Mariana Rinesi es de Tauro, nació el 5 de abril de 1981, y como unos tantos taurinos que conozco, su persona destella inteligencia y humildad, y además, en sus textos se pueden sentir la fuerza y el brío de un toro que arremete contra las barreras de la convención. La lúcida potencia de su escritura, puesta en el deseo de una auténtica unión divina de los cuerpos, hace que su belleza física sea una luciferina estrella en los cielos de la poesía correntina. No puedo yo leer sus poemas sin tener su imagen presente. Esa imagen de mujer ángel-y-demonio a la vez, pretendida por los románticos; de mujer misteriosa que habla dulce, precisa y suavemente, como sacando las palabras de nuestro oído para hacernos sentir también inteligentes.
Con Mariana compartimos la idea de leer al poeta en los poemas, y escribir especialmente desde la biblioteca caótica de la experiencia, desde esa biografía ineludible en que se cruzan el amor, la fe y la muerte, entre otros elementos que dan sentido a la vida. Y ella, haciéndose eco de la máxima romántica “Vivir sin amor es morir. Morir de amor es vivir”, redefine su relación con el mundo, con los hombres y con Dios, para (in)tentar una idea distinta del amor uniforme, utilitario y asesino. No amor como el mío,/ sin esquemas/ sin comas/ sin acentos/ que fluye como fluyen las lágrimas, dice en su poema En fin, donde también revela un amor de poeta que se estrella como las olas/ contra el acantilado de la razón, un Amor (“A”, prefijo de negación, “Mors”, muerte, en latín) como modo de enfrentar a la muerte y ser por momentos eternos. Ya que ser poeta, es ser conciente de la finitud del cuerpo y hacer todo lo posible por el goce auténtico de éste, en unión con los otros. Y Mariana lo sabe y lo hace. Mariana es la poeta que mayor atención presta y recibe en la vida de estos pagos.

En uno de sus libros, El Mondongo Ataráxico II, tituló una serie de poemas con los nombres de sus novios-amores pasados, y hubo uno que me llamó la atención: decía algo así como que el chico le hacía el amor con los calcetines puestos. Entonces un día, mientras esperábamos en una plaza chaqueña que empiece un recital de Ataque 77, le pregunté si esa referencia aludía (simbólicamente) a algo, a la no entrega completa del amante, o a una especie de profilaxis. No, -me dijo- él simplemente me hacía el amor así. Y sí, así es la vida. Hay acciones fuera de la norma que nos resultan poéticas por inexplicables para la vida acartonada, como esos chicos de Casas, que dejan monedas en las vías del tren para verlas lisas y con un nuevo valor.
Por otra parte, montar a la taurina poesía de Mariana, es sentir las riendas de un yo rebelde que se alza contra Dios; que se enfrenta cara a cara con el máximo poeta, lo desmitifica y humaniza a fuerza de sexo y descreimiento, con preguntas directas: ¿Qué escritura se escribirá con nosotros? / Dios , ¿qué moraleja brotará de nuestra sangre?, y sobre todo, exigiéndole abandono. Ella es un ángel caído en la experiencia del dolor, y busca dolida una respuesta/vida más auténtica para la existencia terrenal.
Aparte de estos temas centrales en su poesía, cuando le preguntamos, en Ida y Vuelta, por otras fuentes de atracción, nos dijo: “Pueden ser la noche, el cigarrillo, el whisky y los libros. Ahora el trasfondo que tienen esos términos, probablemente sea tratar de entender la sociedad y lo que nos pasa, y buscar un significado por debajo de lo que vemos”. Por qué escribís, le preguntamos luego. ¿Por qué?, porque sale, es una angustia que uno siente en un momento dado y el único canal que conozco es sentarme y escribir. ¿Para qué?, para darle una vida a esa canalización, a esa necesidad.

