La extensa obra de Martín Adán, seudónimo
de Rafael de la Fuente Benavides (1908-1985), supone un desafío
para la literatura no sólo por sus significados, sino también
por su inusual transmisión édita e inédita; ya
que esta, no sólo se inscribe en su obra publicada, sino que
el poeta produce una basta obra no publicada, sobre la cual vuelve incansablemente
con el fin de reelaborarla. Todos estos materiales podemos encontrarlos
en La Colección Martín Adán de La Pontificia Universidad
Católica del Perú, donada por Juan Mejía Baca en
mayo de 1986. Esta colección es depositaria de innumerables manuscritos:
apuntes de cursos universitarios, libretas y hojas sueltas con rastros
de la intención de construcción literaria, listas de palabras
y frases, cuadernillos de ejercicios gramaticales; y, principalmente,
libretas y hojas a mano del autor de poemas editados arbitrariamente
por su editor sin un orden preciso, además de numerosos poemas
sin editar.
Es en este sentido, que gran parte de su producción poética,
editada como ahora la conocemos, no fue decidida por el propio poeta;
ya que este, como ya es conocido, era un celoso corrector de sus textos,
los cuales podían quedar por años olvidados para luego
retomarlos e incluirlos en otros proyectos poéticos más
ambiciosos. Además de esto, muchas veces sucedió que los
textos escritos por Martín Adán, sistemáticamente
recolectados por su editor y amigo entrañable Juan Mejía
Vaca, fueron recopilados y convertidos en poemarios sin ser necesariamente
idea explícita del autor de los poemas. Así, Martín
Adán a través de poemas sueltos crea proyectos poéticos
inconclusos y fragmentados unos del otro y su editor es quien crea los
poemarios correspondientes al verse inundado del caudal creativo de
este poeta. Un claro ejemplo es el cuerpo poético que conforma
Travesía de extramares. Sobre este tema podemos ver el notable
trabajo realizado por Luis Vargas Durand titulado Hacia la edición
crítica de un texto moderno: travesía de extremares de
Martín Adán, publicado en la revista Lexis, en 1950 por
el Ministerio de Educación, como parte del Premio de Fomento
de la Cultura que Martín Adán obtuvo en 1946.
Este poemario se formó en el lapso de veinte años (1932
– 1950) en los cuales se concibieron varios cuerpos poéticos
distintos, en el que solo uno se había proyectado como Travesía
de extramares (sonetos a Chopin), porque este poemario, dividido en
tres secciones, nos presenta tres épocas distintas de creación,
que obedecen a otros tipos de proyectos, cada uno en fechas totalmente
diferentes: en 1931 aparecen publicados tres sonetos a Alberto Ureta
en La revista Semanal, luego entre 1938 y 1942 ocho sonetos a la Rosa
denominados Ripresas, y finalmente 35 sonetos que aluden al tema musical
y náutico, dedicados a Chopin, que aparecen entre 1945 y 1950.
La elaboración de este poemario es útil para nuestros
fines y creemos pertinente mencionar las circunstancias en que se dieron,
ya que puede darnos claras muestras de cómo es que se va concibiendo
su proyecto poético y cómo se vuelve una constante en
las publicaciones posteriores de Martín Adán: el poemario
propiamente dicho Travesía de extramares es concebido gracias
a que Fernando Tóvar le pide a quien por entonces mecanografiaba
los sonetos y la correspondencia del poeta, que le envíe “todos
lo sonetos que le dé Martín Adán”, enfatizando
que no le dijera nada a este. Es así, que Travesía de
extamares es enviado al concurso de premio nacional de poesía
en el cual queda ganador por elección unánime. Al momento
de ser publicado este poemario a manera de introducción se nos
advierte que “para su más correcta publicación,
se ha solicitado el consejo y la colaboración de quienes, en
una forma u otra habrían de contribuir a dar a este libro el
mejor sentido poético y la mayor categoría literaria y
textual”, y se agradece la colaboración del Dr. Manuel
Beltroy no solo por su “gentileza de corregir las pruebas y revisar
el texto, sino de sugerir que se agregasen –como se ha hecho –
los sonetos que, según su testimonio, corresponden por espíritu
y cronología al conjunto de poemas del texto original; y que
se omitiesen –como también se ha hecho –gran número
de epígrafes que, en series orgánicas, se hallaban en
ese texto, en razón de que la materia epigráfica es de
por si extraña a la propia obra”.
