“Te /estuve/ yo /quemándome/ en/ tu agua” escribe Juan Carlos Bustriazo Ortiz, en forma de crucecita, en el comienzo de uno de sus libros, “Elegías de la piedra que canta”, y pienso que acaso no sea necesario agregar nada más sobre este hombre, ni sobre su poesía; sólo leerla, y dejar que lo raro, lo extraño se instale, inevitable, mientras la boca sonríe, agradecida.
El hombre que, asegura, escribió los dictados de Dios, es ex telegrafista, errante nocturno, amante de la vida y la naturaleza y el poeta de La Pampa.

Juanllanca, Flamenco Bustriz, el Penca o el Piedra Juan, como lo llaman sus amigos, es dueño de una obra poética única, reveladora, fundamental para la literatura argentina y sin embargo casi desconocida. Poesía viva que fue creciendo con el paso del tiempo, como bien señalan las docentes Dora Battistón y Carla Rivara en sus estudios. Una primera etapa (1954-1969), vinculada al cancionero regional caracterizada por el uso de los recursos métricos que le son propios (zambas, milongas); un momento de transición (1969-1970), donde se va alejando del formato canción, y una etapa final, hacia los años ochenta, donde el lenguaje se multiplica en nuevas formas más complejas, más experimentales: “ensusurrándote”, “rinconoso”, “laguniñas”, las palabras se amalgaman en una fusión sorpresiva que gana en musicalidad, en cuerpo.



Juan Carlos Bustriazo Ortiz


Hoy comparte sus días y recuerdos con Chiquita, como la llama él, Lidia Hernández, su actual compañera, y sobrevive gracias a una pensión que le otorgó el gobierno de su provincia. Ella fue quien lo asistió en su recuperación, luego de cinco años de mutismo, tiempo que duró su internación en el hospital psiquiátrico local Lucio Molas y luego de haber estado hospedado en la Asociación de Escritores de La Pampa.

Desde entonces no ha vuelto a escribir. “Se destruyó mi imaginación poética”, dirá él. Tal vez por eso, escucharlo leer, verlo, es una experiencia conmovedora. Hay sorpresa y reencuentro en la lectura, en la palabra evocada.
Su obra poética, aproximadamente ochenta libros, en su mayor parte permanece inédita. Sólo un puñado se ha publicado. Entre ellos Elegías de la piedra que canta (1969), Aura de estilo, (1970), Unca bermeja (1984), Los poemas puelches / Quetrales. Cantos del añorante (1991) y Libro del Ghenpín (2004).



Lamás Médula en La Pampa

Es sábado diez de enero. Acabamos de llegar a Santa Rosa, capital de La Pampa, con Cati Armas, Ama de Llaves y fotógrafa de Lamás Médula. Según nuestros relojes son las seis y media de la mañana, pero la hora local indica cinco y media, diferencia que no tuvimos en cuenta en Buenos Aires. Hora extra que al principio parece favorecernos, pero pronto tornará nuestra estadía más lenta, más elástica. Demasiado temprano para encontrar hospedaje. Y para todo.

Desayunamos en el bar de la Terminal, leemos el diario local La Arena y salimos a caminar, a recorrer las calles de la ciudad, amplias, limpias, deshabitadas.
A poco andar se suma un perro que nos va a acompañar durante todo el recorrido. Cada tanto pasa alguna moto. Un barrendero nos ayuda a orientarnos, nos pregunta de dónde venimos, y a qué.

-¡Ah! -nos dice, sonriendo - ¿van entrevistar al escritor de barbita blanca?- y nos desea suerte.
Encontramos un hotel. El día es largo, nos da tiempo para amigarnos con la tecnología: cámaras, mp3, grabadores. Miramos el mapa, el reloj. Hay tiempo para hacer fotos en la plaza, en la laguna. Hay tiempo para improvisar algún almuerzo.
La temperatura no deja de subir. Pronto el calor pampeano se vuelve protagonista central de nuestras conversaciones.
Finalmente, a la hora convenida, las cinco de la tarde, llegamos al domicilio de Juan Carlos Bustriazo Ortiz.

