CADÁVERES
La contratapa del libro Parque Lezama habla del poeta que lo escribió, Néstor Perlongher, como el “autor de Cadáveres”. En realidad todo poeta es un autor de cadáveres; el poema es letra muerta, cadáver, hasta que un lector lo revive –para que tras su lectura, cerrado el libro, el poema vuelva a ser cadáver, a la espera de otro lector que emprenda la resucitación. Escribir cadáveres, el destino del poeta, tiene en el caso de Perlongher una significación extra: él escribió, además de todos sus cadáveres, dos poemas que llevan por título esa palabra: Cadáveres y El cadáver, el primero publicado en el único número de la mítica “Revista de poesía” y luego incluido en el libro Alambres.
Cadáveres, nunca se ha dicho hasta ahora, es una reescritura del poema Libertad de Paul Eluard, escrito durante la ocupación nazi de Francia. En cada una de sus 22 estrofas de 4 versos, el poeta francés mantiene idéntico el último verso, “escribo tu nombre”. La reescritura del argentino, por su parte, no altera mucho las cosas: decide usar estrofas de 5 versos, aunque no siempre, en las que despliega el mismo recurso que su colega francés: repite un “Hay cadáveres” al final de cada estrofa. A continuación los principios y el final de ambos poemas:

En mis cuadernos de escolar
en mi pupitre en los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre.

En las páginas leídas
en las páginas vírgenes
en la piedra la sangre y las cenizas
escribo tu nombre.

En las imágenes doradas
en las armas del soldado
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.

(…)
Y por el poder de una palabra
vuelvo a comenzar mi vida
yo nací para conocerte
para nombrarte

Libertad

Bajo las matas
En los pajonales

Sobre los puentes
En los canales
Hay Cadáveres

En la trilla de un tren que nunca se detiene
En la estela de un barco que naufraga
En una olilla, que se desvanece
En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
Hay Cadáveres

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay Cadáveres

(…)
..............................................
..............................................
..............................................
..............................................
No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres.

Ambos poemas ofrecen inmediatamente a la vista tres procedimientos formales: primero, la mencionada repetición al final de cada estrofa; segundo, el resto de los versos empieza con preposiciones; tercero, lo que los poemas desarrollan es una extensa enumeración. Eluard propone en su poema que esta abundancia enumerativa indique la totalidad, y confía en que una lista suficientemente larga y abierta pueda sugerirla, de modo que se lea que “tu nombre” se escribe en todo. Perlongher retoma este recurso en su poema para implicar que “hay cadáveres” en todo. Las preposiciones van distribuyendo las posiciones de la libertad o de los cadáveres respecto de cada parte: el poema francés afirma una posición única mediante una preposición invariable, en, mientras el argentino propone posiciones varias y diferentes mediante preposiciones múltiples, aun si predomina también el en. El poema de Perlongher se anima a reflexionar sobre este recurso de Eluard, que repite en sus versos, y esboza una crítica irónica, con una deriva que termina en asociaciones futbolera y citas de Agustín Cuzzani y Ernesto Sábato: “Decir "en" no es una maravilla? / Una pretensión de centramiento? / Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward / muere al amanecer, y descompuesto de / El Túnel”. Tal vez esta resistencia contra el “en” de Eluard, que termina siendo suyo, y se vuelve entonces resistencia contra el “centramiento de lo céntrico” en sus propios versos, lo lleva a una reacción poética. A favorecer la descomposición e incluso la muerte de ese que va adelante, el forward, en su propia escritura. Todo Cadáveres se puede leer en este sentido como un intento por descentrarse de lo céntrico al que lo confina su original, en tanto un gesto paródico está centrado por el modelo que parodia y la parodia es un intento por descentrar ese modelo.


En Libertad el surrealista francés se aleja del surrealismo al menos un par de pasos: para empezar el supuesto domino de lo inconsciente se ve sacudido por un programa intencional de construcción del poema, determinado a diferir hasta el último verso del poema el desvelamiento de ese nombre que se escribe en todo, lo que implica un diseño consciente y una participación de la razón al comando de la escritura; por lo demás, las figuras características de la retórica surrealista están ausentes y se ensaya más bien una escritura llana, en la que proclaman su ausencia los oxímoron, sinestesias, contrastes, y toda la parafernalia filo-onírica que se disfruta en otros surrealistas e incluso en muchos poemas de Eluard. También Cadáveres da uno o dos pasos más allá de la poética perlongheriana. No porque abandone sus principales características, sino porque, por un lado, las contiene de manera más relajada, y por otro se abre a experiencias que no se encuentran en otros de sus poemas. Se podría proponer que mientras parodia a Eluard necesita descentrarlo, mientras que cuando se parodia a sí mismo, si esto fuera persistir en su poética, no quiere descentrarse. Cadáveres, en cambio, busca descentrarse, lo que explicaría por qué es mucho más abierto y variado en la búsqueda de recursos formales que los otros poemas del mismo libro. Unos pocos ejemplos de esta búsqueda diferente: la interrupción de un enunciado en el punto en que no permite predecir su conclusión (“en esa c... que, cómo se escribía? c... de qué?”, o “la novia, que no se casa porque su novio ha ……………..!”). Y acompañando este recurso, o buscando otros efectos, el uso explosivo de los puntos suspensivos, que a veces ocupan varios renglones, como en la última estrofa del poema reproducida más arriba. O la transcripción de algún defecto de pronunciación, como el zezeo (“laz zarigueyaz de dezhechoz”), o el tartamudeo (“dedetener”).