Es claro, entonces, a través de este texto, cómo es que
se ha prescindido claramente de la voluntad del propio autor de estos
tres cuerpos poéticos antes ya mencionados y cómo es que
Adán, tal vez por circunstancias externas, ve pasivamente cómo
se va articulando su obra al momento de ser publicada por personas ajenas
a su quehacer poético.
De esta manera la obra de Martín Adán
representa un trabajo poético nunca acabado, nunca satisfecho
y en cierto sentido interminable. Cuyas publicaciones no representan
la voluntad definitiva del autor; sino, la buena voluntad de su editor,
Juan Mejía Vaca, y sus amigos más cercanos, para hacer
conocer su obra poética, y que gracias a ello se ha convertido
en uno de los más importantes poetas peruanos e hispanoamericanos.
Por este motivo su obra poética no sólo
abarca los poemas dispersos de su juventud, Itinerario de primavera
(1927 – 1932), La campana Catalina (1936), Fragmentos del Aloysius
Acker, su ciclo de Sonetos a la rosa y a Chopin en Travesía de
extramares (1929 – 1946) hasta volver al verso libre en sus poemarios
Escrito a ciegas (1961), La mano desasida (1964) y La piedra absoluta
(1965), para regresar nuevamente al soneto en Mi Darío (1966
– 1967) y Diario de poeta (1966 – 1973); sino también,
textos poéticos que se conservan en periódicos, revistas,
papeles mecanografiados, servilletas y libretas escritas a mano por
el propio autor.
Esta basta creación es sin duda indispensable
conocerla en su totalidad para que el lector o el investigador posean
las herramientas necesarias para comprender en toda su dimensión
el mundo poético inacabado de Martín Adán.
Gira
a noventa kilómetros por hora
en el espejo de la mañana atrasada
las vaquitas de ojos de viento y el tul morado
de usted señora no me convence los ojos
una chimenea anarquista arenga a los campos campesinos
la humarada prende un lenin bastante sincero
un camino marxista sindica a los chopos
y usted señora con su tul morado condal absurda
los campos abren la boca como una O
el teléfono de una sirena urge al destino
las vaquitas de ojos de ileana leen el diario de la mañana
y usted señora con su tul morado no sé qué me parece
la estación comisaria va a detener a usted señora
y va a fusilar en usted a la gran duquesa anastasia
y sería una pena que se nos frustara la gira
ahora que el hotel nos guiña todas sus ventanas
y usted señora con su tul morado sin pasaporte
El sol
El sol brincó en el árbol.
Después, todo fue pájaros.
Lejos, caía lluvia
del cielo de tus manos
-un cielo pequeñito,
lívido, solitario-.
Hora el cielo es distancia,
ceguedad, aletazo...
El sol tiene en el árbol
inquietudes de pájaro.
Itinerario de primavera
La Mano Desasida (Fragmento)
Gentileza de la revista peruana Fómix
dirigida por Renato Sandoval
LA MANO DESASIDA
Canto a Machu Picchu, 1964
Si no eres nada sino en mí mi sima,
Si no eres nada sino mi peligro,
Si no eres nada allá sino mi paso,
Que vengan todos, con su hedor y siglo
¡Que venga el extranjero que me extraña!
¡Que venga el mal hallado!
¡Que baje el buey subido desde arriba
El del belfo verde, desde humano vacío!
Y que ronca y remira porque nace
De vientre ajeno, que jamás es mío.
¡Aquí estoy muriéndome!
¡Así es toda vida!
¡De buey que rumia y que remira
Y de yo que agoniza, que agonizo!
Tú no eres bello porque no soy bello,
Yo Mismo. Eres apenas profundo estar arriba
De todo un vuelo interminable
Y que bate todavía.
Eres el ala que voló.
Cuando tú mueras, morirá el Hongo
Y morirá el Aire. Y morirá el Día.
¡Pero será la Noche, el otro tiempo
De vivir la vida!
¿Y cuándo volveré a donde nunca estuve?
¿En transporte de orgasmo y alegría?
¿Cuándo será mi ser? ¿Cuándo mi mano
Ha de asir su ventura fortuita?
Pero tú, Machu Picchu,
Te yergues sobre mi, porque vacilas.
Ante esta roca, que te está mirando
Y que te ve;
Y que te ve, tremenda por un solo ojo
De mil pies;
Ante esta roca, huir es imposible
Y hay que desnacer y renacer.
Porque ser es necesario.
No hay otro modo de no ser y renacer.
¿Y si no eres, qué eres, qué serás, qué
dios,
Qué intenso ser
Te arrastrará en su furia?
