
Jimena
Arnolfi
Jimena Arnolfi nació el último día
de septiembre de 1986 en la Capital Federal, para mudarse prontamente
a la provincia. Porteña y entrerriana por adopción.
Comenzó sus estudios en el Jardín “Tiempo de Descubrir”.
A partir de entonces recordará intensamente sus amores de los
cinco años de edad y esa extrañeza del amor correspondido
que no volverá a repetirse ni en su más próspera
adolescencia.
Escribía bajo el seudónimo Quimera. Todavía
administra el blog enquimera.blogspot.com. Trabaja como periodista
en medios radiales y gráficos.
mientras tanto
secreto
justo cuando tenemos la necesidad casi visceral
de registrar cada frote de palabra,
nos respiramos muy de cerca
y se me viene un vértigo espeso
una lágrima imprevista te moja la espalda,
se te eriza la piel
la puerta está entornada:
sólo pasa el tiempo como adormecido
pero no sabe fingir
(a veces el tiempo se hace el dormido
porque le da vergüenza seguir insistiendo
con eso de que tiene que pasar si o si)
me quité los dioses despacito
me quité los dioses despacito
me estaban molestando los pies
de tanto desmentirme en las manos
ahora antes de morder la duda
la declaro culpable,
espero y la separo en sílabas,
la deformo hasta dejarla sin ganas
pequeños infiernos se desarman en mi boca
y empiezo a criarlos
con la paciencia del que no entiende
mejor me dejo un dios para más tarde
payana
estoy imaginando que todavía puedo decir algo,
en voz baja deletreo los próximos pasos,
nunca puedo verme mientras me voy
mientras tanto miro por la ventana:
un otoño se revuelca entre hojas caídas,
está jugando a la payana
con todo lo que había olvidado
entretanto
yo tenía un dolor de cuerpo prematuro,
se me iba la voz en medio de una parálisis,
bastaba la tos fuerte de mi mamá
para que se enloquecieran los latidos
entretanto la vida insiste,
se encapricha de antojos que salvan,
que bastan para que uno grite
la pucha, que vale la pena estar vivo/ y es verdad,
son esas cartas bajo la manga
que te hacen entender el miedo como pretexto,
no hay más que quiera decirte,
yo me sobresalto rápido, pero estoy bien,
recordé que hay que matar a los padres de
chiquitos,
toda la infancia del mundo es huérfana,
tiene frío y nadie la cuida,
el pormenor del mal menor
después se tira a una subasta de culpas
a veces no quiero decir nada,
ni siquiera la estupidez que es necesaria,
disfruto dedicando ese silencio cuando es perverso,
todavía duermo la siesta y tengo pesadillas
tengo que sobrevivir a las caricaturas de un dios
que me enseñaron
abrelatas
I
es insoportable hasta en la mirada de la madre,
acaso el espejo más cruel para construirse un cuerpo
nunca será lo suficientemente decente para ella,
y es difícil escucharse la voz
cuando tiene el miedo de dar a luz
todos se enferman, amputan silencios, morbo,
desparraman sus infiernos de punta,
tienden la mano, prometen sus primeros auxilios,
se están cuidando del mejor mal que saben hacer
-en una partida de engaños todos quieren ganar-
II
a oscuras me examino con un abrelatas
y descubro el surco mínimo por donde entra una poesía,
como un hilito de sangre
que provoca una infección sentimental,
como quien se quiere escuchar con todo el ruido del alma
al final me quedo sola cueste lo que cueste,
otra vez la puntada a mi sistema de únicas verdades,
el accidente interno que merezco y nadie puede ver,
soy el dictado perfecto de esos ojos
que no aprendieron la lección
gotas
me cuento la paz el crimen
la culpa la confesión
es un random siniestro
es verdad que a veces necesito otra cosa,
un estar quieta sin miedo sin grito
un silencio que dure todo el cuerpo
una caída que no te asuste
un no morder tiempo en un labio,
está bien pero fluir fluir no es tan fácil
el agua es triste pero a la hora de la siesta
necesito la vida diluida, mojada y en cámara lenta,
así deshueso cada dolorcito
termino de abrigar una lágrima en la mano
ahora prefiero dormir
si hay que olvidar alguna cosa,
tengo los cansancios pasados por agua
de volver épicas las causas del desastre
podés decir basta para mí y listo,
siempre sin remos empujando con las manos,
todo por un hilito más de voz,
pero uno más y me callo,
prometido
adentro impreciso
es la ceremonia de la conquista verbal
justo cuando deja de importar,
el peligro entre algodones, que tome aire,
que se la crea, que no se enfríe el pechito,
antes, el pacto tácito conmigo,
ese que dice no extorsionar nada de lo escrito,/
de ahora en más,
todo puede ser exagerado,
tener una pasión
es dejarse tener por ella
cuando el estado de alerta queda más debilucho
todavía,
la palabra nunca mencionada moja el labio,
se precipita, se desboca, se desborda,
el hoy se olvida la existencia de mañanas
entonces es sólo la historia del adentro
impreciso,
un cuerpo librado a azares,
un morder fragmentos de paraíso
aun cuando se pierde la coartada
una mirada que dice yo no fui y mira como quien
devora un plato
con toda la hambruna que da desear,/
porque en lo posible buscamos imposibles,
porque en lo imposible no hay paraíso que sea impostor,
si esa miga vale un paraíso,
si esta noche te quiero hasta la ionosfera,/
con toda la hermosura, con todo el derrumbe circundante,
y aunque sólo quede esta fiebre intacta/ y una triste resaca,
no importa, a punto de perder,
te doy la última mirada
spica 04:49:13
I
la radio está entre dos estaciones,
llega si justo hay viento norte
y no te movés y son las 4 de la mañana
y estás abajo de las sábanas
ahí dejo la voz, hago que no te hablo,
pero ahí está la penita al aire, toda pestosa,
siempre dispuesta peligrosamente
menos mal que siempre todo decir
es al mismo tiempo un hermoso no decir
II
después de la más cruel de las borgoñas
queda esa pálida idea
que va a morir en su ley,
al pie de la última gota de la copa
te quería decir algo muy importante pero
me olvidé
quizás sea que nunca aprendí
a irme a tiempo conmigo,
pero por favor acordate: la vida se desvanece
masticando un mientras tanto.