Se podría decir que Cadáveres es el poema más experimental entre los publicados por Perlongher. Para admitirlo es necesaria una previa renuncia: desistir, al leer, de la búsqueda inmediata de significados, y demorarse en lo que todo arte propone: el recorrido de la cuestiones formales. La extensión misma del poema invita a esa demora, si se quiere la presupone. No sólo por la cantidad de versos sino también por la cantidad de variaciones, que tuercen la mera acumulación hacia una aventura de peripecias sorpresivas, para empezar en el ámbito de los relatos, que más que relatados están sugeridos a lo largo de las estrofas: la irrupción, por ejemplo, del Ché Guevara mediante una parodia de la canción de Carlos Puebla (“Aquí se queda la clara, / la entrañable transparencia, / de tu querida presencia, / comandante Ché Guevara”): “En lo preciso de esta ausencia / En lo que raya esa palabra / En su divina presencia / Comandante, en su raya / Hay Cadáveres”. Pero difícilmente quepa llamar relatos a enunciados como este, o el de la muchacha del pasaporte que se suicida tirándose del barco con su bebé, o el la de la mujer del Paraguay dueña de esa pregunta última que provoca una inversión en el poema: “No hay nadie?” “Respuesta: no hay cadáveres”. Digamos que son también una vía de experimentación, en tanto su brevedad no va por el camino de la síntesis, del mini-relato, sino de una propuesta casi adivinatoria lanzada al lector, que, si gusta, puede imaginar algo, o mucho, a partir de estas sugerencias que se entrecruzan (o para decirlo con palabras del poema, a partir de esta estrategia del “soslayo”, de lo “que no conviene que se diga”)…, pero también, y al mismo tiempo, hay una proliferación de paronomasias y aliteraciones y sinécdoques y…, o de palabras desusadas, o mal escritas (“En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la menea de la que se lagarta en esa yedra”), o de palabras que se multiplican en casi todas las estrofas usadas con un doble sentido, uno tomado del diccionario, otro del lenguaje coloquial y la jerga homosexual, o de palabras que parodian a poetas clásicos (Rubén Darío, Bécquer), o de palabras escritas en otros idiomas, de modo que al “sí” se suma un “yes”, y un “oui”, y un “ecco”, o…, la abundancia de quiebres en los versos (“Hay ca- / dáveres”), la irregularidad de la regularidad en las estrofas (seis versos casi siempre, pero a veces siete o cinco o cuatro), la visita ocasional de lo prosaico, la inclusión de voces o diálogos (más propia de lo teatral), el uso consecutivo de interjecciones (“ay”, “uy”, “uau”)…

Libertad, escrito en una época oscura de Francia, bajo la opresiva ocupación nazi, dice que alguien escribe la palabra libertad en todas las cosas. Cadáveres, también escrito en una época nefasta de la Argentina, bajo una dictadura militar y una represión estatal sin ley ni piedad, hace lo mismo y a la vez lo opuesto: dice que “hay cadáveres” en todo y en cada cosa, pero a la vez, en lugar de diferir la aparición de la palabra “cadáveres” hasta el final, la hace proliferar por todo el poema y en todos los ítems enumerados… salvo el último. La superabundancia de cadáveres es escrita en momentos en que el país atraviesa una política de represión que incluye muchos miles de muertos, cuyo estatuto es el de desaparecidos precisamente porque faltan sus cadáveres. Libertad ponía la palabra libertad en cada cosa y en todo, en momentos en que la libertad faltaba; Cadáveres pone cadáveres por doquier en momento en que los cadáveres faltan: hay miles de asesinados pero se ocultan sus cuerpos para esconder la matanza.
Se dice que la estrategia de Eluard con este poema apuntó a eludir al censor, confiando en que aburrido por la enumeración y la apariencia de un enunciado amoroso, aprobara su publicación antes de terminar el poema; como sea, recién el último verso resuelve el suspenso y lo que es intencionalmente omitido a todo lo largo del poema, la libertad, y también falta en la realidad social de su momento, es escrito allí, en la última palabra. Cadáveres, en cambio, provoca a un virtual censor a cada momento del poema llenándolo de cadáveres, para hacerlos desaparecer mediante una suerte de pase mágico en el último verso, que termina diciendo “No hay cadáveres”, fin del poema. Esto propone a la lectura una contradicción difícil –hay cadáveres en todo pero en definitiva no hay cadáveres-, que se podría suponer propia de la realidad e impuesta por la desaparición de personas como política represiva. El lector, tras la insistencia de las ¡cincuenta y pico! de estrofas del poema, queda convencido que hay cadáveres por doquier, pero en el último verso, de pronto, sin ninguna explicación o justificación, debe enterarse que no hay cadáveres. Los intentos de resolver esta contradicción del enunciado suelen salir de él, esto es, explicar y justificar mediante un afuera del poema. Pero dentro de él la omnipresencia del significante cadáver tiene consecuencias. Un recurso poético común de Alambres, libro en donde fue publicado Cadáveres, es la disolución de la identidad del yo mediante la multiplicación de los personajes que asume ese yo en los distintos poemas. En este poema se puede postular la disolución del cuerpo “cadáveres” a través de su multiplicación diseminada. Si en cada cosa, lugar o acontecimiento hay cadáveres, en definitiva, como dice el último verso del poema, el cuerpo “cadáveres” se difumina, y no hay cadáveres. No porque no los haya sino al contrario, porque al faltar un lugar u ocurrencia no cadavéricos en el poema, al no haber una instancia de diferenciación del resto de las cosas del mundo, esto es, un momento sin cadáveres frente al cual los momentos cadavéricos cobren sentido, el cadáver no tiene un valor significativo distinto, diferenciable, y pierde en definitiva su característica cadavérica: es un no-cadáver.

