Llegó el otoño. Se instaló hace unos días, cuando el destemplado domingo se llevaba a Benedetti. En ese frío del alma y con la flamante venia del Maestro, las preguntas que le hicimos a Ignacio Martínez ampliaron su sentido.
Pedimos disculpas al prolífero escritor y dramaturgo uruguayo, autor de textos que hoy son leyenda, si lo sorprendimos, consultándolo sobre “el devenir y el porvenir”. Sepa entender, Don Ignacio, que en medio de tanto caos, se debiliten las certezas. Y aunque es sabido que las crisis traen cambios, a esta altura es difícil apostar a que sean favorables.
En estas líneas, vaya el homenaje a lo sabio de una época, aquella donde era frecuente consultar a nuestros pensadores sobre el desarrollo de lo social, antes de que esa posta fuera arrebatada por políticos y economistas. Donde el escritor aportaba, (gracias al oficio de pensar y al arte de decir), una mirada más aguda y clara sobre un posible destino colectivo.


 

–Ignacio, ¿Cuál es el sentido de las utopías? (- le pregunto de manera virtual, así que me pierdo el fruncido de cejas y bigote - Puedo imaginarlo pensando “¿Y qué de mi obra?”. Pero no, seguramente no es su ego el que golpea la puerta de la curiosidad. Apostaría que mantiene al ego corto, encauzado. Para este hombre de acción, formado en cien oficios, el ego ha de limitarse a una herramienta de la voluntad.)
–IM: Las utopías nos alientan a caminar, a seguir andando, a soñar, que es una manera de empezar a realizar los sueños. El poeta mira el cielo, que es siempre el pasado de luces que ya no están, pero ve el futuro y sueña con él. Esa es la utopía, la manera más hermosa de volver al futuro.
(Es la respuesta de un idealista. Pero le insisto en uno de los temas que me inquietan).
–¿Y cuáles, dirías, son los nutrientes de las revoluciones truncadas durante el siglo pasado en América? (Se lo pregunto, porque en este pueblo se puso de moda pregonar que “Uruguay no precisaba una revolución, y que los Tupamaros provocaron la dictadura”. Y también, por aquel resabio exitista de creer que “si algo fracasó, no valió la pena”. Lo pienso, sí, pero no se lo digo. Lamás Médula es una revista poética, y ya estoy alterando la propuesta, al zambullir al artista en lo explícito.)
–IM: Para empezar, gracias a ellas tenemos algo para decir y para aprender. El socialismo no ha muerto. Nada puede morir si no ha nacido aún. Creo que los intentos revolucionarios en toda América nos obligan a elaborar nuestras propias teorías revolucionarias, nuestros propios caminos y alianzas, en una práctica permanente de autocrítica y reflexión, sin perder jamás la fraternidad por el otro y el respeto por las ideas que no son nuestras. Se trata de sumar para ser más fuertes que los opresores y que el sistema que los sostiene.
(“Nada puede morir si no ha nacido aún”… es esperanzador…pero entonces, ¿qué serán exactamente estas “fusiones” que de la música pasan a la gastronomía, y ni se priva del engendro la política? De ahí que lo consulto…)
–¿Qué reserva o confianza te confieren la horda de administraciones de izquierda, que mantienen economías planteadas por neoliberales?
–IM: Son salidas que han instrumentado los pueblos ante el fracaso de las opciones políticas del neoliberalismo. El optimismo está en ver a esos gobiernos progresistas como un momento único en América, para avanzar en la construcción de las vías para el Socialismo del siglo XXI, retomando ideas del siglo XIX y experiencias del siglo XX. El peligro es creer que esos gobiernos de izquierda son la máxima alternativa posible y que la estrategia no es el Socialismo sino un capitalismo más humano. La alternativa no es esa, es la de Socialismo o hecatombe.
(Es verdad, puedo reconocer el veneno. El peligro del que habla, ya hizo lo suyo en mí. Pero aún la ponzoña no llegó al corazón y por más camuflaje del capitalismo, con esa tendencia a lo Bill Gates de “filántropos neoliberales” predicando, como líderes de rock en estadios repletos, por la paz de oriente, uno se dice que se “humanizan” para mantener el sistema. Te sacan la cuerda del cuello por un rato. Ahora ¿Qué podemos esperar y qué no del hombre?, es la pregunta. Ya que por más filosofía o mística, a los postres seguimos funcionando como seres de interés. Entonces urge la inquietud y sólo atino a preguntar…)
–¿El idealismo, dificulta una acertada evaluación de las herramientas con las que contamos?