Bustriazo Ortiz entre sus piedras indígenas, su poesía, el mate y su compañera

La casa es luminosa y fresca. La charla se desliza a la sombra en un jardín lindero a la vereda entre los mates que ceba Lidia y alguna que otra moto empecinada en recorrer esa cuadra. También el viento de la pampa hará lo suyo, nos silbará al oído, se escurrirá por el micrófono.
Bustriazo habla poco. Sus respuestas son breves, como nos anticipara Lidia antes del viaje, pero nos lee mucho, más de lo esperado.
Se apasiona como un niño cuando despliega su colección de piedras indígenas, las que recolectó de pequeño. Nos muestra su preferida. La eleva al sol. La besa. La huele. Y es blanca, filosa, transparente, como la poesía que recita.




”Quién te galopa y galopa quién por el monte resuena qué fugitivo caballo con qué jinete…”


LA ENTREVISTA

Bustriazo Ortiz
“Mi nombre es Juan Carlos Bustriazo, pero como poeta he firmado Ortiz como mi madre: Vicenta Ortiz Ñáñez. Bustriazo es apellido de origen italiano. Significa tres bueyes grandes. Mis padres vinieron de Europa. Yo nací en Santa Rosa, soy santarroseño, un lunes tres de diciembre de 1929. Tengo setenta y nueve diciembres.”

La Pampa
“Yo era oficial ayudante de policía, radiotelegrafista, cuando se usaba el código morse. Mis iniciales eran JCB. Cada tanto nos trasladaban a distintos lugares de la provincia, así que recorrí bastante la pampa. Tuve contacto con mapuches que me tomaron mucho cariño, y yo a ellos. Mapu significa país y che gente. Vivieron acá mismo, hasta que fueron corridos por los huincas, por los blancos, los muy civilizados huincas… Sí, ¡eran muy civilizados y muy humanitarios los huincas...!
Amo la naturaleza. He tenido ocasión de ver paisajes hermosos sobre todo por el oeste de la pampa, lugares desérticos, donde hay indígenas todavía. Ellos se defendieron pero no tenían armas como las del hombre blanco, ese gran ser…”

Sonriente, “con setenta y nueve diciembres”.

La comida y el amor
“Nunca me casé. No he tenido compañera. Amigas y amigos sí. Y una novia, ya fallecida, que no quiso casarse conmigo, se casó con otro muchacho. Se llamaba Rosa Esther Fernández Escobar. Rosita…

Yo era muy enamoradizo. Me gustaban las muchachas y ya me enamoraba. El amor tiene un poder extraordinario. La comida y el amor tienen grandes poderes, sexualmente hablando, ¡tienen poderes extraordinarios! Yo, por ejemplo, cuando estoy por almorzar siempre digo: ¡la comida será sagrada!, y tiemblo…
Ahh!...Y el vino tinto… que es el vino que más me gusta. De vez en cuando aparece en mi almuerzo un vasito con vino tinto y otras veces uno que me parece que es vino pero no, es gaseosa, pero igual es rica. Cuando tomo vino tinto, aunque esté solo, digo: ¡yapai peñi! que significa ¡salud hermano!, en mapuche.
También me gusta mucho la ginebra. La ginebra que viene en porrones, inventada por el finado don Erven Lucas Bols. Otra no.
Otra cosa que para mí tiene mucho valor y todavía no pude recuperar es lo que yo llamo mi tazona. Se la compré a don Francisco Feliciano Marrón Lanas. Esa tazona me persigue y la busco y no hay caso, la tazona no aparece. ¡Mi querida tazona! Pero la perdí. Me la sacaron. Yo sigo esperando que me la devuelvan.”