Todas las fantasías, parece decir el poema, que en sus versos tienden a ser fantasías sexuales, generan cadáveres y la realidad toda que se escribe en los versos puede ser leída como un encadenamiento de fantasías. Si en cada fantasía hay un cadáver, pero las fantasías son sólo eso, fantasías, lo real es que no hay cadáveres. Claro, la época de represión y desaparición de cadáveres fuerza a leer en este poema una referencia segura a lo que pasaba afuera, pero ¿cuán segura puede ser la referencia de un poema? Lo seguro es que a medida que pase el tiempo esta referencia se irá debilitando y empezarán otras lecturas que probarán entender los versos sin recurrir a su exterior. Por ejemplo a leer que este poema es entre otras cosas una fábrica de cadáveres, tal como deja leer cada estrofa. Luego, final del poema y si se quiere su moraleja, que aunque cada fantasía genere un cadáver, lo real es que no hay cadáveres, como afirma el poema en su verso terminal. Otra: en algún lugar Perlongher escribe sobre la situación de los homosexuales argentinos durante la dictadura diciendo que ve sus cadáveres por todas partes. ¿Y si Cadáveres no fuera sobre los desaparecidos sino sobre los homosexuales? Esta posibilidad de lectura lo cambia todo y abre a asociaciones del otro tipo, pero la historia dice que, al menos hasta ahora, sólo se puede leer este poema en referencia a los desaparecidos.
También la historia dice que contemporáneamente al poema había un movimiento de resistencia a la represión corporizado en las llamadas “Madres de Plaza de Mayo”, cuya política era pedir que aparezcan los desaparecidos. Ellas, mientras el poema afirmaba que “hay cadáveres” sostenían, si se quiere, la consigna opuesta, que “no hay cadáveres”. La estrategia de las Madres en su lucha eligió un camino insospechado. El jefe del ejecutivo de entonces, el dictador Videla, decía que no se podía hablar de crímenes de la represión porque no había muertos, faltaban los cuerpos que lo demostraran; simplemente había personas cuyo paradero se ignoraba, desaparecidos. Las Madres, en vez de refutar el discurso del gobierno diciendo que sus hijos no eran desaparecidos, que habían sido detenidos y luego torturados y asesinados ilegalmente, toman la definición oficial, desaparecidos, y fuerzan las consecuencias que ella implica: si hay desaparecidos, sus familiares tienen el derecho de peticionar a las autoridades que actúen para que aparezcan. Si hay desaparecidos, que digan dónde están, que los busquen y los encuentren.
El poema de Perlongher se aparta de la política de las Madres, literalmente enuncia la política opuesta: afirma la presencia de los cadáveres, en vez de su ausencia. Una fuerte tentación busca disculpar al poeta para evitarle una contradicción con las Madres y, por ejemplo, lee en los versos lo contrario de lo que dicen: intenta una lectura irónica. O llanamente no lee, no compara su estrategia con la de las Madres. Otra vía elige leer y va por el camino de la literalidad: acepta que la política del poema respecto a los desaparecidos es opuesta a la de las Madres, porque no busca reforzar la desaparición como condición de las víctimas sino su carácter de muertos, de asesinados, y entonces ve cadáveres que lo invaden todo.
Las estrategias de la poesía y de la política no tienen por qué ser iguales. Tal vez el gran poema que cante la política de las Madres, y que puede ser más de uno, todavía no fue escrito, y si fue escrito no es éste.
Una pregunta subsecuente es por qué Cadáveres es el poema más popular de Perlongher. Su éxito en mi opinión tiene por base una operación siniestra para la poesía: la necesidad del público de afirmar a Perlongher negando a Perlongher, de negar el camino ancho de su poética leyendo solamente sus detalles exteriores y fáciles. Es decir, negar la poesía afirmando a su autor en vez de leer el poema en el mismo momento en que se lo elogia y ensalza. Si se quiere la del público es la empresa de negar la poesía de Perlongher afirmando que sus dudosos referentes exteriores, los desaparecidos y la homosexualidad, son el carozo o núcleo valioso de su poética.
Al hacerlo el público tiene razón y se equivoca. Tiene razón en tanto Perlongher desarrolla estos dos aspectos, una política sexual y una política social, pero se equivoca cuando elige ensalzarlo como poeta por estas posiciones sociales y sexuales. En otras palabras: Cadáveres es parte del camino más interesante en la poética perlongheriana, que aúna en este caso sexo, política y sociedad con la compleja construcción de un poema. Pero los éxitos del poema no siempre son éxitos de la poesía, o viceversa. Parte del éxito de Perlongher se debe a que el poema permite que muchos lectores lo dejen de lado como construcción literaria y queden fijados a sus referencias espectaculares: que sumen a las presuntas fantasías sexuales que abundan a lo largo de los versos una fantasía de referencia a los desaparecidos, una tracción política, que hace de Cadáveres un combo estelar, un best-seller para el pequeño público de Perlongher (ppP). En cuanto a la cuestión poética, el ppP que masivamente adhiere al Perlongher de Cadáveres necesita levantar a Perlongher renegando de su Cadáveres, esto es, vivarlo por las referencias más que por los versos, que son los que hicieron de él un nombre diferente para la poesía.


