Esta es la historia de un revolucionario. La historia
de un artista nacido en un barrio pobre de Montevideo. Mauricio
Rosencof, un hombre enamorado del pueblo y de la libertad,
que pasó trece años de su vida preso, once de ellos en
una cárcel subterránea, incomunicado, en calabozos de
dos metros por uno, a media ración y sin agua.
Un hombre que sufrió golpes y humillaciones, hambre y sed. En
estas condiciones, este poeta, dramaturgo, novelista y periodista –dudando
de que alguna vez alguien pudiera leerlo– escribió en papeles
de armar cigarrillos, versos que salieron de prisión escondidos
en los dobladillos de las camisas sucias, que una vez por mes recogía
su familia.
En este documental radial que Lamás Médula
ofrece en este número, aparecen desde los primeros recuerdos
de este hijo de polacos judíos hasta sus inicios como trabajador
textil y militante estudiantil. Desde la fundación del Partido
Comunista uruguayo hasta la creación del Movimiento de Liberación
Tupamaros.
tapa del disco La Margarita
Mauricio Rosencof
Capítulo 1
Con el libro de poemas La Margarita (musicalizados
luego por Jaime Ross), El gran Tuleque, Las ranas, Memorias del calabozo,
Vincha brava, El bataraz, Las cartas que no llegaron y El barrio era
una fiesta Mauricio Rosencof alternó militancia y literatura.
Mauricio Rosencof
Capítulo 2
”Nos dieron una cantimplora a cada uno,
pero sin agua. La usábamos para mear. Dejábamos enfriar
el orín y las sales se depositaban en el fondo. Como dirían
las cocineras, se deja reposar. Entonces, ya sin ese dejo nauseabundo
que tiene tibio, lo bebíamos a sorbitos, fresco, con placer”.
Mauricio Rosencof-Eleuterio Fernández Huidobro,
Memorias del Calabozo
Mauricio Rosencof
Capítulo 3
POEMAS
De conversaciones con la alpargata
…
La noche
está oscura
y mi corazón tirita.
Sólo
me sostiene
esta esperanza:
puedo.
…
Algún día volveremos
como antaño
a caminar
por las veredas
de la infancia.
Habrá resurrección
en las esquinas
y volverán a ser
nuestras viejas
recordadas cosas.
…
Siento en mis huesos
los huesos
de aquellos
que fueron.
En mí
esqueletos
son,
somos
lo que soy,
soy
los que ayer
fueron.
TE ACORDÁS
¿Te acordás, Ñata,
del Parque Rodó?
La noche rondando
los faroles
silenciosa,
y en un banco
acurrucados
vos y yo
¡Se esfumaron
tantas cosas, Ñata!
Y eso...Eso no.
NEPO
Tenía
un garabato en la cabeza
y el andar tranquilo.
Nos miramos de lejos,
sin poder hablar.
Sólo esa seña de "bien"
que de tanto uso tiene voz.
Bien, hermano, bien, decía
con la muerte en los labios.
Bien, hermano, bien. Adiós