“Escribo para desahogar el alma, porque para
poder escribir se necesita un estado de transición constante,
dolor y sufrimiento, para poder dejar en un bendito papel lo que muchos
callan por cobardía, o por no animarse”, cuenta Emilia
Hobecker, una joven poeta que, con apenas 20 abriles en su haber, es
dueña de una lírica atrapante y existencialista.
“Trato de explicar, que escribo para hablar (y callar) de todo
aquello que al mundo le está prohibido decir y sentir”,
añade la joven, que, además, reparte su tiempo entre sus
estudios en Seguridad e Higiene y su trabajo como capacitadora en temas
relacionados con su carrera.
Emilia sostiene que comenzó a escribir desde muy pequeña,
sin tener un rasgo literario determinado, ni familiares que habitualmente
se hubieran dedicado a esa tarea.
“Empecé sin saber que lo hacía. Después fui
tomando conciencia de que me brotaba de la nada, y creo, me salía
bien: con un poco de angustia, dolor e ilusiones en mano, plasmaba en
el mínimo e insólito papel que encontraba, la primer palabra
que se me venía a la mente en el momento menos esperado, y de
allí nacían escritos que quizá ni yo podía
creer que nacían de mis manos, no conocía esa habilidad”,
comenta, mientras selecciona los textos que serán publicados
próximamente en lo que será su primer poemario.
Emilia, aprovechando su talento innato para las
letras, comenzó a indagar más en el lenguaje y se adentró
en la literatura. Profundizando en los significados que tienen las palabras,
descubrió lo que ella llama “el mundo inefable de decir
y callar mucho a la vez, todo a través de palabras y silencios”.
En su constante búsqueda, halló grandes maestros que la
ayudaron a encontrar el sello de su estilo de escritura.
“Una de las personas que más me impulsó fue Claudia
Anchareck, quien, además, remarcó los rasgos más
particulares de mis escritos y mi personalidad, como el estilo barroco
y la filosofía existencialista”, agrega.
Es admiradora del psicoanálisis, la poesía de Bécquer,
la filosofía de Nietzsche y la música de Joaquín
Sabina. Define su estilo literario como inexplicable, barroco, abstracto,
complicado, directo, sincero; oscuro pero a la vez transparente.
POLÍTICA
“siempre que hay poder, existen posibilidades de abuso”
Montesquieu
Hasta asusta la propia sombra,
al ver a los hipócritas felices,
a los solidarios tristes;
que de arriba todo sale bien,
pero hay que estar abajo
para poder sentir lo bien
que se puede estar(...)
Y todo es tan sólo sombra.
Es sensato ver la mente
encerrada en Internet,
mientras unos pocos aprenden
a aprehender;
mientras uno, quizás tres,
son galardonados por sabios,
que no hacen mérito a la inteligencia,
porque sacan del bolsillo
el intelecto,
pero a la boca llena de palabrerío
le rinden culto a menudo
y los manotazos de ahogo
son prudentes
cuando la cuidad
se ahoga en necesidad.
Todo es sombra,
no hay luz al terminar
el recorrido.
Todo es sombra,
y todos se hacen sombra
cuando hay algún duro
de por medio.
PASOS CANSADOS
Como el perenne giro
que da mi vida,
alrededor
de tus pasos cansados
Como la verdad
que culmina mi adicción
Como que tu cuerpo
ya no me precisa
Como que tu silencio
me echa al olvido
Como que el viento
no borra mi recuerdo.
AQUEL NIÑO, AQUEL HOMBRE
Quizás suene a poesía barata,
pero no se trata
de pensar con la cabeza lo que es del corazón,
¿Y si es que no alcanza con 1 hora o 2?
¿Y si es que pregunto a tu guitarra con qué se afina mi
corazón?
¿Y si es que preguntas con qué acordes se hizo este amor?,
que se llenó de tiza,
que se cambió de remera para poner una sonrisa,
que no importa la avaricia,
cuando halla una caricia que pueda secar las lágrimas,
las lágrimas que acompañan la pelea,
pelea que culmina en unos besos,
besos que terminan en devorar el alma,
alma que sonríe como canción que es tocada por tus manos,
manos que condenan al cuerpo,
manos que buscan tu piel.
¿Y si es que recuerdo los ojos perdidos que miré en una
vereda con vidriera?
Es que tan sólo puedo ver al niño que despierta a mi lado,
al niño que necesita un abrazo,
un niño que es tan dulce como sus besos,
tan tierno como verlo feliz.
Al hombre que me hace el amor,
de una manera salvaje,
de una manera tersa,
de una manera compleja,
de la manera que me hace amarlo.
¿Y si es que cuesta callarte?
es que entiendo tu terquedad,
comprendo tu maldad benévola
y amo tu soledad inexistente.
Amo aquel niño, aquel hombre,
que con una palabra puede hacer suave al mundo,
el que puede destruirlo todo en segundos.
Amo a esa persona,
que intenta ocultar sus sentimientos,
aunque el papel no sea al pie de la letra,
al que grita cuando tiene ganas de un abrazo,
al que corre cuando muere por un beso,
al que fuma en vez de decir te quiero,
al que cambia unos tragos por unas cuantas palabras
que jamás regresan,
al que le es más fácil robar una lágrima que una
sonrisa.
Amo a ese hombre, a ese niño,
que me baja las estrellas a los pies,
al que no comprende que mi felicidad,
no es más que su cuerpo,
sus noches,
sus besos,
su orgullo…
CUÁNTO RECUERDO
Movedizo el sostén que empuja una brisa;
la pregunta redundante,
confronta inconfesable,
lo desconocido o lo implacable;
el compromiso y la libertad.
El anonimato al cielo recuerda
y al mar, la foto que se planta en despedida
y un dos que deja impronta…
un empirio nombra la frase poco sentida;
y ya el orgullo decae
el rumor burdo
del silencio que te observa.
La fantasía sume al corazón
y la ilusión no sueña
un sueño se duerme
y la memoria no recuerda.
Lo desconocido y lo prohibido
y de frente se sabe auténtica
y la piel se despoja en melancolía
el adiós se perfuma de un quizás
y la lágrima de plástico
se desconcierta al juramento
y la locura es el momento
para no olvidarse.
SIN TÍTULO
Al intentar no perder la inocencia,
se pierde el descuido sin consuelo
y se estrellan,
sin paciencia,
las lágrimas sobre el suelo.
El ruido silencioso del absurdo
se hace cada vez más coherente y
es demente la cordura que sostiene.
Son de a miles los montones de recuerdos
que lastiman y hieren,
aun más la herida,
que indefinida
se nombra única.
Es sensato el sentimiento que no siente,
y es fehaciente
lo que no sucede,
no es reciente
y sucede a cada instante,
se sabe lógica,
con falta de razón.
POR QUÉ ESCRIBIR
Pensar,
en sí escribir,
vale la pena,
pero si no,
cómo desahogar el alma,
cómo aliviar el dolor
y admirar recuerdos
cargar con la culpa;
plasmar en un papel,
en un monitor
Todo,
absolutamente todo
lo que al mundo
no se le está permitido
decir.
Pensar,
en sí escribir,
vale la pena
no es más que seguir escribiendo
y encontrar un nuevo motivo
para no callar
esas ganas mundanas
de no decir
más que en un papel,
o en un monitor
lo que al mundo
no se le permite
sentir.