Conocí la obra de Bracho cuando empezaba mis estudios de licenciatura. Al mismo tiempo, por ahí, encontré una breve definición de fenomenología y me pareció que empataban. Me di a la tarea casi imposible y seguramente inútil de explicarme el empate. Yo no tenía estudios de filosofía y leer a Husserl o a Heidegger de la nada fue complicadísimo. Han pasado más de doce años y sigo leyéndolos. Me alcanzan para la vida o la isla desierta; también Coral Bracho.

Comenzó a publicar en el 77, una plaquette llamada “Peces de piel fugaz”. La sigue “El ser que va a morir”. Estos dos libros (principalmente) marcarían la tendencia de una obra ahora multileída y de la que vemos rasgos de escuela entre las jóvenes escritoras. Coral es de esas pocas poetas a las que en México todo mundo asiste. La incluyeron recientemente en la lista de los diez vivos indispensables del país, la única mujer en el listado.




De colección: Primera edición de Peces de piel fugaz (1977)



Su obra construye con palabras una interminable cadena de espacios habitables-habitados. Decir construye lo complica, es más sutil. Transita de una habitación a un bosque con el ritmo, la fuerza, la textura del agua y sus mohosas consecuencias. Las geografías poéticas de Bracho no son vertiginosas pero no paran nunca. Es lo más próximo del lenguaje a la sensación del elemento que nombra y nombra y nombra. Si dice agua-líquido-fluvial andamos salpicados con los peces a los que la piel se les fuga en colores. Niños y monos con sombrilla saltan sus charcos, pero no es surrealista (como le dicen en España). Rizoma, neobarroco, quién sabe cuántos términos para tratar de explicarnos aquello que sucede que-me-su-ce-de-en sus poemas.

“Cuarto de hotel” es su último libro. La geografía ha tomado otro carácter no menos lúdico (siguen moviéndose las paredes y palpitando las piedras) y sin embargo hay por primera vez, un poco de tristeza.

No da entrevistas, pero asiste sonriente a leer, si la invitan. Es menudísima, le gusta Valery y pensar en colores mientras escribe (el poema se le presenta primero en una mancha).

Peces de piel fugaz
(Ed. La máquina de Escribir-México 1977)

El borde es una boca finísima, una escisión aguda y deslumbrante
-el negro como una forma de luz que marca orillas, espacios entorpecidos, fuegos limítrofes-. A medida que avanzo el agua cambia.
La fiesta estaba impregnada de pequeños monos inabordables. Alguien incrustó sobre el lodo una estructura cuadriculada de ramas huecas y fue como abrir un espejo a las ansias de nado.
Todo se esparce en amarillos. Los monos saltan.
Antes, cuando miraba el tiempo como se palpa suavemente una seda,
como se engullen peces pequeños. El sol desgajaba del aire haces de
polvo.
Es un espacio abrupto pero preciso; a partir de entonces los árboles.
Hacia abajo las ganas irrefrenables.
Los monos, como dijeron todos, eran salvajes; cuerpecillos tirantes
y amarillentos. El juego era portentoso, desarraigado; las manos llenas de lodo.
El agua brilla, pez lento y adormecido; en sus ojos la noche es un
impulso vago y oscilatorio, una tajada oscura –-boca finísima- lo
delinea.
Pero empezar aquí con el consuelo de ver a todos enardecidos, y
mirar de improviso sus dedos híbridos, infantiles.
Vocecitas hirvientes que revientan desiertas.
Al margen hay un abismo de tonos, de nitidez, de formas. Habría que
entrar levemente, oscuramente en ese instante de danza.
Hay una grieta aquí, en este lapso. En la cueva las raíces se adhieren
con fanática astucia, las ramas se desdoblan con gracia.
Es en vez de morder la espesura reciente, o separar las sombras
-espumosas y leves- con un esguince de fauno. De cerca, llueve.
Atrás los paraguas se extienden sobre las olas. Los hay de colores
lentos y de formas hirientes. Las horas se arremolinan. Y tengo fe,
porque así como dicen de los estanques.
Pequeños peces de hiedra tornasolados.
Había gatos, insectos, tigres; y cuando quisieron abrir las puertas, y
todo, desde el templo de entrada estaba concentrado en dos líneas;
dos fragmentos de feria.
Bailan en las orillas.
Y retroceden, porque asomarse es la atracción sin muelles. Donde
apoyar la calma de mirar desde lejos sin arriesgar el tacto.
Son alusivos los desenlaces. Las sombras se abren a veces lentamente. Región umbral de nostalgias reblandecidas, de palabras limpias y secas.
Pero es la tierra de sal. Nadie que vuelva o que mida. Agua que
drena en la certidumbre y en el olvido remansos breves de mar.
Queda entonces tan lejos. Y sus manitas flacas y frías como una
aguda destreza emergida de espacios inexpugnables.
De aquí, los troncos y la maleza brillan su nitidez intacta. Virgen que
exhala una cadencia tibia y ensimismada. Los peces saltan.
Los monos saltan. En el fondo la luz se angosta y los cuerpos empequeñecen. Entonces se desprende la asfixia; una sed amplia y
albuminosa.
Beben pausados sorbos de té.
Y si uno hunde la cara para ver más de cerca.
También rastrearon las carpas. El circo; toda la orilla era como un
incendio, los animales se escurrieron en zanjas y plataformas.
Para sostenerse, tal vez. Lo difícil. A veces sus irrupciones abren un
espacio naranja.
Es hermoso palpar entonces las aguas. El cielo se reconcentra en
azules profundos. Los verdes crecen hasta tocarlas.
Estira sus bracitos elásticos en un giro aliviante.
Las raíces inhalan. Basta deslizar poco a poco los dedos sobre las
rocas para saberlas lisas y despobladas. Árboles de cristal.
Y es el instante de inusitar la lancha por la quilla y deslindar el filo.
Los dedos largos y finos.
Sus ojos límpidos.
Este estupor de seda que se derrama. Pero empezar aquí.
La fiesta -sombra finísima- lenta. De la cueva se desprenden sus
voces como suaves racimos. Piedras jugosas. Desde el zumo del circo.