PERLONGHER ANARQUISTA
Leí en varios artículos o ensayos sobre Néstor Perlongher y su obra una insistencia en presentarlo como trotskista, o de proveniencia trotskista. Algunos casos llegan a extremos notables. Un crítico dijo, sin argumentos razonables, que la referencia al cáncer de Evita era “la bandera trotskista de Perlongher”. Incluso llegué a leer que el rechazo perlongheriano a la guerra de las Malvinas se debió, entre otras causas, a su “instinto trotskista” (quién sabe qué querrá decir esto, en especial cuando grupos trotskistas adhirieron a esa guerra). Este repiqueteo sobre las supuestas convicciones políticas de un poeta, este intento de “recuperarlo” desde una ideología, o liquidar el asunto, diversos asuntos, gracias a ella, es una cantinela sospechosa para quienes conocimos a un militante y pensador que estaba en la vereda opuesta de la posición que le adjudican. Para empezar, sospechosa por alterar los hechos de la realidad y tratar de capturar la significación cultural de un escritor para una causa con la que no comulgaba, y aun con la que disentía. O por repetir en los propios escritos lo que otros escribieron como si fuera una verdad, sin constatarlo.
Conocí a Néstor Perlongher en 1980, año en que se publicó su primer libro de poemas, Austria-Hungría y el primer número de la revista XUL. Signo viejo y nuevo. Se forjó a partir de entonces una corriente de simpatía mutua basada en razones literarias –gustábamos de la poesía, y del mismo tipo de poesía-, y afinidades filosóficas, sociales y políticas. No sé si alguna vez Néstor había sido un trotskista convencido, o un simpatizante más o menos próximo o crítico, o un compañero de ruta con ideas divergentes. Al parecer sólo tuvo un contacto esporádico durante su vida estudiantil universitaria, y fue para él una pésima experiencia. Lo cierto es que cuando lo conocí se decía anarquista, y aun sin una pertenencia grupal, era militante del anarquismo en cualquier actividad social que encarara, y artillero de gruesos cañones contra el trotskismo. Su crítica implacable provenía de una convicción más amplia: un rechazo a cualquier vertiente marxista-leninista. No por esa lógica de la pequeña diferencia que clásicamente divide a la llamada izquierda, e incluye cuestiones operativas, tácticas, de sutilezas en un programa o en la interpretación coyuntural, sino por una diferencia mayor, de carácter ideológico, basada en una oposición irreconciliable con una manera de pensar y organizar la política: el autoritarismo de grupos y partidos marxistas-leninistas, que él consideraba más bien propio de la derecha. Incluso criticaba algunos aspectos del pensamiento de Marx, aun coincidiendo con otros: como anarquista que era, su curiosidad intelectual jamás podía ceder a las sumisiones dogmáticas tan comunes en la izquierda, que exigen al militante aceptarlo todo para ser aceptado, sin espacio para disentir.

