidas guaguas famélicas
al pensamiento de los lúcidos
a la cárcel circular de los planetas
a los perros y personas que comen de la basura
a los corazones rotos de las polillas
a las noches imaginarias del tiempo
a los hombres muertos detrás de la balacera
a los colmillos caídos de los trenes
No soy sensible a casi nada:
prefiero un gato desbocando los ríos de lava
que se desprenden de los ojos
Me emociona más
la espuma imaginada al borde de un río

Me aburre
el mirador estático que se ha vuelto la ciudad y sus lindes

No soy sensible a casi nada
me aburro con facilidad de casi tod

Casi nada
1.
No tengo mucho que decir, ahora que lo pienso,
(y no es que lo haya pensado demasiado pero así van las cosas
cuando las semanas transcurren como costras yuxtapuestas
apiladas como libros: hojas y hojas de palabras
que no recordaré ni leeré. Caleidoscopios histamínicos
tal plátanos orientales a contraluz
sobre los puntos que las manos ensombrecen como sosteniendo
potes transparentes de jalea amarilla)

solo sé
que te sorberé en mi mente
y te expulsaré caminando entre mapas que no comprendo
geografías anochecidas a la fuerza
como los sectores borrados por la taza
por los cuerpos por la taza por
(estoy hablando del mundo, es obvio
de caminarlo
de que no tengo nada que decir
de que por eso no hay mucho que decir)

2.
Yo me recorro en mis calles
con reiterada indiferencia
paso sobre mí y sobre ellas
hablando el lenguaje mínimo de los gusanos (imagínate esa boca)
y trazo a mi paso
espejismos de camino
que la gente disgregará a medida que se desplace
cuando comience el día y los cartoneros
(agentes de la muerte, cancerberos en ataúdes plegables)
también comiencen

Esa
será mi forma de quedar en ustedes

(Aún guardo mi primera piedra en el bolsillo
para que no me transpiren las manos cuando
la primavera nos vuelva locos de alergia y
queramos ajusticiarnos)

para que sepan que mi intención era invisible y oportuna
como los chicles que las suelas agarran al vuelo en verano
y que nos adhieren al suelo, nos ralentizan
y nos sueltan en un bostezo figurado

igual que un poema

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Más data sobre Francisco Ide en caquitadeloro.blogspot.com
o en laotracacadeloro.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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