–¿Háblanos del riesgo y la posibilidad de terminar con el pensamiento binario y de vivir en consecuencia?
IM: Tendríamos que definir primero qué entendemos por “pensamiento binario”. La simplificación de la realidad entre blanco o negro, es un riesgo, pero su complejización que impide ver cuáles son las contradicciones principales, también. En lo personal, creo en el pensamiento multidisciplinario y de múltiples opciones, pero que indaga y define la contradicción principal que hace al movimiento.
(Okay, dejemos lo del pensamiento binario. Habría que romper con varias culturas de cuajo, y recién comenzamos a extirparnos los paradigmas más elementales. Pasemos a ese aturdimiento general, que sienta a hombres combativos y de buena fe, a la diestra del demagogo de turno.)
–Según Foucault, la trama de la red de la información es cada día más abigarrada, lo que complica el entendimiento de la realidad. ¿Intuyes confundidos a nuestros artistas e intelectuales, a la hora de adherir a causas desde ecológicas, hasta sociales?
–El arte y los artistas no somos ingenuos ni asépticos que practicamos una suerte de vida ascética, en el limbo atemporal. No. Creo en el arte que se compromete para hacer pensar, conmover, remover, divertir, formar, transformar y crecer. Las adhesiones a causas ecologistas hoy, creo que son revolucionarias. El trabajo social del artista es parte del trabajo con su público. Una vez se acercó un muchacho al Che, preguntándole cómo podía hacer para contribuir con la revolución. ¿Y usted qué es? –preguntó Che. Yo soy escritor –dijo el joven. ¡Ah, yo era médico!
(Valga la metáfora. Se trata de ponerse enteramente al servicio del cambio. Buenos tiempos los del Che. El enemigo y los motivos eran claros. Pero hoy, ¿para dónde rumbear? La complejidad es tal, que adherimos a tremendos errores, convencidos de hacer lo mejor. Nada de esto le digo, porque Ignacio Martínez, tiene el hacer de un hombre de fe, y mi discurso, mal que me pese, es detractor. Nada le digo, pero insisto.)


– “Hoy las derechas proponen revoluciones y las izquierdas, dictaduras”, concluiría, como ejemplo de antagonismo, Ortega y Gasset hace casi ochenta años. ¿Hay alguna línea posible de pensamiento y acción, que en semejante competencia entre lo urgente y lo importante, pueda prever y reparar, sin contradecirse o caer en el desamparo?
–Ese es uno de los desafíos principales: el difícil equilibrio entre lo que quiero hacer, lo que debo hacer, y lo que puedo hacer.
(Es cierto, para desafíos, el siglo XXI.)
–A tu entender, ¿cuál es el enemigo común, en el desarrollo de la armonía entre los hombres?
–Para empezar, preferiría decir “entre las personas” y para seguir, creo que es la construcción del universo ideológico que tiene su lugar en la terrible tergiversación de las religiones, durante los últimos 18 o 19 siglos, que nos ubica fuera del mundo; la preponderancia determinante de la burguesía en los últimos 400 o 500 años, que nos pone en el vértice más alto de la vida y de la cadena animal como una pirámide; y la supremacía del consumo y los bienes materiales de los últimos 100 años, que han opacado los valores espirituales.
(Sí, “personas” es menos chauvinista. Gracias, Ignacio, por cuidar mis intereses de fémina. Bien elegido el enemigo.)
–¿Y los aliados?
–¡Por suerte tenemos memoria! ¡Por suerte nos necesitamos a pesar de los pregoneros del individualismo. Una vez escribí un poema que dice: “A la vida solo/ a la muerte solo/ mientras tanto/ estoy lleno de ustedes.”
(A esta altura se calla mi “pequeño inquisidor ilustrado”, y por aquello de distanciar al hombre, de la naturaleza, colocándolo en una absurda cúspide, es que pregunto…)

–A menudo tus investigaciones rondan los contenidos de las naciones aborígenes. ¿Tenemos chance de educarnos en otro formato de sociedad?
–Creo que sí. Me interesa indagar en la propia estructura de familia de la sociedad actual, occidental y cristiana; en las estructuras sociales del reino animal, y en estructuras sociales nacidas de mis utopías, como la nación Coloriris, donde vive Claridiana, en el mundo subterráneo que queda detrás de una roca en la Barra de Maldonado, y que yo descubrí cuando era niño y plasmé en mi libro “Detrás de la puerta…un mundo”

LOS NIÑOS DE GAZA
Los niños de Gaza
Parece que durmieran
pero no duermen
ni sueñan
ni pueden despertarse.

Están allí,
envueltos
como recién nacidos
pero no nacen.

Parece que miraran
que rieran
que esperaran
pero no miran
no ríen
no esperan.
Sólo pueden morir
y mueren.

Tienen la esperanza de vivir
si no los matan
pero los matan
y aunque parezca que duermen
están muertos.

Ignacio Martínez. Montevideo, 5 de septiembre de 1955. Poeta, dramaturgo y escritor uruguayo. Escribió más de sesenta libros para niños y jóvenes, más de 20 obras teatrales para niños y adultos, y siete libros para adultos. Es redactor responsable de la revista El Tomate Verde; columnista en el semanario El Popular, y miembro de Red Mundial de Escritores en Español (REMES), Poetas del Mundo, e International Writers Association (IWA). www.ignacio-martinez.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Copyrigth © 2009 revistalamasmedula.com.ar.
Todos los derechos reservados.

 

TRAS LA UTOPÍA