En el ensayo Néstor Perlongher: Un militante del deseo, Marcelo Manuel Benítez cuenta que Perlongher militó desde el Partido Obrero en el campo estudiantil y fue elegido por sus compañeros de curso delegado ante la Asamblea Estudiantil. “Pero no transcurrió mucho tiempo sin que entrara en contradicción con la dirección del Partido Obrero, que lo aprovechaba por su capacidad de trabajo y sus éxitos como militante, pero miraba con repugnancia su homosexualidad manifiesta. (…) Perlongher quiso que la estructura partidaria aceptara y respetara públicamente su identidad homosexual, y se empeñó de tal modo en su idea que la ruptura se tornó inevitable. Perlongher, entonces, renunció al Partido Obrero, pero no sin dejar constancia escrita de que se alejaba del activismo estudiantil, no por cobardía o comodidad, sino porque el machismo y la mojigatería reinante en el partido eran una contradicción con la meta de cambio social por la que se luchaba.” También cuenta que el Frente de Liberación Homosexual, al fundarse, “tomó como modelo de organización la estructura partidaria típica de la izquierda que se conocía con el nombre de ´centralismo democrático´. El grupo fundador se constituyó como la Dirección de la organización (o sea, el centralismo) y los miembros que se le fueran sumando deberían ajustarse a las directivas del grupo fundador (esto era lo democrático). Naturalmente, la idea funcionó hasta que al año siguiente ingresó Perlongher. Su experiencia en el Partido Obrero le sirvió para que rechazara de inmediato ese proyecto de organización y se pusiera a trabajar con los ingresantes más recientes para, una vez constituido un movimiento firme de oposición, repudiar la autoridad de la Dirección (…). La forma de organización que surgió como alternativa fue la de grupos autónomos y confederados, con pleno acuerdo en unos pocos puntos básicos y total libertad para tomar decisiones y llevarlas a la acción.”
El ensayo de Perlongher contra la guerra de las Malvinas, Todo el poder a Lady Di, publicado bajo el pseudónimo de Victor Bosch en la revista feminista Persona n° 12, dirigida por María Elena Oddone, deja leer la posición perlongheriana con sus propios términos: “En el plano de la retórica política, no deja de ser revelador cómo los opositores multipartidarios -que arrastran también a comunistas, montoneros y trotskistas (en particular el PST-Partido Socialista de los Trabajadores)- se han prestado a la puesta en escena de esta pantomima fatal, llamando no a desertar, sino a llevar aún más lejos una guerra que caracterizan de antiimperialista y que no discute el interés de las poblaciones afectadas, sino los afanes expansionistas de los Estados. La claudicación de las izquierdas ante los delirios patrioteros de la dictadura es ya una constante: […] En el caso del artificioso conflicto de las Malvinas, la argumentación esgrimida para justificar la claudicación ante el patriotismo fascista de la Junta Militar se inspira, vagamente, en la concepción del imperialismo de Lenin, según la cual, en caso de conflicto entre un país atrasado y uno avanzado, debíase defender al primero -como si un amo pobre fuese menos despótico que uno rico. Distinta fue, dentro del marxismo, la posición de Rosa Luxemburgo -quien en su época, negóse a defender la independencia de Polonia para no aliarse a la burguesía nacionalista polaca, contra la que, en 1920, Trotsky lanzaría el Ejército Rojo (ruso), esta vez en nombre del socialismo. El mismo Marx -con una visión no menos estatista- defendería, por su parte, la ocupación de México por los Estados Unidos, considerando que éstos impondrían un capitalismo más moderno. […] sólo un régimen como el argentino, que es, más que una dictadura de clase, una dictadura de Estado, del aparato militar relativamente por encima de las clases, puede cambiar tan abruptamente sus alianzas: pasarse del bando americano al ruso. […] puede leerse un proceso progresivo: cómo la URSS, que detenta hoy el 40% del comercio exterior argentino y construye puertos y represas (suertes de Assuán latinoamericanas) va remplazando, como potencia económicamente dominante, el papel antaño ejercido precisamente por Inglaterra -dependencia activa desplazada luego por el saqueo indiferente de los yanquis. Ello puede explicar el alborozo de la izquierda -especialmente del PC, que hace años pregona un gobierno de coalición cívico-militar- ante lo que ve como un paso más en el proyecto de convertir a la Argentina en una Ukrania del Atlántico. […] La ultraburocratizada y semiclandestina CGT ha donado un día de salario, ya esmirriado, para las tropas. Y hasta la masacrada izquierda, delirante de euforia patriótica, tiene que apoyar esas medidas y otras más radicales. Así, presuntas vanguardias del pueblo, revelan su verdadera criminalidad de servidores del Estado.”
