PATAGONIA SATORI


Entrevista a Ricardo Miguel Costa, consagrado poeta radicado en Neuquén, reciente ganador del II Premio Internacional Macedonio Palomino a obras poéticas publicadas, en México. Docente, director del Instituto de Formación Docente nº 9 de Centenario, una ciudad distante quince kilómetros de Neuquén. Sencillo, humilde y cordial, me recibe en su lugar de trabajo.
Desde hace ya mucho tiempo se puede decir que una vez más la Patagonia ha capturado a un poeta. Artera y seductora, lo dejó acercarse de a poco, quietecita, sin dar muestras de entusiasmo. Pero es justamente esa misma quietud respetuosa la que lo invitó a quedarse…

–¿Cómo fue que viniste a parar por estos pagos, Ricardo?

–Mi viejo es médico y el amigo de toda la vida de mi viejo vivía acá y a principios de los setenta, veníamos a visitarlo, a veces hasta dos o tres veces por año. Vivíamos en Buenos Aires, en la zona sur, y ya desde entonces esta región me atraía. Otro hecho importante que marcó mi vida fue el servicio militar. Yo hice el servicio en la marina en 1977 y 1978, y fue un período que dejó una profunda huella en mi vida, en todos los aspectos, tantos físicos como psicológicos o espirituales. Para colmo, en esa época ocurrió un hecho singular: cuando nos iban a dar la baja, comienza el conflicto con Chile; si hasta entonces había sido difícil de sobrellevar, ahora las cosas empeoraban aún más. En todo el transcurrir de ese proceso me prometí irme de Buenos Aires. Y me fui. Ahora voy únicamente cuando me resulta necesario o por eventos profesionales. No es un lugar que me resulte acogedor, no es el mismo, ya no tengo afectos allí, ya no me reconozco en ese lugar.

“Tanto desde arriba como desde abajo, hombre y pájaro
se demoran contemplando una extensión infinita.
Para el jote el ritual termina cuando descubre el objeto deseado
y su vuelo se inclina para precipitarse sobre la víctima.
En cambio para él todo comienza cuando entiende
que no existe otro objeto deseado
más que los motivos de su propia existencia.”

–¿Y cuándo te instalaste definitivamente en Neuquén?

–En 1982.

–¿Cómo influyó el lugar sobre tu actividad poética?

–Fue una época fundacional, la famosa primavera alfonsinista. Y la Patagonia había sido y seguía siendo un espacio convocante, un lugar de recepción de muchos viajeros. Se decía: “el que no se exilió, se vino a la Patagonia” y era un poco así, por eso vino mucha gente y muchos de ellos estaban relacionados con todas las ramas del arte, y por supuesto, también de la literatura. Era la época del despertar de Nicaragua, se leía a Ernesto Cardenal, se escuchaba la nueva trova cubana, y el ambiente daba como para la efervescencia poética. De repente nos encontrábamos con que no había toque de queda, y uno podía comenzar a soñar con curar las cicatrices del servicio militar.

–¿Cómo te insertaste en todo ese movimiento?

–Escribí sobre lo que viví, lo que experimenté. Toda esa oxigenación resultaba una experiencia incomparable.

–En mi opinión, en las expresiones líricas que surgieron por acá en esa época, predomina un lenguaje hermético, para iniciados, que no está al alcance de sectores populares poco habituados a esas lecturas, ¿compartís la idea?

–Sí, es cierto. El lenguaje vip tiene mucho que ver con la migración interna que pobló la región. Era gente que venía con una preparación muy esmerada y escribían poesía urbana, que no era algo tan usual aquí. Lo mismo pasó con el teatro. Y también hay que decir que no hubo una contrapropuesta a las expresiones en ese lenguaje.

ADRENALINA
Pienso en la mano que dibuja
con un cuchillo a la muerte.
El puño armado no participa
de la atención del autor.
La adrenalina busca a través de sus ojos
los ojos de la víctima, mientras la mano
trabaja una y otra vez sin descuidar
el ritmo.
Ocurre lo mismo con quien abre un poema
sin mirar lo que escribe.
Sólo hunde la mano en la carne de la palabra
para ver.