La obra
“Mi obra poética me la dictó Dios. Me dictó esa obra poema por poema, y yo escribía a máquina, sin ningún error de ortografía. Recuerdo que a mi finada madre, cuando nací, sietemesino, un anciano le dijo que yo iba a ser poeta. Y se fue. Siempre pensé que él era un anciano poeta. Andaba con un rollo de papeles en sus manos.
Cuando estuve internado no podía escribir y desde entonces no pude escribir más. Cuando esa psiquiatra me medicó, se destruyó mi imaginación poética. Me internaron porque habré caído en otro momento de enfermedad. Sí, una vez me corté (muestra las muñecas) pero nada más que esto y estoy vivo todavía…Y quiero vivir, cómo no voy a querer vivir… ¡Claro que quiero vivir!”

Mostrando sus venas y sus manos, esperando su tazona…

Cuentas indias
“Acá están mis piedras indígenas. Deben tener entre seis mil y siete mil años.
Ésta es interesante, hermosa, yo siempre la beso y la huelo, tendrá seis, siete mil años… Siempre pensaba que iba a ser arqueólogo. No pude estudiar pero yo era un arqueólogo y andaba buscando restos arqueológicos. Tenía en la casa de mi madre un museo en mi pieza, centenares de cosas… ¡cómo las extraño!
¡Si las habrán tenido en sus manos los indígenas! ¿Cómo las habrán construido? Con sus manos, con otras piedras con más poder… ¡qué cosa! ¡Quién pudiera ser arqueólogo para escribir sobre esto!... Ésta es la que me llama la atención siempre… Es distinta a las demás, tiene filo, y cierta transparencia que las otras no tienen, son opacas… ¡qué notable! ¡Cómo me gustaría recibirme de arqueólogo y salir con gente amiga a recorrer lugares donde puede haber yacimientos arqueológicos!”

El futuro
“Me gustaría ser recordado como una buena persona, como un anciano de buen corazón.
Pienso vivir ciento un años, si Dios quiere, claro, haciendo quién sabe cuántas cosas ¿no?... Recién estoy pisando los ochenta.”

El saludo final, luego de una tarde de poesía en el corazón de La Pampa.

Y nos despide. Desde la puerta de su casa nos tira besos, dice: “Estoy muy contento de que ustedes hayan venido a esta casa, hasta esta casona...”
Volvemos a pie al hotel, reviviendo los últimos minutos de la entrevista, la calidez de su abrazo, la gentileza de sus palabras bajo un sol que no afloja. Sólo nos queda empacar, comprar algunos recuerdos, despedirnos de Santa Rosa por ahora, aunque juramos volver a visitarlo y llevarle algunos libros. Ya de regreso, en el micro, caemos rendidas. Es tarde. Cati Armas se duerme. Yo pienso en él. Lo imagino soñando, caminando por el campo rodeado de amigos, hundiendo las manos cuidadoso, cavando; feliz, al encontrar nuevos signos, nuevas piedras.


JUAN CARLOS BUSTRIAZO ORTIZ
LOS POEMAS


de Elegías de la piedra que canta (1969)

Tan huesolita que te ibas
tan envidiada de qué sombras la tierra ardía huesolita
la siesta ardía melodiosa tan como ibas tu sonrisa era
una piedra arrobadora y era otra piedra mi costilla
dulcequeamarga solasola cuajada de alta pedrería eran
tus voces tan palomas eran tus manos piedras finas
guitarra tan azuladiosa eras la piedra que acaricia pie-
dra te ibas quién te roba última brisa de la brisa o
flauta mía o leja y rota tan huesolita que te ibas tan
de la gracia mucha y poca si cuando vuelvas ves mis
días oh piedra llena llaga
hermosa!

