Ya está terminando el año. Oficialmente es invierno en “La Blanca Mérida”. Son las dos de la tarde, y el sol que sigue haciendo su trabajo como si fuera verano.
Caminaba por una de las escalinatas del Parque Ecológico, cuando a la sombra de un árbol, estimo de mango por el color de sus hojas, divisé a un hombre como cualquier otro, escribiendo fluidamente en una libreta profesional. A su lado, las obras completas de Borges simuladas bajo un diario. Sólo un detalle transformaba esta postal, políticamente correcta, en una postal políticamente bizarra… la máscara que llevaba en su cabeza.
El hombre comprobó mi curiosidad, e hizo un ademán para que me acerque.
Busqué…en realidad más que buscar, supliqué encontrar algún alma en las inmediaciones, pero fue inútil.
Me quedaban dos opciones; una, hacer caso a su llamada; y la otra, correr lo más rápido que den mis piernas, para demostrarme lo bueno que puede ser una huida anticipada.







Pero no. Decidí tomar al toro por las astas y acepté el reto.
Ni siquiera desgarrado, demoré tanto en caminar los cincuenta, sesenta metros que había entre nosotros.
–Hola amigo, no tema, quiero presentarme –dijo, estirando el brazo para el saludo–, mi nombre es… (vaciló unos segundos)… me conocen como el Poeta Enmascarado.
–Mucho gusto, Roberto es mi nombre. Le di la mano y me invitó a sentarme sobre un tronco caído ubicado bajo la sombra del árbol, que efectivamente era de mango, por el color de sus hojas y por un pequeño cartel que así lo indicaba.
–Y usted Don Roberto ¿a qué se dedica?, intuyo que usted también escribe…
–Algo así –contesté tímidamente –durante mucho tiempo me dediqué a escribir historias y en un determinado momento de mi vida, dejé de escribirlas para pasar a vivirlas; ahora estoy de regreso; necesito otra vez manchar el papel.
–Lo sabía –dijo el enmascarado, moviendo el dedo índice como lo hacia el genial Chavo del Ocho.
–¿Y qué hay de usted, don…don… por su nombre y su libreta no tengo dudas que usted es…
–¿Arquitecto? - , me interrumpe riendo aparatosamente. Me río con él.
–Efectivamente soy poeta. Intento serlo. Diariamente me entreno con las letras… a veces paso malos momentos pero logro levantarme y sigo intentándolo… (hace una breve pausa) poeta durante el día…Y por las noches descargo mi furia contenida…Busco elevarme con una patada voladora… intento descifrar los misterios del laberinto en una llave doble Nelson…así es mi buen Roberto, soy un luchador… Amo la lucha libre!, resopla feliz mientras se acomoda la máscara.
–Pero dígame, poeta, ¿por qué usa la mascara de día?
–Sufro de un mal muy extraño, que el médico de la asociación de luchadores lo identificó como el mal de las sombras o síndrome de Pittsburgh, relacionado con la idea de que no puedo desprenderme de ella… es más… de hecho, puedo hacerlo, pero necesito tenerla pegada a mí…Prométame algo mi buen amigo, no cuente a nadie como soy, aun si habla con gente de otras latitudes, nunca dé pista alguna de cómo es mi rostro… ¿lo promete?
–Cuente con ello poeta.
El enmascarado investigó los alrededores. Todo seguía igual. Nadie a la vista. Con ambas manos quitó la mascara y la colocó sobre su muslo. Fiel a mi reciente promesa, jamás contaré nada de lo que vi. Sólo puedo decir que noté en él cierto cambio, digamos… corporal. En otras palabras, estaba en presencia de alguien igual a mí, pero con unos brazos…así!
–Y así de cosas –dijo, mientras hacía sonar sus nudillos.
Admito que tomé confianza y sentí sincera curiosidad por su vida, así que improvisé un pequeño cuestionario.
–¿Cómo empezó esto de la lucha… la poesía… qué fue primero?
–No importa la razón porque te fuiste… no importa la razón por que te amé… Así comenzaba un bolero bien padre que cantaba Félix Nebbia.
Esa respuesta me desorientó, pero el enmascarado prosiguió…
–No sé exactamente qué fue primero; pero tengo dos recuerdos concretos… el primero, de estar peleando en mis comienzos, y mientras arrojaba contra las cuerdas a mi eterno rival “Cirujano Sombrío”, estoy convencido que yo recitaba en voz bien bajita, un extracto de “El Barco Ebrio” de Rimbaud… y el segundo, estar desayunando unos salbutes [N de la R: antojito típico de Yucatán, que consiste en una bolita de maíz, que se le da forma de tortilla a mano, luego se la fríe y lleva pavo asado, cebolla curtida, jitomate y gajos de aguacate], mientras buscaba en el diccionario algunos sinónimos de la palabra tórax para un texto poético y mi mente no hacía otra cosa que visualizar cómo vencería a “El Indio Mapache”, otro peleador muy carismático…
En esos segundos, comprobé que sus ojos estaban brillando distinto y abandonó el “usted” para comenzar a tutearme. Yo todavía no podía hacerlo.
–¿Han cambiado sus sueños, Don poeta?
–Creo que siempre cambian. Todo cambia, todo se mueve. Pero reconozco que tres sueños me persiguen a donde quiera que vaya y hasta que no los materialice, seguirán mis huellas para hacerme loch [N de la R: palabra de origen maya que significa abrazar // tener o sustentar al enfermo]. El enmascarado reconoció mi deseo feroz de saber esos sueños y trató de contenerme.
–Ahorita mismo te lo digo Roberto… ten calma… ahí te va. El primero: ganar el título regional de lucha libre… ¿demasiado obvio? Espera al segundo y verás. Se trata de… editar mi primer libro de poesía… ¿sigo siendo previsible? El tercero y más importante, te dejará boquicerrado y es… conocer a Donald Sutherland.
A esta altura de la situación, me di cuenta que estaba en presencia de algo tan maravilloso como las ruinas de Chichen Itzá y por apresurado tenía miedo de echarlo a perder
–Poeta, amigo poeta, me encantaría y sería un privilegio volver a hablar con usted…lamentablemente debo irme pero créame, gustaría tanto de hacerlo conocer, incluso tener el privilegio de leerlo, preguntarle miles de cosas, cuáles son sus pasatiempos, meternos en algún rompecabezas filosófico, en fin… en todo o casi todo lo que podamos abordar mientras el tiempo nos lo permita…
El poeta interrumpió y dijo –Estuve casado, pero eso fue hace ya tiempo… ahora estoy de novio con Jennifer por Internet… pero tienes razón pampero [N de la R: término utilizado en México para referirse a un argentino]…No concluyamos nuestro primer encuentro diciendo este arroz ya se cosió. Yo también quiero saber de vos… ¿Está bien dicho así?
–Claro que sí, amigo.
–Entonces ya sabes Roberto donde encontrarme. Además, quiero contarte de las bombas yucatecas, de mi pasión por los leones de Yucatán y por supuesto, que me veas pelear, que conozcas mi golpe exquisito… “la gran tanlum”.
Nos incorporamos, realizamos el saludo que yo llamo de tres partes, o sándwich, que es darse la mano, abrazo y volver a darse la mano. Y me fui. Con la certidumbre de tener otra historia para contar.