Sus textos son palabras que cicatrizan experiencias amorosas, dolientes y latentes aún en la vital herida de la poesía, que se desangra, embriaga y nutre de nuestros corazones. Ella dedica los poemas de El ombligo de Eva, a los que confían en la palabra y a los que desconfían de ella. Y cierra el libro agradeciendo a quienes ayudan a que las palabras lleguen un poco más lejos. Por esto, y por su belleza y las de sus palabras, gocémosla ahora.

1. Antes de Eva.

Todo se reduce a aquel día en que me acosté con alguien. Como al descuido (estas cosas siempre suceden al descuido: una distracción del alma, estaba pensando en otra cosa).
A veces sucede que una se acuesta con cualquiera (no es que derroche su deseo, tan sólo no es avara) (el tiempo pasa, ya lo decía el poeta y todos los calendarios) (vuelven las golondrinas y nunca fue primavera).
Una se acuesta con cualquiera, ya lo decía: no recuerda su nombre, su perfume, sus gestos.
A quién le importa. Una caricia es una caricia.
Pero aquel día. Como al descuido. (esas cosas siempre suceden por descuido). La tierra comenzó a poblarse. Los pastos se extendieron más allá de mi espalda. Algo alumbró mis cabellos y una fila de hormigas me miró intrigada. Y de pronto se hizo de noche (yo nunca había visto las estrellas) y nacieron los grillos y los primeros ecos del insomnio.
Coger con dios tiene esas complicaciones.
Prendí el primer cigarrillo y murmuré algo, y ese algo fue (como al descuido) poesía.

(de la muestra Fotopoética, y 2º premio del Concurso de la Subsecretaría de Cultura de Corrientes 2005)

Milagro
          “ángeles bellos como cuchillos que se elevan en la noche/ y devastan la            esperanza”
                              Prilutzky Farny

          Doy vueltas en la casa. Me están creciendo, como callos emplumados, las alas. No sé si serán de cuervo o de gaviota. Si servirán para volar o sólo me quebrarán el espinazo.
          Parecen maltrechas. Como si pudiese esperar alguna otra cosa.
          Dios (tú que sabes de estas triquiñuelas), no me vuelvas un ángel, un consolador de los que perdieron la fe (en caso de que existas), una imagen de estampitas, una maestra de jardín de infantes.
          Dios, vuélveme caballo o alcornoque.
          Pero no ángel.
          O hazme llorar sangre como las vírgenes, que no otra cosa vengo llorando hace años.
         O una mujer de sal. Si te sirve.
         Pero no ángel. No estas alas encarnadas que se resisten a dejar su condición de huesos, de piel sudorosa, de pararrayos terrestre.
         Hazme judas, si sirve a tu milagro.
         (yo también lo espero, te espero; llevo años puteando tu discreción y tu avaricia)
         Pero no me hagas ángel.
         Hay tantos pollos con hormonas y los niños buenos nunca llegan a nada. Salvo a maestros y lustrabotas.
          Y no tengo fe. Se derretirá la cera cuando alcance tu diestra.
         Caeré. Es cierto, también ya estoy caída.
         Pero haré ruido, despertaré a los niños, los perros se darán cuenta que soy una intrusa, los gorriones comprenderán que soy una simuladora. Y estaré sola.
         Estoy sola, es cierto.
         Pero no creo en designios, Dios. No me des uno.
         Que esto no sea más que una lumbalgia, la paranoia de la gripe aviar, un tumor benigno.

Abandóname, Dios.
Es que tengo tanto miedo.

Escrituras

Ah, dios, pero nunca dijiste de tu boca
que este infierno acabase.
Y yo que creía en tus silencios:
en tus historias antiguas,
en la destrucción de tus ciudades
(donde al menos encontrabas pecadores
y no mentiras, cuestiones de seguridad, intereses de estado),
en tus padres borrachos,
en tus reyes enloquecidos,
tus hijos pródigos,
en tu pan y tus peces
y toda esa sarta de fábulas.
¿Qué Escritura se escribirá con nosotros?
Dios, ¿qué moraleja brotará de nuestra sangre?
¿Dónde encontrarás la serpiente que expiará nuestras culpas?
Dios, dime que no somos el pueblo elegido
(elige mejor, date otra chance)
Dime que ésta no es la tierra prometida.
No he visto tus ángeles.
(No los traigas)
No quiero más profetas.
(están en la televisión, en las radios,
brotan de los desagües como ratas).
No te quedes callado, Dios.
No hagas de tu palabra
sólo un slogan de trasnoche.