Adrián
Sánchez
Nació Buenos Aires, Argentina, el 22 de
enero de 1970, a las 02.40. Único varón entre las (más
de 10, según su madre) mujeres llegadas al mundo esa noche
en el Hospital Rivadavia. Lo atropellaron tres veces y varias más
se abrió la cabeza. Todavía, en ciertos días
de invierno, puede oler los besos con su primera novia. Una mañana
prometió a su profesora de inglés que en el partido
de la tarde haría dos goles en su honor. Y los hizo. Y se los
dedicó. Bajó 14 kilos para no hacer el Servicio Militar
Obligatorio. Y no lo hizo. Pudo tener una hija. Y no la tuvo. A veces
escribió. Y a veces escribe. Obtuvo la Primera Mención
Honorífica “Concurso Régimen de Fomento a la Producción
Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editorial”
del Fondo Nacional de las Artes, edición 1998, por La condena
del mudo (poesía), luego publicado por EDICIONES BOTELLA AL
MAR en 2000. Primera Mención Especial “Concurso de Poesía
Alejandra Pizarnik, Homenaje 30 años”, 2003. Y el Primer
Premio Concurso de Poesía “Valle del Elqui”, organizado
por el Centro Cultural Chileno “Gabriela Mistral”, 2004.
Libros inéditos: El sudor de las estatuas (poesía);
Las aventuras de Sangreseca y los Falsos (cuentos) y Mi padre cavaba
un pozo (cuentos).
Los siguientes poemas perteneces al libro inédito
El Jardín Invisible
Ese año
cuatro meses duró la primavera.
Después
olas de hasta diez centímetros
lo sepultaron todo.
Sabiduría inútil
Sólo con tierra se calma la sed
de quienes viven en el agua.
Una misma flor
alimenta la vanidad
de vivos y de muertos.
Los jardines no se riegan
mientras reciben luz
sino en sombras
para que el agua
hervida por el sol
no los incendie.
No sólo la lluvia.
También los muertos
que crecen bajo tierra
alimentan los jardines.
Anoche soñé que pescaba
Nuestras sillas colgaban del balcón
y estabas tan hermosa y serena
como sentada junto a un camino de tierra
como en una foto de la infancia.
El agua era sucia.
La carnada gigante.
Soñé que si no pescaba
nos quedaríamos sin casa.
La línea se hundió.
Yo tiré de la caña.
Quise mirarte pero ya no estabas.
Un trapo mojado
pedazos de hielo entre mis manos.
Los dedos extraen el vidrio
sin sangrar.
Cruzando el marco de la puerta
una madre ofrece alimento.
Con la misma voz
su hija lo rechaza.
Todo está a salvo.
La luz
no se acaba con la luz.
La luz es infinita.
Magnolia japonesa
El primer día descubrimos un árbol.
Su nombre tan hermoso
como las flores que sin pausa
y a pleno sol paría.
Blancas.
De perfume alimonado.
Cortamos una.
La paseamos.
Vivió un día.
Magnolia japonesa
Las semillas se siembran en otoño.
Germinan lentamente.
Vegeta mejor a media sombra.
El pleno sol daña sus brotes.
La flor es púrpura.
Sin aroma.
(Existe una variedad blanca
que se abre en la noche
para ser polinizada por murciélagos).
No se le atribuyen poderes especiales
ni existen leyendas que la involucren.
Es sólo una flor.
Ya casi no tengo poder sobre mi cuerpo
Si una mañana logro levantarme
me premia durante el día
sometiéndose a mí.
Esas horas de luz
son como el comienzo de un amor.
Lo compartimos todo.
Nos damos de comer.
Caminamos a la par
arrancando flores.
Hablamos de una casa con jardín.
Proyectamos hijos.
Les buscamos nombre
mientras nos bañamos juntos.
Bailamos.
Nos reímos.
Llegamos a sentir que somos uno.
Juramos no dejarnos nunca.
Pero cada noche
sin importar hijos, propiedades ni promesas
es el fin del el idilio
y el cuerpo retoma su gobierno.
Acostado boca arriba
una de mis manos trazará en el aire
el recorrido de un abrazo
y caerá sobre la sábana
sin haber tocado nada en su camino.
Nadie vendrá a cantarnos esta noche
De poco sirvió haber respetado los horarios
comer lo que había que comer
y creer lo que había que creer.
El sueño llegará en silencio.
Ninguna voz traerá el descanso.
¿Cómo encaminar ahora nuestras vidas?
¿De quién enamorarnos?
Y cuando seamos padres
¿cómo lo sabremos
si nadie viene a cantarnos esta noche?
Aunque hablamos como niños
ya no somos niños.
Aún condenados
a crecer por nuestra cuenta
siempre podremos golpear
contra la lluvia
nuestras palmas.
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