Trece razones para leer Lo Definitivo y lo Temporal (Inventario de objetos perdidos) de Javier Moreno

1.Porque cuando uno termina de leer el libro te entran las ganas de volver al principio y empezar a leerlo de nuevo.

2. Porque uno puede quedarse mirando la portada con la ilustración de Egon
Schiele, donde se ve un hombre trajeado que aparenta tener hepatitis, cruzando un brazo y extendiendo el otro fuera de la portada, como si fuera una especie de portero o bouncer literario, que en vez de cerrarte el paso, dijera en cambio: pasa adelante.

3. Porque en estos cuentos no existe otra pretensión que narrar historias. Enviándole por email una serie de preguntas a Javier, intenté inducirlo a que dijera lo contrario, pero fue inútil. Entre otras cosas, dijo: El objetivo, alcanzado o no, de este libro era escribir una serie de textos alrededor de las pérdidas. Pérdidas concretas, más que todo, de personas y cosas. Perderse o perder algo siempre implica algún nivel de translocación. Fijar una posición determina un contexto, pero además sirve de base para ejecutar la desaparición. Esto a un nivel meramente técnico, formal.

4. Porque los personajes están abriendo y cerrando puertas. Dan portazos a través de todo el libro. Así vemos que en Su Vida Perdida, la personaje principal viaja como si de alguna forma intentara escapar del útero materno y en alguna parte de su periplo concluye Mi casa es difícil de encontrar. También, en Lo Definitivo y Lo Temporal y tal vez en Historia con Fantasma y Subterránea, los personajes son absorbidos por el aire o por el baño de un avión o por el tiempo o por la niebla. De igual manera es importante señalar las referencias al paso del tiempo, a la imposición de una realidad por el medio circundante como en Dingo, o el temor a perder la memoria; los traumas causados por el ciclo vital y por el desplazamiento, que nos lleva a pensar en el personaje de Lost & Found, que para no olvidar recurre a transcribirlo todo en cuadernos, e igualmente el temor a recordar, como en el estudiante de No recuerdo Nada, que llega incluso a escindirse en dos para dejar atrás un episodio trágico de su vida.

5. Porque los cuentos en sí se expanden y son como cajas que al abrirlas tienen otra caja adentro y esta otra y así hasta el infinito.

6. Porque varios cuentos me recuerdan una escena en Mulholland Drive de David Lynch, en que un tipo le cuenta a otro que soñó todo lo que acontece en ese momento. Salen afuera del establecimiento y, mientras se dirigen a un basurero, le advierte que se van a topar con algo horroroso que ocurría en su pesadilla. Cuando lo comprueba, sufre un ataque cardíaco. Y es que, como decía Eliot, la mente humana no puede soportar tanta realidad, aunque en este caso donde dice mente deberíamos leer corazón. Quizás por eso en Lo Definitivo y lo Temporal, varios personajes repiten sentencias tales como: No recuerdo nada; nadie quiere recordarlo.

7. Porque algunos de estos personajes padecen una fuerte y angustiosa realidad. A mi juicio, en cuentos como Se ve Lindo desde el cielo y Crisis de Ausencia – que cuenta el secuestro a que es sometido un niño con su familia - se relata de manera breve y brillante los secuestros, la violencia y la guerrilla en Colombia. También, si te acercas el libro a un oído, puedes reconocer el tic tac de una bomba. En Dingo, el profesor reflexiona lo siguiente: Cuando cae una bomba, todo el mundo corre para donde puede y luego salta, y en el salto se arrancan el pasado de un tajo. Pero donde esto se aprecia con mayor nitidez, es en Se Ve lindo desde el Cielo, que va de una bomba que está a punto de estallar en un centro comercial. Al final de este cuento se lee lo siguiente: El hongo será hermoso, ya lo verán, promete el viejo. Seremos los primeros en tocarlo.