Los párrafos citados borran cualquier duda, cualquier intento de falsificar el pensamiento perlongheriano y sustraerlo para causas como el trotskismo, que él, no sólo no sostenía sino que, al menos desde 1980, y seguramente desde antes, repudiaba con todas sus energías intelectuales, y sin disimulo. Perlongher estaba en contra del Estado; siendo socialista, rechazaba como irrecuperable cualquier instancia que piense al Estado como instrumento de liberación: defendía un socialismo antiestatal. La cita de su ensayo postula desde el principio, además de la oposición Estado-socialismo, una oposición irreconciliable entre el Estado y la población, y toma partido por la segunda en contra del primero, mientras las agrupaciones marxistas-leninistas son filo-estatales. Asimismo, niega la idea leninista del partido como vanguardia del proletariado, una forma organizativa que para él -y lo corroboran las experiencias históricas-, traicionó invariablemente a aquellos a quienes decía representar. Fue un instrumento de acción que se proponía conducir hacia el socialismo, pero en los hechos siempre lo impidió (“Así, presuntas vanguardias del pueblo revelan su verdadera criminalidad de servidores del Estado”). Criticaba el llamado “centralismo democrático”, una expresión cuyo adjetivo intenta engañosamente suavizar o disfrazar la realidad de un sustantivo, el carácter autoritario y manipulador de una pequeña oligarquía dueña de un partido y eventualmente de un país, que conforma un orden cerrado, de recepción y ejecución de mandatos superiores, de subordinación vertical. A la alternativa centralista, contraproponía formas de organización típicas de las prácticas libertarias –no autoritarias, organizadas de abajo arriba, relacionadas en federaciones, de modo que los delegados o representantes llevan a los órganos federativos las resoluciones tomadas por las bases-, como las adoptadas bajo su iniciativa por el FLH: grupos autónomos y confederados, con pleno acuerdo en los puntos básicos, y total libertad para tomar decisiones y llevarlas a la acción. Luego rechazaba enfáticamente la trasposición del centralismo en el partido, al ámbito nacional, que no es otra que la “dictadura del proletariado”, otro nombre engañoso, porque en esos regímenes no es el proletariado el dictador sino el que sufre las dictaduras de las cúpulas partidarias, que expropian a la gente el poder de decidir sobre las cuestiones comunes y lo concentran en sus manos. La dictadura del proletariado necesita la potenciación del Estado, su expansión a todos los ámbitos, el dominio, si fuera posible, de todas las ocurrencias sociales e individuales, para que su dictadura sea más eficiente y abarcativa. En este aspecto al menos, el proceso leninista no es revolucionario sino conservador: no se aparta de los rumbos ya recorridos en la historia, la recurrencia desde muy antiguo a grandes formas dictatoriales de organización social.
Perlongher, intelectual en el sentido más interesante del término –alguien que piensa con independencia de los intereses del Estado y las instituciones, incluso las partidarias-, hace mención en la cita, de un tema terrible, que la mayoría de los supuestos intelectuales locales viene callando o disimulando, a veces en forma cómplice: la defensa que el Partido Comunista Argentino hizo del gobierno de Videla y sucesores, esto es, la defensa comunista de la dictadura militar. El argumento utilizado por la cúpula del partido fue que había que sostener al gobierno argentino de entonces, ante la amenaza de que tomen el poder militares peores. Siempre puede haber algo peor, pero cuando ésto se usa para justificar apoyos a lo muy malo… La estrategia local se insertó en una política más global: la Unión Soviética, de la que el Partido Comunista Argentino dependía y recibía órdenes, era el principal aliado comercial de la Argentina, y como miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas vetaba cada una y todas las iniciativas presentadas por otros países, para condenar al gobierno argentino por sus violaciones a los derechos humanos. En cuanto a los dirigentes del Partido Comunista Argentino, en sus entrevistas a medios periodísticos del exterior, ensayaban defensas de la dictadura militar, argumentando que las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos eran exageradas o llanamente falsas. Toda una historia sobre este apoyo espera a ser escrita, como también una autocrítica de los dirigentes comunistas argentinos, una amplia y pública, hasta ahora nunca pronunciada, y que en el plano institucional, seguramente no será pronunciada jamás, dada la extinción histórica de los partidos comunistas pro-soviéticos. Perlongher denuncia en esos párrafos, sin ambages, la ignominia de esta posición: señala incluso la confesa ambición comunista de asociarse con los militares, pese al genocidio que se estaba cometiendo, a través de su insistente propuesta durante la dictadura: la formación de “un gobierno de coalición cívico-militar” al cual el P.C. pudiera integrarse.
La construcción de un poeta y una obra, que intenta la crítica, siempre es una ficción. En algunos casos, esta ficción llega a ser tan o más interesante que la realidad que ofrecen los escritos; en este caso opera disfrazando a un anarquista de trotskista, lo que no es un signo de ingenio: podrá ser o no una propuesta interesada, pero, además de falsear los hechos, un problema complicado, críticamente no es fácil encontrarla de interés.