Zoológica I
(o una poesía tónyca, por así decirlo)

Formicar,
es decir, hacerlo como las hormigas:
hasta quedar coloradas por el agotamiento
del calor que nos calcina el cuerpo
y nos hace ir
unas tras otras
en fila
a poblar el mundo

pero antes

a poblarnos nosotras
hasta que no quede un tallo
de este edén abandonado y sin propósito
en que no hayamos hincado el diente
probado la savia
explorado los túneles
que nos crecen por dentro

hasta palpar el mundo
e ir haciéndonos
poco a poco
pequeñas
peligrosas
invisibles

Anoche murió el hombre que amaba
de sida
de contra natura causa
De amor hubiese muerto –y lo hizo por cierto: o de lujuria, placer o
desatino-.
Y yo me tomo el café en la madrugada
pensando en el entierro al que no fui
en las miradas furtivas de amante
         -que sólo yo conocía-
         -y que a él no le importaban-
Pensando en que uno muere instintivamente
    -como come instintivamente-
    -como suda a cuarenta grados de calor, instintivamente-.
Como nace sin su consentimiento
y después acumula cultura libros religiones morales
y luego se rebela
     -pero ya es tarde-.
Pensando en su carne encajonada se enfrió el café entre mis manos.
Se enfriaron mis manos también, y esta cajita de resonancia indiferente
     que tamborilea tras mis costillas.

Indicaciones para mi muerte
A JuanFer, querido por todos

No quiero esa primavera de muerte a mi costado
esa tumba de olvidos aun antes de que me entierren
     el mausoleo compungido
     los pésames de circunstancia
Ni velorio abierto las 24 horas
     donde se compre mi recuerdo
      entre café y café
          para pasar el rato
     Mientras in corpore presente
                        me aterrizan,
                                   como granizos
                                   como parientes
                                                              las moscas.
Si me voy a morir que sea de veras
     con cualquier sol amaneciendo en tu ventana
     con un cd de stravinsky en la compactera
                                 para sentirme un poco más literaria
       sabiendo que
                     después de todo
                                    no somos más que pedazos rotos y poesía.

Mariana Rinesi: 1981, Corrientes. Profesora en Letras. Abogada. Integra “La Nueva Literatura Correntina” (N.L.C.) - grupo de escritores que organizan encuentros culturales con el fin de contactar a los escritores del interior de la provincia con las poéticas de la capital-. Además coordina, junto a Alejandro Mauriño y José Ignacio Oviedo, el Ateneo Omar Khayyam, ciclo de poesía donde los autores dicen sus poemas en vivo. Publicó los siguientes libros de poesía: El Mondongo Ataráxico I (palabras desde el interior de mi mondongo), publicado junto a Nicolás A. Quaranta, Ramiro A. Gauna y Alejandro E. Zvedeñiuk, 2001.El Mondongo Ataráxico II (digestivos para el alma), publicado junto a Nicolás A. Quaranta y Ramiro A. Gauna, 2003. De cuerpo(s) y alma(s), exposición fotopoética itinerante, junto a Matías Benítez Medina, 2005. El ombligo de Eva, 2008. Y el libro de cuentos Lapsus Linguae, publicado junto a Kevin Oviedo y María Eugenia Melzner, 2008. Participó en las siguientes antologías: Ida y Vuelta, antología de la poesía actual de Chaco y Corrientes, y Nuestrario de la Nueva Literatura Correntina, 2007.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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