–¿Cómo fue aquella época fundacional, que te vio crecer en la poesía y que seguramente también te debe mucho?

–Como digo en mi ensayo, se produjeron verdaderos lazos corporativos entre los escritores. Se sucedieron de manera ininterrumpida durante más de dos décadas los Encuentros de Escritores Patagónicos, sumados a la realización de numerosos talleres literarios con altísimo poder de convocatoria. Pensemos que en 1984-1985 Ricardo Fonseca y Alejandro Finzi coordinaron sendos talleres, viéndose ante la necesidad de desdoblarlos en grupos de cuarenta y sesenta asistentes, tan nutrida fue la concurrencia. En la sociedad había una necesidad de ponerse en contacto con las expresiones artísticas, y la literatura era una de ellas. Además, hubo notables emprendimientos editoriales, quizás uno de los más destacadas fue el de la Fundación del Banco Provincia, que dio la posibilidad a muchos escritores, de ver publicadas sus obras. Se realizaban concursos y luego se publicaban las obras que habían merecido premios o menciones. Fue una época de mucha actividad literaria.

–¿Y cómo siguió todo ese movimiento?

–Siguió con “Poesía en trámite”, el nombre con que Ricardo Fonseca bautizó al grupo de escritores que había comenzado a definirse con la participación de poetas locales y otros que venían de Chile, Paraguay y Uruguay, multiprocedencia que fue determinante para definir la personalidad del grupo. Se ofrecieron recitales, espacios de lectura compartidos, dentro de una política abierta tendiente a incorporar nuevos miembros.

–¿Y cómo ves ese panorama hoy?

–Hoy en Neuquén se ha dispersado mucho. El movimiento sigue; sigue habiendo artistas de todas las ramas y también de la literatura; hay una camada de escritores que se mantiene aunque se hayan dispersado. Por otro lado, hay muchas más posibilidades de editar, y hay tanta información que finalmente es imposible acceder a todo lo que está a la mano, lo que finalmente conduce a una desinformación. Igualmente la poesía existió, existe y existirá siempre, y los jóvenes siguen siendo creativos y espontáneos.

–Si tuvo toda esa tradición, como vos decís en tu ensayo, y además toda esa efervescencia de los ochenta y los noventa ¿por qué no arraigó entre la población, por qué no se trabaja en las escuelas?


–Es un fenómeno que no ocurre únicamente aquí; es más, ocurre igual casi siempre en todas partes. Hay un reconocimiento del canon, hay autores que están canonizados, pero eso no significa que mucha gente los haya leído. Los poetas latinoamericanos son excepcionales, y su obra tiene una encarnadura que no se encuentra en poetas europeos. Toda esta historia, todas estas idas y vueltas, toda esta identidad en ciernes, le da a la poesía latinoamericana un perfil muy particular. Pero no implica que sean leídos masivamente. Quizás uno de los mejores ejemplos sea Borges, todo el mundo lo conoce, todo el mundo lo comenta, pero ¿cuánta gente lee realmente su obra?

–¿Cómo ves la poesía patagónica?

–La Patagonia está asentándose aún; los que tienen una trayectoria, la mayoría no son nativos pero sí escriben y configuran una poética patagónica. Hay un campo literario en la Patagonia. Y hay de todo, hay mucha gente que escribe, pero muy pocos lo hacen con un verdadero hallazgo poético.

SEÑALES DE HUMO
Como un disparo de arena cruda al fuego.
Así apaga el silencio.
Amarra la leña muerta a las patas del caballo.
Hace que se espante, que se lleve ese calor
que ha escrito para nada. Mira sobre el desierto
el desparramo que ha dejado la bestia.
Retira todos los papeles. Limpia la mesa.
Tanta mala costumbre que lo abandona
en este frío. Ahora que la noche
viene a escribir tan cerca.
Ahora que huele a quemazón,
A leña herida en algún lado.