Tamaña resultó mi sorpresa cuando, una semana más tarde y lamentándome por no disponer de material literario para ilustrar mi nota, se me apareció nuevamente el poeta enmascarado y me hizo entrega de un sobre sin darme tiempo a cruzar una palabra.

LOS POEMAS

A modo de introducción.

Es importante el uso de las máscaras en la lucha libre mexicana. Cuando se hacen apuestas, usualmente se ponen en juego la máscara o la cabellera. El perdedor, en caso de estar enmascarado, debe abandonar su anonimato y revelar su rostro y su nombre verdadero. Otros, en cambio, pierden su cabellera que es cortada en el mismo ring, luego de la pelea. En la lucha libre femenina ocurre lo mismo. Los mechones de pelo cortados y las máscaras arrancadas son exhibidos con orgullo en manos del vencedor.
Hubo casos de luchadores famosos que no lograron superar la pérdida de su anonimato y abandonaron la carrera.


El Burrito de Yucatán

Sí…
él es pequeño
también peludo
mas nunca suave.

Cuando mi boca
por vez primera,
en aquella aciaga noche,
hubo besado la lona
el Burrito cual un ángel
derrochado por el cielo
supo caer a mi espalda
con su talante feroz.

Pude sentir en mi cuerpo
el peso de su desgracia:
nunca negaré el volumen
de su fama peninsular.


El día más triste

                                               a Filigranaz Teca
Triste memoria conservo
luchador de a ras de lona
técnico como el que más
inventor de la patada
bautizada Filomena.

De mi niñez fuiste héroe
de mi pubertad el rey
por eso no he de olvidar
que en la arena del Olimpo
fracasó tu anonimato.

Caíste cual gladiador
frente al Tigreso Rodríguez
Le diste tu nombre al mundo:
Braulio Edgar Sacristán
con entera dignidad.

Por eso cuando te veo
en bares de mala fama
entregado a la bebida
una lágrima humedece
la máscara que ahora llevo
heredada con orgullo
en el nombre de mi padre:
Filigranaz Teca Junior.


Guada La Jara
                                                    a Lupe…
Hembra de rudazo porte
que allá en las arenas chicas
doblegaste a la calaca
le diste con su guadaña
a su negra cabellera.

Ahora técnica y coraje
engalanan tu chicana,
tus llaves y contrallaves
abren y cierran mi mundo,
preludian mi rendición.

Confié mi nombre a tus manos
una silenciosa noche
en la cual me desnudaste
tu prohibida Martinete.

Y hoy, desenmascarado,
dilapido a cuatro vientos:
eres mi esteta del ring.


Datos finales

Arenas chicas: se le llama a los escenarios donde comienza la carrera de los luchadores.
La calaca: nombre dado a la muerte.
La Martinete: patada voladora prohibida.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El Poeta Enmascarado
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