8. Porque de alguna manera estos cuentos se interconectan con tu propia
vida. Pero hay que cuidarse de esto. El autor lo advierte en la primera página: Cada uno de estos libros es consecuencia directa de su uso. El contenido de sus páginas es una respuesta natural de su diseño al ambiente circundante. Por eso es común encontrar gente que lo usa como diario. No cometa ese error. No se deje seducir por el estilo refinado del libro y su multiconciencia narrativa. No le crea nada. Úselo para entretenerse, no más.
Puedo referir tres ejemplos personales al respecto:

Ejemplo número 1: Durante la lectura que le hice a mi novia del cuento titulado Dingo, basado en la relación que mantiene un profesor universitario con su perro, empezamos a oír los ladridos del perro del vecino hasta que al alcanzar el final del cuento, de forma misteriosa, cesaron.
Ejemplo número 2: En un vuelo hacia San José, Costa Rica, recuerdo haber visto un tipo que le pidió romo a la azafata y al rato se levantó y se dirigió al baño como si ambos estuviéramos metido en el cuento Lo Definitivo y Lo Temporal.
Ejemplo número 3: El personaje del cuento El Chino que apareció de nuevo como extra en unas páginas de la novela de Ariel Magnus, Chino en Bicicleta, que leí hace unas semanas.

9. Porque es el primer libro de Javier A. Moreno. Y yo quiero tener un tramo de mi biblioteca llena de sus futuros títulos.

10. Porque se trata de un libro de cuentos, y en esta época donde se induce a leer exclusivamente novelas o a ver series de televisión, resulta placentero encontrarse un volumen de doce cuentos escritos como si el autor avanzara a través de la cuerda floja y al mismo tiempo tecleara en una MacBook.

11. Porque Javier A. Moreno no está dándonos gato por cuento. Con esto, quiero decir, que no nos ofrece cortos que no encontraron financiamiento en productoras ni tomaron en cuenta en concursos, ni poemas en prosa, ni capítulos cortados de una novela, ni crónicas con pretensiones literarias. Detrás de cada cuento existe su propia estrategia y en estos, tanto el lenguaje aséptico en ocasiones como los finales sugerentes, cumplen sus funciones determinadas.

12. Porque estoy escribiendo esto a las tres de la mañana, al tiempo que todos en Santo Domingo duermen, pensando que soy uno de esos personajes que se pierden y se encuentran en el libro de Javier.

13. Porque en el fondo todos hemos perdidos algo. Hemos perdido familiares, amigos, novias. Hemos perdido el pasado, preciosos recuerdos de gente y de paisajes. Hemos perdido carteras en cafeterías; paraguas y libros en taxi. Hemos perdido nuestro barrio, nuestra prótesis, nuestros gatos. Hemos perdido las llaves del carro y de la casa. Hasta a nosotros mismos hemos perdido, para reencontrarnos al día siguiente o semanas después. Incluso aquellos, que no han perdido ni una maleta en el aeropuerto, saben que han perdido el tiempo. Y si algo ha logrado Javier A. Moreno con estos cuentos, es atrapar porciones de tiempo y trasladarla a las páginas de este libro para asombrarnos.

Página 102. Lo Definitivo y Lo Temporal (Inventario de Objetos Perdidos), de Javier A. Moreno, Editorial Letra x Letra

Una vez Rodrigo vio en un telediario un video casero de una madre que ve a su hijo saltar desde un avión y lo graba. Cuando el niño salta todos aplauden, pero a medida que se acerca al suelo y el paracaídas no aparece, el júbilo se transforma en horror; horror que se encarna en los gritos de la madre, que sostiene la cámara, y la manera como la imagen tiembla y luego salta y se funde en negro, ¡crack!, porque la cámara ya no importa, porque el niño hizo ¡pluc!, al reventarse contra el piso y todos corren hacia él y gritan cosas ¡ay Dios! ¡ay Dios!, dice la madre, y el telediario, condescendiente, para que su vida dure un poco más, repite los últimos segundos en cámara lenta y rodea al puntito con un círculo rojo, como abrigándolo. Si pudieran, si tuvieran tiempo, repetirían ese ¡pluc! miles de veces hasta convertirlo en el track de base de la canción bailable del verano. ¡Pluc! ¡pluc! ¡pluc!, suena la canción, y todos aplauden y gritan a medida que el ritmo se acelera y sabe que viene la parte donde todas las luces se apagan y se inicia la dosis estroboscópica que hace que todos luzcan bien, que dignifica el baile, que trivializa la caída.

Javier Moreno. Nació en bogotá en 1977. Es coeditor de la revista literatura y artes marciales HermanoCerdo y colaborador regular de Ochoymedio.info. Actualmente vive en Lyon, Francia, donde trabaja como investigador en el instituto de matemáticas Camille Jordan. Lleva el blog bluelephant.blogspot.com (La balada del elefante azul), donde escribe reportes de supervivencia para sus amigos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Lo Definitivo y lo Temporal

Foto Mauricio Rétiz

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