Te regalé unas cuentas indias
y había un color de aroma hereje tan sobre mí caía el
cielo amarilleaba su piel verde yo sé que labro joya
oscura sólo por vos que me la entiendes porque a vos
te hablo en esta piedra enrumorada de caldenes quién
sino vos me la naciste y en quién sin vos ellas se mece
te di en la tierra qué colores sonorositos magamente
remotas gemas de collares ascuas de piedras de otras
gentes besos de piedras recobradas entre tus manos
vieja fiebre alegría vieja o amoríos de aquella aquel que
están sin frente te regalé gualicheríos piedras de dulces
redondeles

Luego serás cuajada luna
y cuidarás las ovejitas verdes del monte paridoras oh
baladoras sus orillas hasta el confín de sus balidos
luego serás que laguniñas niñaslagunas monteadoras
serás la leche más rocía y serás más más que la luna
serás la luna repetida y repetida hasta mi hueso serás
la flor reventoncita luego serás lo que yo quiera lo que
vos quieras que te pida te apagaré tan mansamente
boca con boca la sonrisa te moleré como quien muele
silvestres bayas maduritas serás más luna que la luna
por machacada
revivida

En mi tazón te traeré músicas
para no verte tan callada flautas pisadas templadoras
bellas guitarras mordereadas en mi tazón de soledades
de uvas sangrosas carne gualda y moliditas qué milongas
arrobadoras y rasgueadas piedra sonriente piedra
mía digo que mía por cantada lejosa vientre de tu
ausencia en estos lados de la patria oh ruidoroso
continente piedra no piedra sí muchacha lo más hermoso
de la piedra lo que nos da tras de la lágrima lo que
nos queda de la piedra su carocito y perdurada en mi
tazón o en mi esqueleto o en su ceniza si es que
canta

de Caja amarilla (1973-1974)

el intenso dice
un adiós el intenso dice una sombra mi amor aterciopelada palaciega en esta tarde regocijante y tristonosa las gentes se ponen máscaras oh mi amor se sacan los rostros se arrancan infantilizados la identidad remota y saltan saltan y no son langostas siquier y tristemente remedan al ancestral sagrado qué estoy diciendo mi amor yo celebrante rojo celebrante amarillo y negro y azul huelo a collón a piedra pintada a sien quemada huelo a corazón ahumado huelo a rodillas blanconas a canillas bermejas mi amor dios quiera que no pienses como yo en esta tarde que huele a tambores colorados a bajo vientre castaño a tobillos simulones a talón pintarrajo mientras la soledad los va comiendo y chilla

de Libro del Ghenpín (1977)

Primera Palabra
Y aquí estoy yo, pensoso y descendiente,
junto a esta luz meralda que se mece,
el juan azul, el carlos marilloso,
espiando aquí, dentrocullá, qué tonto.
Quién me dirá qué-buscas-en-lo-huyente?-,
la-cepa-o-ya-la-borra-de-tu-gente?
Aquí estoy yo, racimo alabancioso.

Fantasmas más, fantasmas menos, duermen.

Tercera Palabra
Dónde errarás, Antonio tan Bustriazo?
Dónde, fatal espectro, Comisario
de Territorios Nacionales? Calmo,
te pienso calmo en tu gran paz, callado,
tu gesto así, de labios apretados.
Y Juan Bautista y su caballodiablo?
Lo buscarás?, se buscarán airados?
Dónde errarás, Miguel Antonio? Parco,
rápido hablar, tu fuerza eran tus manos.
Tu sombra vi, tu bulto oscuronado
en tu momento de morir Bustriazo,
tu nube ya, tu forma de apagado.

Te dejo aquí, errante y capturado
gema o carbón, o flauta o espantajo.

Décima Primera Palabra
Lasqa qarnaL, ardiente peladura
del qorazón, guiñapo de la luna
en menstruacióN, pellejo, arranqadura,
sangrienta faZ, manzana gemebunda,
desgarración, piltrafa sin ventura.
No eches verdoR insano ni no luzqas
qon tu angurriento amoR, ni des ninguna
qría infeliZ al monstruo de esta uva

Décima Quinta Palabra
Antesta vela corta que me queda,
flaca energía de la luz inicua,
esta palabra posterior, postrera,
por áhora u´hoy entresta luna indina
de húmedo vidrio, de quincallería
guachenta y gris. Esta palabra hueca.