Apretá play

por María Fernanda De Broussais

Tengo en un placard fotos, discos de vinilo, cintas de video y de audio, que veo y escucho de forma intermitente.
Heredé la manía de coleccionar y guardar las cosas que me gustan.
Una de ellas son los casetes, por su durabilidad, por lo fácil de copiar, porque me encaminaron a conocer
cosas inesperadas, como declaraciones sorprendentes; a grabar lecciones, registrar momentos familiares, oír canciones populares, recitales underground pirateados, y otros legitimados.
Hace poco encontré unos. Están ahí desde el año 98. Fueron parte de una revista de poesía que ya no existe. Tienen grabadas lecturas de distintos poemas. Quise rescatarlos del encierro, de su cajita, y ponerlos a hablar. Pensé en que, si sobrevivió el casete, también sobrevivirá el poema.
En estos días, un amigo me envió un mensaje para que escuche leer en Lamás Médula, a Oliverio Girondo, el primer polipoeta, y me pareció fascinante oír su voz, la vuelta del surco, la púa.
Hice contacto. Y ofrendé mi casete de Perlongher.




CADÁVERES

Bajo las matas
En los pajonales
Sobre los puentes
En los canales
Hay Cadáveres

En la trilla de un tren que nunca se detiene
En la estela de un barco que naufraga
En una olilla, que se desvanece
En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
Hay Cadáveres

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay Cadáveres
En lo preciso de esta ausencia
En lo que raya esa palabra
En su divina presencia
Comandante, en su raya
Hay Cadáveres

En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja
por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas
En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada
En el garrapiñiero que se empana
En la pana, en la paja, ahí
Hay Cadáveres

Precisamente ahí, y en esa richa
de la que deshilacha, y
en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y
en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso
en la que no se dice que se sepa...
Hay Cadáveres

Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente, al
espejuelo, en la
correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas
arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin
embargo, en esa c... que, cómo se escribía? c. .. de qué?, mas, Con
Todo
Sobretodo
Hay Cadáveres

En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la
menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el
despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un
saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas
pasadas como mejas muertas de las que
Hay Cadáveres

Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano:
en la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente;
en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa
porque su novio ha
…............................!

Hay Cadáveres
En ese golpe bajo, en la bajez
de esa mofleta, en el disfraz
ambiguo de ese buitre, la zeta de
esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad
Hay Cadáveres

Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las
campesinas
agasajan sus fiolos, en los
fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a
escondidas, con la bombacha llena; en la
humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de
los de
Hay Cadáveres

Parece remanido: en la manea
de esos gauchos, en el pelaje de
esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo
de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz
Hay Cadáveres

Ay, en el quejido de esa corista que vendía "estrellas federales"
Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,
Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con
una botella de whisky "Russo" llena de vidrio en los breteles, en ésos,
tan delgados,
Hay Cadáveres

En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere
En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza
las uñas salitrosas, en las mismas
cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan
...indeciso..., que
clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y
en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza
que se derrumba, oui
Hay Cadáveres

Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa
¡bonita profesora!
Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo
de ese incienso;
Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón
atravesado por un aro, enagua, en
Ya
Hay Cadáveres

En eso que empuja
lo que se atraganta,
En eso que traga
lo que emputarra,
En eso que amputa
lo que empala,
En eso que ¡puta!
Hay Cadáveres

Ya no se puede sostener: el mango
de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos,
el rosario
de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava,
la corriente
que sujeta a los juncos el pichido - tin, tin . . . - del son-
ajero, en el gargajo que se esputa...
Hay Cadáveres

En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también
glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición
porque guarda una orla de caca; en el escupitajo
que se estampa como sobre en un pijo,
en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de
la hormiga,
Hay Cadáveres

En la conchita de las pendejas
En el pitín de un gladiador sureño, sueño
En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas
brechas, en el sudario del cliente
que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo,
en el polvo
Hay Cadáveres

En el desierto de los consultorios
En la polvareda de los divanes "inconcientes"
En lo incesante de ese trámite, de ese "proceso" en hospitales
donde el muerto circula, en los pasillos
donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios,
en los huecos
de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos
se travisten de ''hombre drapeado",
laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea)
un paladar, en tornos
Hay Cadáveres
En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de
esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese
bies que ciñe-algo demás-esos corpiños, en el azul Iunado del cabe-
llo, gloriamar, en el chupazo de esa teta que se exprime, en el
recIinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños . ..
Hay Cadáveres

En esas circunstancias, cuando la madre se
lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la
hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que
va "creciente", o
Hay Cadáveres

Ya no se puede enumerar: en la pequeña ''riela" de ceniza
que deja mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por
los haras, eh, harás de cuenta de que no
Hay Cadáveres

Cuando el caballo pisa
los embonchados pólderes,
empenachado se hunde
en los forrajes;
cuando la golondrina, tera tera,
vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola
como una sierpe 'leche de cobra" se
disipa,
los miradores llegan todos a la siguiente
conclusión:
Hay Cadáveres