¿Qué es la inteligencia del no saber?
¿Qué sabes tú de lo que no sabes?
Machu Picchu sabe lo de después.
LA SORPRESA
Todo era exacto bajo el estupor,
Muerte sobre la vida,
Piedra sobre la piedra,
Pero yo estoy al otro lado,
Yo no sé nada de conciencia.
La tristeza es realidad,
Es como el perro o el mendigo en la calle
Es como tú eres una montaña
Y alguna mano de los tantos pares.
Cuando tú mueras, Machu Picchu,
Piedra desigual entre las iguales;
Cuando huya el Hombre;
Cuando huya el Ángel;
Cuando todo sea como que yo pienso,
Por quien me afano entre los afanes,
Algo ha de ser entre golpe y golpe,
Algo de entre la camisa y la carne.
Cuando todo sea verdaderamente
Machu Picchu, tu ven a buscarme.
¡Ser, sólo ser, y siempre ser,
Uno solo ante el Universo!...
¡Lejos del Otro!...
¡Lejos del Tiempo!...
Ser como yo nací
Ser como yo lo siento
Serme sin rosa alguna
Serme eterno...
¡Ah, piedra podrida,
Cómo me estoy muriendo!
Machu Picchu,
Olvido y presencia,
Muerte que murió, y otra vida,
Y mi oración y mi piedra
Simple callar mió ante la cosa,
Y la cosa humana, sobrehumana y cierta.
¡Cierta actitud de Dios,
Ante su naturaleza!
Y el agua por debajo
Y la nube sobre la cabeza.
¡Exactitud sublime!
¡Expresión tremenda!
¡Existir es huir!
¡No eres nada si te quedas!
¡Machu Picchu, si lo discurro, no existes!
¡No es más que mi alma y una piedra,
De río que corre por entre mis pies
Y el cielo sobre mi cabeza
Y mi casa que me hice en mi mundo
Deshabitada hasta de la ausencia!
La alegría, terrible ser de fuera
Que en mí se entra y en mí agoniza,
Desde la vez hasta la vez, desde la voz a la voz
Cubriéndose del llanto con mi cuerpo,
Huyendo de su muerte con mi vida,
Yo la descubrí, tú lo recuerdas,
Desde mi instante a mi día
Desde mi tiempo a mi encierro,
Estante apenas a tu cara lítica,
Como el judío que llora en la parábola,
Me topa viva,
Desterrada de todo, ahí incrustada,
Victoria desalada y vencida.
¡Ay, Machu Picchu, el de la lección,
De la Desesperación y su delicia!
Poesía es esto,
Lo que eres en mi verdad y desatino:
Dar el cuerpo a un alma
Dar forma a lo infinito,
Dar una hora al tiempo y al grito,
Y por debajo
Irse con el gordo río
A no sé dónde,
Acaso al precipicio.
Sí, primero fue el Tacto
La Sabiduría era después.
¿Pero qué es eso,
El palpar y el saber?
¿Dónde me sé, Machu Picchu?
¿Cuándo?... ¿Por qué?...
¿Cómo me muero, Tú, para vivirte?
¿Dónde agarro para mi querer?
¿Cuándo yo dé con mi deseo
Me huí el cuerpo y espina en la sien?
¿Por qué lloro, a tu piedra pegado,
Como si acabara de nacer?
¡Ay, piedra exacta y maldita,
Echa, por fin, tu agua de miel!
Yo te era necesario, Dios Mío,
Por eso me creaste,
Y me creaste después de la piedra,
Y antes de las necesidades.
Todo lo que es vano y superfluo
Va en tu soplo a tus moldes infernales
Y por esto estoy entre tus rocas
Labradas por mis manos y tus ángeles.
Mi deidad es como yo,
Perecedera, miserable...
Va preguntando y va errando
Por entre el hueso y la sangre,
Por entre el deslumbramiento y el desengaño
Por entre el volumen y la imagen
Por entre el llanto y el espejo
Por entre lo que agarra y lo que sabe;
Por entre el tiempo y la memoria,
Por entre la luz y el ave.
Todo era entonces como es ahora:
Todo era cielo,
Todo era un no ver, todo de imagen
Echada por exceso.
Pero tú estabas, material,
Sensible, imperfecto.
¿Qué eres tú, Machu Picchu,
Almohada de entresueño?...
¿Yo Mismo,
Si me acuerdo y no me acuerdo?
Era caudal de piedra,
Detenido.
Toda madre verdaderamente natural
Quiere contener el otro río.
