Los amigos trascienden esta vida.

Y los verdaderos poetas la atraviesan y la modifican de modo indeleble.

La hostilidad del mundo que lo habitan fugazmente no puede con ellos, cae vencida ante su luz.

Los poetas de verdad saben y no quieren callar.

Y José Luis nunca se calló, fue un peregrino incansable del lenguaje...un patriarca del idioma que vivirá inmortal en la poesía, en la cual se movía con una naturalidad estremecedora…así como un animal salvaje en su bosque infinito que conoce de memoria y sabe lo que le pertenece.

En sus ojos, en su mirada sabia y valiente, existió una verdad revelada que él quiso transmitir permanentemente, que sembró, solitario y tenaz, en cada uno de nosotros y lo logró.

Él, generoso, fue guía en esos paisajes inabarcables que no pueden expresarse, pero que son más reales que cualquier otro conocido.

Mangieri no fue un turista en este mundo como todos nosotros, fue el anfitrión.

Pocos días después de esta charla grabada en su casa junto a Mario Varela y Lucas Martelli, se fue a Leyenda y por esas cuestiones inasibles quedó como el último registro de su vida.

Lo imagino ahora en la mesa chica del cielo convidando ginebra a sus nuevos amigos, tratando de organizar una revolución con las estrellas, seduciendo a las muertas, -nunca hubo mujer que se le resistiera-, preguntando quién sabe cómo carajo va Huracán en el campeonato y armando una nueva editorial para publicar libros de poemas allá arriba.


                                                    fOia, Buenos Aires, primavera ´08



José Luis Mangieri



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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José Luis Mangieri

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