Cuando los extranjeros, como crápulas, ("se les ha volado la
papisa, y la manotean a dos cuerpos"), cómplices,
arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta,
y ella es devaluada!
Hay Cadáveres
Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano,
ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un
''palo borracho", la estirpe real de una azalea que ha florecido
roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje
la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo
contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y
Hay Cadáveres
Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su-
ceso de su pica, más
atornilla esa clava, cuando "mecha"
en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza
chueca, cuando la va dándola vuelta
para que rase todos.. . los lunares, o
Sitios,
Hay Cadáveres

Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin...
acribilla, acrisola, ángeles miriados' de peces espadas, mirtas
acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del
dedo de un puntapié en las várices, torreja
de ubre, percal crispado, romo clít ...
Hay Cadáveres
En el país donde se yuga el molinero
En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado,
y donde todas las Ocupaciones tienen nombre….
En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon,
la huelen desde lejos, desde antaño
Hay Cadáveres

En la provincia donde no se dice la verdad
En los locales donde no se cuenta una mentira
-Esto no sale de acá-
En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en
la bragueta del que orina-esto no va a parar aquí -, contra los
azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y
Esmeraldas,
Hay Cadáveres

Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,
los caciques le hacen un enema,
le abren el c... para sacarle el chico,
el marido se queda con la nena,
pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada
de un camarín donde...
Hay Cadáveres
Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella
era una oveja hecha rabona, donde la perra
lo cagó, donde la puerca
dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos
almizclados, lo sedujo,
Hay Cadáveres

Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre
un bombachón de muñequera como en
un cáliz borboteante-los retazos
de argolla flotaban en la "Solución Humectante" (método agua por
agua),
ella se lo tenía que contar
Hay Cadáveres

El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,
La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,
La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,
La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados
Hay Cadáveres

La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas
La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una "calada"
El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos
Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de
una Kombi,
Hay Cadáveres

La despeinada, cuyo rodete se ha raído
por culpa de tanto "rayito de sol", tanto "clarito";
La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;
La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;
La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse
para no ver lo que veía:
Hay Cadáveres

La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un
buen punto;
la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien
discreto que no mostrara nada
- y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase -;
la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse
táctilmente en los telares-y daba esa textura acompasada...
lila...
La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres,
las púas
Hay Cadáveres

La que hace años que no ve una pija
La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña)
Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta
donde los
vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le
tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una
profesora…)
Hay Cadáveres

Era ver contra toda evidencia
Era callar contra todo silencio
Era manifestarse contra todo acto
Contra toda lambida era chupar
Hay Cadáveres

Era: "No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan
cuenta"
O: "No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a
pecho"
Acaso: "No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta"
Aún: "Hoy asaltaron a una vaca"
"Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada
...y listo"
Hay Cadáveres

Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello
Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas
Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como
una corbata se avizora, pinche de plata, así
Hay Cadáveres

En el campo
En el campo
En la casa
En la caza
Ahí
Hay Cadáveres

En el decaer de esta escritura
En el borroneo de esas inscripciones
En el difuminar de estas leyendas
En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,
En ese puño elástico,
Hay Cadáveres

Decir "en" no es una maravilla?
Una pretensión de centramiento?
Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward
muere al amanecer, y descompuesto de
El Túnel
Hay Cadáveres

Un área donde principales fosas?
Un loro donde aristas enjauladas?
Un pabellón de lolas pajareras?
Una pepa, trincada, en el cubismo
de superficie frívola...?

Hay Cadáveres
Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste
a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo
curzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los
carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso,
te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a
dedetener, Fernando? Imaginá…
Hay Cadáveres

Estamos hartas de esta reiteración, y llenas
de esta reiteración estamos.
Las damiselas italianas
pierden la tapita del Luis XV en La Boca!
Las ''modelos"-del partido polaco-
no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza!
Cholas baratas y envidiosas - cuya catinga no compite-en Quilmes!
Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda!
Barracas!
Hay Cadáveres

Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es
colimba!
Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
Y la que paya, si callase!
La que bordona, arpona!
Ni a la vitrolera, que es botona!
Ni al lustrabotas, cachafaz!
Ni a la que hace el género "volante"!
NI
Hay Cadáveres

Féretros alegóricos!
Sótanos metafóricos!
Pocillos metonímicos!
Ex-plícito !
Hay Cadáveres

Ejercicios
Campañas
Consorcios
Condominios
Contractus
Hay Cadáveres

Yermos o Luengos
Pozzis o Westerleys
Rouges o Sombras
Tablas o Pliegues
Hay Cadáveres

-Todo esto no viene así nomás
-Por qué no?
-No me digas que los vas a contar
-No te parece?
-Cuándo te recibiste?
-Militaba?
-Hay Cadáveres?

Saliste Sola
Con el Fresquito de la Noche
Cuando te Sorprendieron los Relámpagos
No Llevaste un Saquito
Y
Hay Cadáveres

Se entiende?
Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres

Yo soy aquél que ayer nomás...
Ella es la que...
Veíase el arpa...
En alfombrada sala...
Villegas o
Hay Cadáveres
.....................................
.....................................
.....................................
.....................................
No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres



Mme S.


Riga

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 















 

 

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