La flor se puso verde de terror y de tierra
Y dejó pasar a cualquier gringo.
Y yo no soy y no seré nunca
Sino apenas un curso y mi sitio.
¡Sálvame, sálvame Machu Picchu!
¡Sálvame, y no te huyas de mi peligro!
¡Ah, sí, Dios vive todavía!
LA PRESENCIA
¿Qué es la presencia, Machu Picchu?
¿Eres la roca o el aluvión?
¿Eres el tejado o el gato?
¿Eres mi cuerpo o mi amor?
Cuando yo baje por tu madre sabida,
¿Quién seré yo?
Sí, todo era como entonces,
Todavía antes del principio
Eran roca y ser, de donde aún nace
Y sangra el deliberado sacrificio.
Todo eres
Como el labio del recién nacido,
Desdentado o como el del viejo
De la parábola del cigarrillo.
¿Cuándo y cómo eres humano,
Yo el solo humano, y tú humano y mío?
¿Y qué diré si la palabra
Que pesa y pasa tan poco como tu equilibrio?
¿Qué diré sobre tu edad?
¿Qué diré sobre tu río?
¿Qué diré de la indiecita adolescente
Que se baña en chorro, planta de alarde sin sentido,
Desnudez sin amor y sin odio,
Exacto y superfluo y hediondo y oscuro río?
Pero tú estás, piedra de cerco
De todo, límite enorme y exiguo,
Palabra precisa,
La que yo rehuyo y persigo,
Celestía, concreta, duro abatimiento,
Signo...
Carne fétida que dice que es la vida,
Y la vida eres tú, piedra sucia e inodora
Y en tu modo de mirarme, bruta y lírica;
Piedra humana, tremendamente humana,
Toda de terror y de delicia...
¡Tú que bajas del piso quincuagésimo,
Tú, par de ojos de estupor y malicia,
Tú que traes en el maletín,
Tu muerte y tu vida
Y tu imagen y tu Kodak,
Y tu verdad y tu mentira!...
¡Tú, manera de ser ante lo eterno,
Fotograbado y melancolía,
Y enterarme de aquello de que dudo,
Y seguir adelante con el guía!...
¿Cuándo, Machu Picchu, cuándo
Montaña, llegaré a la orilla?
Pero cuando tu mueras, Machu Picchu,
Dónde me iré, con qué iré, con mi sonrisa
Y con mi carne y con mi hueso y con mi casa
Y con mi herejía,
Y con mi traducir lo del latín gorrión,
Y con mi misa,
Y con no sé qué porque me llegó tarde el ser
Al no ser la hora
Al caerse de abajo la vida.
¡Y este no ser nada sino hablar ante el verso!...
¡Y este temblar ante Dios que es la vida!
¡Y este mirarte y muerte, Piedra
De allá arriba!...
¡Este sentirse uno Dios ante la propia conciencia
Y ante la propia herejía!...
¡Este haberte hecho un humano como yo,
Que no era el profeta de la Biblia,
Ni el hombre de las Nieves,
Ni el Gorila!...
¡Este tu ser a mi medida humana,
Sin suelo, sin habitantes y con sola tu agonía!
¡Ay, Machu Picchu, cómo me matas y me vives!
¡Cómo me cae tu inmóvil piedra, como me cae mi eterna
vida!
Todo es la verdad si no es la historia.
Todo es la vida si es la vida,
Y así es mi verdad, mi vida.
Tú eres sólo la forma sobre el abismo,
Y así será siempre mi sabiduría,
La de la Academia,
La de la Antología,
La del que vive porque está muriendo y escribiendo
Para su propia policía,
Y se entretiene,
En su agonía,
Estimando y describiendo,
Riéndose porque ya no acierta a llorar,
La maravilla.
¡Desolación, madre mía,
Dame tu firmeza!
¡Que mi pie pise en el nervio que vibra quebrado!
¡Que mi mano palpe en piel que pela!
¡Que yo baje desde el éxtasis de espanto y dios,
A mi carne, a mi hueso, a mi enervada idea!
¡Déjame bañarme con la india desnuda,
Dónde sólo alguna agua me vea!
¡Déjame asirme a agua irrita,
Adonde mi meandro inmaterial me lleva!
¡Déjame con la imagen,
Déjame, deja!
¡Déjame ser la montaña de sueño,
Infinitud incompleta!
¡Déjame ser sin despertar!
¡Que lo que soy, si soy, sea vida entera, eterna!
¡Tú, Realidad, que me pariste ahora para ahora,
Déjame rodar y morir por la ladera!