Y es el instante; pero empezar aquí. Sus ojos ávidos, insondables.
En sus bordes espesos, las voces, las aguas cambian; peces
de piel fugaz.

Agua de bordes lúbricos
(de Huellas de Luz-1994)

Agua de medusas,
agua láctea, sinuosa,
agua de bordes lúbricos; espesura vidriante -Delicuescencia
entre contornos deleitosos. Agua -agua suntuosa
de involución, de languidez

en densidades plácidas. Agua,
agua sedosa y plúmbea en opacidad, en peso -Mercurial;
agua en vilo, agua lenta. El alga
acuática de los brillos -En las ubres del gozo. El alga, el
hálito de su cima;

-sobre el silencio arqueante, sobre los istmos
del basalto; el alga, el hábito de su roce,
su deslizarse. Agua luz, agua pez; el aura, el ágata,
sus desbordes luminosos; Fuego rastreante el alce

huidizo -Entre la ceiba, entre el cardumen; llama
pulsante;
agua lince, agua sargo (El jaspe súbito). Lumbre
entre medusas.
-Orla abierta, labiada; aura de bordes lúbricos,
su lisura acunante, su eflorescerse al anidar; anfibia,
lábil -Agua, agua sedosa
en imantación; en ristre. Agua en vilo, agua lenta -El
alumbrar lascivo

en lo vadeante oleoso,
sobre los vuelcos de basalto. -Reptar del ópalo entre la
luz,

entre la llama interna. -Agua
de medusas.
Agua blenda, lustrosa;
agua sin huella; densa,
mercurial
su blancura acerada, su dilución en alzamientos de grafito,
en despuntar de lisa; hurtante, suave. - Agua viva

su vientre sobre el testuz, volcado sol de bronce envolviendo
-agua blenda, brotante. Agua de medusas, agua táctil
fundiéndose
en lo añil untuoso, en su panal reverberante. Agua amianto, ulva
El bagre en lo mullido
-libando; en el humor nutricio, entre su néctar delicado; el
áureo
embalse, el limbo, lo trasluce. Agua leve, aura adentro el ámbar
-el luminar ungido, esbelto; el tigre, su pleamar
bajo la sombra vidriada. Agua linde, agua anguila lamiendo
su perfil,
su transmigrar nocturno
-Entre las sedas matriciales; entre la salvia. -Agua

entre merluzas. Agua grávida (-El calmo roce
tibio; su irisable) -Agua
sus bordes

- Su lisura mutante, su embeleñarse
entre lo núbil
cadencioso. Agua,
agua sedosa de involución, de languidez
en densidades plácidas. Agua, agua; Su goce
-Agua nutria, agua pez. Agua

de medusas,
agua láctea, sinuosa; Agua,

La línea de estar aquí
(Cuarto de hotel-2007)

La línea de estar aquí habla apaciblemente, la línea
que nos envuelve
y nos da sedimento. La que murmura
en el otro cuarto; la que imita tu voz. Esa
que te desdice y suelta
tu estar ahí, tu ver ahí configurándose.
Que lo deja caer.

¿De dónde a dónde?

¿De dónde a dónde se abre esta puerta?
¿Qué va dejando
poco
a poco
fuera?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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