–¿A qué le llamás “hallazgo poético”

–A una construcción poética. No tiene que ver con los tropos retóricos, hay poemas de Gelman sin metáforas, bellísimos. Ese decir que deja con un interrogante y admira. Jorge Spíndola, admiro su poética, es poeta porque vive poéticamente, cuando habla de las ciudades flotantes de la Patagonia, “todo es pasado, todo está por suceder” ... así dice. Cosas sencillas, sin rebusques, la línea que aparece y desaparece, bellas imágenes muy sencillas, ese no tiempo que se percibe cuando lo vas leyendo. Cuando surge el tema de la poesía, lean a Blanca Varela, a Olga Orozco, son poetas, todo lo que hacen es poesía, mucho de lo que se escribe no tiene este hallazgo. Igualmente, es preferible que suceda, porque hay más posibilidad de que aparezca el hallazgo y no como nos pasó en la época de la dictadura militar; es preferible que pase, necesitamos recuperar la salud lectora, que los lectores se conviertan en críticos y no en criticones, la lectura tiene que estar ...

SEGUNDO MOVIMIENTO
Permanecía a su lado.
Me inclinaba sobre sus ojos
y leía una escritura completa.
Un código que podía clausurar
las metáforas del asombro.
Pensaba: “nada que perturbe así la calma
debe quedar agobiado por la quietud”.
Entonces buscaba entre tus piernas.
Trabajaba la espesura del ritmo.
Intentaba un bosquejo del deseo.
Al final de la noche, caída la mirada
hacia un lado, decía que había escrito
algo rescatable.
Unas pocas palabras entre lo dicho
y lo que podría decirse.

–¿Considerás que la Escuela tiene que asumir ese rol protagónico en la formación de lectores?

–Sin duda. En Argentina hubo una magnífica educación pública en todos los niveles, superior a las instituciones privadas, y aún sigue siendo así, en la mayoría de los casos, en el ámbito universitario. Hubo una excelente formación de profesionales que a su vez generaron valiosas publicaciones. Esto significa que la educación pública puede dar respuesta a las necesidades de la sociedad. Y el problema de la falta de hábitos de lectura es multicausal y no atañe únicamente a los jóvenes, ¿acaso los adultos tenemos prácticas de lectura sostenida? En el caso de los jóvenes, muchas veces la clave está en dar con el interés de ellos.

OFICIOS II
He profanado el oficio de los anónimos.
He tomado una partícula de la memoria
para edificar una pintura completa.
Allí, en una astilla de átomo, puede verse
sangrar al espíritu.

El arte, para estallar en sí mismo, debería
invadir el alma con una sola y única obra.
Así el hombre podría eternizarse
en una imagen pura de su ser.

No como ahora, sobre esta mesa, donde una mano
sostiene a la frente y, por dentro, el tiempo
arde y es historia.

–Vos estuviste trabajando para el Plan Nacional de Lectura y luego renunciaste: ¿te puedo preguntar por qué?

–Renuncié en diciembre al Plan Nacional de Lectura; venía trabajando en la provincia con Raúl Mansilla y Pablo Betesh, por la recuperación de la cultura escrita, cuando se lanza este plan; ellos presentan la publicación que hace Nación de esos libros cortos, me convocan y presentamos un proyecto; había docentes, un gabinete intercultural, escritores, poetas, nos apadrinaba en el plan la Dra. Ángela di Tullio, reconocida internacionalmente. Se convirtió en expediente pero no fue firmado por el Ejecutivo Provincial, no había una demostración de interés por parte de las autoridades. El plan es nacional, cada jurisdicción adhiere o no. Nación destina fondos cuando la provincia adhiere. El expediente nunca se convirtió en norma legal y nunca se pudo aplicar el plan. Mansilla y yo viajábamos por nuestra cuenta por muchos puntos del interior, pero no se podía hacer, no teníamos fondos. Finalmente renuncié, fue por eso.

RITOS Y COSTUMBRES
La vida cotidiana no derrama
fuego sobre madera.
No arrasa un mundo colmado en llamas.
El fuego del pensamiento no cabe
en la razón de una realidad
quemada por el vacío.
Tus manos cortando los tomates
y el libro de Rimbaud entre los cubiertos,
parecen establecer el ritual
de una fundación mágica.
Tus costumbres y la vida cotidiana
se bastan a sí mismas para arder
en un arte poética.
Ellas conocen la forma del fuego.
Por eso devastan.