Décima Sexta Palabra
Adiós, adiós. Hasta mañana, lengua,
lueguito o no, luegura si me llega,
levántar me, nacerme de la huesa,
la sabanura, almohada, estotra greda
de la que subo taza, vaso o luenga
jarra de Juan. Hasta mañana, lengua!
(Ellos ya están cantando: “cuchillocóoooooo!...)

Décima Séptima Palabra
Renqueante voy bajo esta luz, confuso,
a tu fulgor, ay vino. Yo me acuso
de ir a robarte donde un dios te puso
en el mesón sabido. Yo, que iluso
ando en dolor violeta. Quién dispuso
que pase así? Perdón si yo te uso.
Es mi destino y el telar y el huso:
mi Tejedora Tinta, vino infuso.

Décima Octava Palabra
Rosa-Betuna-de-esta-salidura:-
orujo-infame-cincuentón-cercano-
pantalón griso-rodilloso-mucho-
tan-perturbado-por-la-calle-imbécil-
este-que-fue-linotipista-loco-
de-ira-en-ira-por-la-negra-máquina-
esa-invención-tan-bella-y-peligrosa-
el-corrector-de-pruebas-de-aquel-diario-
aquel-taller-de-horrípilas-ginebras-
tanto-que-hacer-que-herir-esta-palabra-
ni-cien-mil-bocas-bastan-quéyquéntonces?-
Rosa-Betuna:-vuelvo-a-los-comienzos-
al-pieslegüero-que-está-aquí-yacente-
que-ni-es-ni-bosta-entre-el-alcochol-y-el-humo.

Vigésima Primera Palabra
Cómo será la cola de una bruja?
Azafranada, viola, miel, canela,
color durazna, de damasca prieta,
poma escarlata, ciclamor de luna?
Cómo será la cola de una bruja?
Color de espiga, leche, tuna, hoguera,
o de ostra de oro, de sirena intensa?
Cómo será la Cola de una Bruja?
Yo me pregunto, pobre Juanca. Nunca
sabrás del todo, porque te es tiniebla!

Vigésima Cuarta Palabra
Águeda Franco: ahora que estoy preso
que este homicida late consumido,
yace oxidado, occipital, confeso,
occidental, poniente, sol caído,
y parietal, decúbito, poseso
de su fatal, de su hecho renegrido,
lástima, sí, Águeda Franco, de eso
que el hombre llama crimen, de eso he sido
un elegido más, ni pan ni hueso
tengo el roer, y el carcelero, ido
en su pensar, su vuelo, pasa tieso,
talón, talón, borceguí negro, hundido
en lo betún, la sombra, fuerte, ileso,
Águeda Franco: bésote, sentido.

(Cárcel de Encausados de Santa Rosa, 24 de marzo)
Esquela endecasílaba para Águeda Franco, tierna muchacha de General Pico, escribidora de floridas cartas y de bellos poemas pintados

Vigésima Séptima Palabra
Yo les pregunto y a las gentes duchas
qué es esta música que se me bifurca?
Valse, ranchera, polca, si es mazurca,
minué del ángel, chotis de la bruja?
Esta feliz sonorería oriunda
del corazón, de la pasión nocturna,
la rara avis que me canta y turba,
me amasa nuevo, que me descorrupta?
Yo no lo sé. Son hartas las preguntas.
Quid de la sien, la lengua. Me disculpan?



Agradecimientos
A Norma Viñas “La Maga”, por la filmadora y la buena onda
A Ediciones En Danza, por el ejemplar de Herejía Bermeja
A Fabián Vique, por sus lecturas y observaciones
A Fabiana Polinelli, por su cámara de fotos
___________________________________
Las imágenes de Bustriazo Ortiz fueron ilustradas musicalmente
con La Pomeña -el bellísimo tema de Leguizamón y Castilla-,
en versión grabada por Pedro Aznar, Lito Vitale y Suna Rocha
en el disco Cuerpo y Alma, de 1998.






 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fotos: Cati Armas
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