Bardeando al público
En la performance en vivo que se desarrolló el último
día de la muestra, el español Ángel Pastor usó
una cinta de embalar sobre una de las salas del Centro Cultural Borges
para, haciendo honor a su apellido, transformar a la gente en un manso
rebaño que siguió sus órdenes hasta quedar apretujada
en una esquinita, en medio de cierto nerviosismo que provocó
bromas, risitas e impaciencia. Sin decir nada más, Pastor agradeció,
y la gente volvió a sus cabales.
Dicho de otro modo: Ángel hizo ver lo entusiasta y cholulo que
puede ser el público. Un artista dice tal cosa, el público
acata. Es un juego, claro. Pero esconde en su interior el significado
de la actitud que tiene el público hacia el artista: obediencia,
sumisión.
Curiosamente, la muestra de Videobardo (organizador del Festival de
Videopoesía) apela a lo contrario, es decir, a que el espectador
no sea una cabeza vacía que observa y aplaude, sino alguien capaz
de reaccionar ante las obras. Se lo provoca. Para que decida quedarse,
o irse. Aplaudir o no. Dormirse o reír.
Al parecer esto no es una acción voluntaria de los organizadores,
sino una consecuencia de la selección de los videos y performances
que desfilaron a lo largo de cinco jornadas. Una selección dispar,
en donde se dio la convivencia de obras que generaban toda clase de
sensaciones, ya sea por lo incomprensibles, por lo anodinas, o por geniales.
El director del Festival, Javier Robledo, hizo también de presentador,
informando acerca de los autores, la procedencia y los detalles del
material seleccionado. Y también aclarando si lo exhibido era
o no videopoesía.
Poem in Memory of Jack Donovan Foley de
Mark Sutherland, Canadá. Gentileza de Videobardo
De los vistos, algunos videos podrían haber participado en un
festival de cortometrajes, por su lenguaje narrativo y cinematográfico.
Otros consistían en experimentaciones algo extremas, asociadas
a conceptos más abstractos y radicales. También se mostraron
pequeñas secuencias filmadas que recuerdan a las primeras tomas
del cine por la mirada fija y contemplativa del director. Y por supuesto,
poesía: tanto visual, como leída.
Ahora bien, y como el mismo Javier se preguntara: “¿Cuál
es el concepto de videopoesía?
En el site oficial del Festival, se dice que “La videopoesía
debe ser definida por los propios artistas, pero la entendemos como
un género audiovisual que realiza un tratamiento especial sobre
la palabra, la letra, el lenguaje, el discurso, lo poético, el
signo, el símbolo.”
Poesía para poner el cuerpo.
La muestra
Más allá de rótulos teóricos, lo que los
propios artistas entregaron consistió en un gran número
de breves obras (entre 1’ y 8’) en donde se expresan, a
través del lenguaje audiovisual, visiones originales y muy personales
del mundo. Durante los 5 días de muestra, se proyectaron más
de cien piezas, de diversas nacionalidades y antigüedad. Cada día
comenzó con una lectura, respectivamente a cargo de Rolando Revagliatti,
Emilio Tallarico, Susana Swarc, Luis Calvo y Cristina Pizarro. Luego,
performances en vivo: la ya mencionada de Pastor, junto a la acción
colorida de Nelda Ramos y Gabriela Alonso y las que realizaron Malgosia
Butterwick, Gabriel Sasiambarrena y Ale Cosin.
Tal vez por tratarse de una muestra internacional y única en
su género, tuvo un carácter algo caótico, diverso
y muy rico en material. Entre mucho de lo que se puede mencionar, la
presentación de Oscar Fishinker es insoslayable, por haber sido
un precursor del videoarte. Su “Optical Poem”, suerte de
coreografía aleatoria de figuras geométricas, habla del
origen de la animación en un lenguaje sorprendentemente actual
por tratarse de un trabajo de hace más de cuarenta años.
Un gran homenaje al alemán que fuera tentado por Walt Disney
para realizar aquel film de dibus llamado “Fantasía”.
Finalmente Disney rechazó la idea de Oscar, por considerarla
demasiado “intelectual” para su compañía.
Un dato interesante es que “Optical poem” comienza con el
rugido del león de la MGM. (Metro Goldwyn Meyer)
Las fotos son gentileza de VideoBardo
En el último día se proyectaron tres videos de Tom Konyves,
con él presente en la sala. Poemas visuales de gran hermosura
y significación, que dejaron al público entre el espasmo
y la admiración. Mientras el autor dialogaba con un interlocutor,
en la pantalla se veían sus obras, plenas de una especial belleza
urbana detectada bajo un ojo observador y crítico.
Llamaron la atención también los videos de Cyberpoem de
Barcelona, un colectivo de artistas que regaló una selección
excelente, con mirada ácida y humorística, que suscitó
risas y aplausos.
P-O-E-S-Í-A / Javier Robledo
Un Aleph en el Borges
La mayor parte de los videopoemas, tienen algo en común, que
paradójicamente es lo que los diferencia. Son visiones subjetivas
de la vida. Al extremo. Casi introspectivas. Eso es lo que hace que
este Festival se convierta en una ventana abierta, una especie de Aleph
( ¿casualidad que las sedes hayan sido justamente la Biblioteca
Nacional y el Centro Cultural Borges?). Donde múltiples miradas
confluyen, haciendo del concepto “diverso” una expresión
real de lo que es el arte, y específicamente el contemporáneo.
Javier Robledo
Está claro que un videopoema puede ser realizado por cualquier
persona, es el registro audiovisual de una porción del pensamiento.
De allí que la multiplicidad de pensamientos arroje multiplicidad
de obras. De allí también que si bien se trata de proyecciones,
el espacio utilizado no sea una sala de cine, sino una galería,
que permite una dinámica en el movimiento del público.
Finalmente, lo que este Festival subraya es que lo artístico,
en este caso la poesía, sigue escapándole a las tendencias
homogéneas y uniformes, a los patrones repetitivos. La irregularidad
y frondosidad de las expresiones son una muestra cabal de que la percepción
poética reconstruye al mundo una y otra vez, para que se diferencie
de sí mismo y evolucione.