–Sos director del IFD Nº 9 de Centenario, Neuquén, ¿cómo ves desde tu función, la problemática de la población estudiantil de los institutos de este tipo?

–En el instituto es difícil, la formación docente está muy difícil. Los niveles educativos están atados con alambre, la población de los Institutos de Formación Docente en Centenario no puede pagarse un viaje a Neuquén para ir a la universidad, éste es el único terciario de la región, no llegan a la carrera por elección, aunque los alumnos luego se comprometen y comienzan a interiorizarse mucho. La cohorte 2009 ya entró con 4 años, es un título de grado el que van a lograr en el nivel terciario. Hay una escuela primaria y una media, y el egresado del siglo XXI no tiene toda esa formación de 30 o 40 años atrás, hay un déficit muy grande, incluso en el lenguaje. Las estadísticas son alarmantes: en los ’70, el léxico de un estudiante común se componía de 2.500 palabras; hoy, es apenas de 300 palabras. Esa pobreza del lenguaje interfiere y tiene que ver con la falta de lectura, es la figura de atado con alambre.

En una encuesta que hicimos en 2002, trabajamos sobre tres preguntas: qué te gustaría ser, qué te gustaría estudiar, qué vas a estudiar; a esta última, la mayoría respondía: policía o maestra.

–Contame sobre ese premio tan importante que has recibido hace muy poco tiempo...

–Lo interesante de este premio es que la institución organizadora* busca evaluar y difundir aquellas obras de autoras/es hispanoamericanas/os publicadas entre los años 2000 y 2008. En mi caso, participé de la convocatoria 2008 con el libro Mundo crudo, Patagonia satori (Ed. Limón, Bs.As. 2005); una obra que configura en el entramado de sus imágenes, un clima poético intenso, donde se amalgaman puntos de contacto en común con la espacialidad patagónica. Y a propósito de ello, me gusta pensar que en la lectura de esa construcción poética, el jurado mexicano pudo compartir ese decir contemplativo que suele despertar el paisaje estepario, desolado y mágico, que encierra el territorio patagónico. Sin duda que, reconocimientos de este tipo, brindan un estímulo muy importante para quien escribe. Quien lo hace, desde la narrativa o desde el lenguaje poético, busca que ese laborioso mundo que construye -pacientemente- mediante la palabra, llegue a las manos del lector y le hable de ese mundo, otro, que sólo es cómplice en el lenguaje de la poesía.

VIDA NÓMADE
Alguien que no permanece quieto en ningún lugar,
que encomienda su espíritu a una vida nómade,
es sospechoso.
Por lo tanto, la forma de decir algo confiable no debería
vagar sobre una voz errante.
Sucede que el límite del lenguaje es una frontera
tragada por temor al silencio.
Entonces yo temo.
Cubro tu cuerpo con el mío.
Cruzo tu boca con mi boca y creo que así
estoy diciendo algo.
Algo que me hace festejar un mundo en tu cuerpo
sin hallar un lugar donde quedarme.

–¿Cómo definirías tu poética?

–No podría asegurar que soy poseedor de una poética definida, ya que me identifico más como escritor de poesía que como "poeta". Desde luego que me he puesto en la piel del poeta en más de una oportunidad, y te aseguro que es una experiencia maravillosa. Pero creo que no está en uno mismo definirse como tal. Ello lo dirá el tiempo (y la propia obra), claro que sí. Pero volviendo a tu pregunta y suponiendo que el registro de mi lenguaje comulgara con una cierta poética, pienso que me inclinaría por la contemplación: por una poética de la contemplación. No para definir nada ni para sentenciar verdades, sino para dar testimonio de mi presencia en el mundo. Observar, poner en tensión los sentidos -fundamentalmente la intuición- y contemplar el devenir del mundo; lo que se muestra en su crudeza y lo que no se muestra, pero que vibra en cada imagen que el alma traduce de esa experiencia. Prestarse por entero a la sensibilidad y darle forma. Por allí debe andar la cosa, ¿no?

Sí, por ahí anda... y esperemos que siga andando por Neuquén, en esta extensa Patagonia, dejando su huella en cada palabra.





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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